Con los ojos en la cara. Tsunami.

Escrito por: Ramiro Cisneros García*

Lo que va a suceder es como si ya hubiera sucedido, dice José Saramago en alguno de los muchos libros que escribió. Hay uno muy interesante no solo por la calidad y el estilo sino por la imaginación vasta, prolija, desbordada y detallada con que narra. El libro se llama, ”Ensayo sobre la lucidez” y trata el tema de una elección en la cual muchos de los sufragantes dejaron las boletas en blanco. Por ese motivo convocaron a nuevas elecciones y los mismos votantes no cruzaron  la boleta quedando esta en blanco de nueva cuenta. El número de boletas en blanco fue el mismo que en la primera elección y entonces los partidos que siempre ganaban con carro completo, dijeron que esa estrategia había sido hecha desde el exterior (pudieran haber sido los venezolanos) para desestabilizar al país. Un complot internacional. Y dijeron,  que se había elegido el color blanco como una clave para la insurrección, de tal manera, que decir el nombre de ese color no solo era peligroso sino sospechoso de alta traición a la patria y a las instituciones. Quien lo utilizara debía ser un posible enemigo de la patria. Total, se prohibió terminantemente el uso por cualquier motivo de la palabra, blanco, blancura y sus derivados. Así en lugar de decir “blanco” podías decir, del color de la leche o buscar otras alternativas. Ya sabemos lo que es la imaginación cuando despierta. Fue desterrado el uso de esa palabra hasta nuevo aviso porque estaba en riesgo la seguridad del país. Ya no les platico más porque entonces el asunto no tiene chiste ni razón de ser. Léanlo si desean saber que sigue. Seguro les va a gustar.

En todos los países hay situaciones que son incontenibles, impostergables y que no se pueden prorrogar porque de mantenerse como están y como han estado, se correría el riesgo de un desbordamiento social como ha sucedido en toda la historia de la humanidad. Afortunadamente, México es un país democrático y ahora, la población en general ha mostrado que es adulta pero que además está cansada y harta de no verse ni sentirse ni saberse representada con seriedad por aquellos que fueron elegidos para velar por sus intereses. No sucedió, “rezaron solo para su santo”.

A unos pocos días de la elección, es oportuno, amerita, una seria y profunda reflexión y análisis apegado a la realidad de lo que han sido los partidos y los políticos en general pero sin ánimo de hacer leña. También deberán hacer una autocrítica honesta con base en la realidad. En síntesis, hartaron y cansaron a la población porque nunca encontraron una respuesta  seria a sus demandas y porque siempre llevaron agua a su molino y querían llevar más. Los grandes, los medianos y los chicos se atragantaron y abusaron de la paciencia de la gente. Al fin y al cabo los despreciaron por ignorantes y por indolentes. Se voltió el chirrión por el palito. Toda esta historia, se gestó en silencio como aquel cuento que se llama, “La muerte Tiene permiso” que escribió Edmundo Valadez. O como aquello que dice, ¿Quién mató al comendador ¿ “Fuenteovejuna señor”. El pueblo ninguneado ha reaccionado” “manque le pese al mundo”. Esta vez, miles de personas protegieron la voluntad popular depositada en las urnas.

Los partidos y candidatos que hace tres años todavía lograron triunfos “aiga sido como aiga sido” y que eran mayoría en casi todos los congresos, ahora se han quedado prácticamente sin nada de no ser por las raquíticas plurinominales y algunas pudieran ser motivo de vergüenza si tuvieran aunque sea para remedio. Los que ya se van después de haber disfrutado de una beca de tres años pingüe y sustanciosa, deberán  y entender que es muy posible que ya no haya más de piña porque sus desplantes,  prepotencia,  agandalle y sumisión llenaron de piedritas los zapatos de la sociedad y peor todavía, cuando se dieron cuenta que aún querían más en el partido que fuera. Ellos, los que se van, deben saber si el salario fue ganado con trabajo y si su actuación trajo algún beneficio a la sociedad aunque algunos anduvieron en campaña los últimos meses. Ya no más, ya no estarán. Nuestros ojos se cansaron de ver los mismos rostros, las mismas sonrisas; de escuchar las mismas promesas, los mismos engaños, las mismas dádivas y migajas. Ya no les alcanzó la amplia sonrisa y la mirada diáfana y bonachona. Indulgente. Ya no les alcanzó la máscara ni la cabellera para cubrir los verdaderos rostros en los que se podían leer la ambición y la sed de permanecer inamovibles pero saltando de un lado para otro. Podríamos decir que son cosa del pasado, “cuestión olvidada” como dice una canción. Sin embargo, hay un poema de Benedetti que dice, “llora pero no olvides”. Ha sido muy importante la debacle de los partidos que dominaban el escenario político del país y hasta se podría decir que algunos partidos han quedado colapsados porque el vendaval ciudadano todo lo levantó y se lo llevó. Se puede decir que para algunos la elección resultó una catástrofe y que si hubo el intento de revertir el sentido de los sufragios se inhibieron al darse perfecta cuenta de la fuerza de la ciudadanía. Imposible detener un rio crecido. Están desfondados, estragados, ahogados en las turbulencias que ellos mismos crearon.

Algunos candidatos amanecieron con la noticia de que habían sido electos para un cargo y yo creo y les recomiendo que escriban planas en las que digan y deletreen, ”La sociedad ya no quiere más de lo mismo”. Deberán escribir 50 veces cada día hasta que les llegue la hora de asumir su RESPONSABILIDAD. También deberán escribir el mismo número de veces  ”me debo a la gente” y “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”. También tendrán que recordar cada día, que el pueblo se hartó y quedó hasta el copete y que estaremos al pendiente de cualquier traición sin importar el tamaño. También se nos pueden indigestar y los podemos vomitar. En lo único que pueden y deben confiar es un su trabajo y en su honestidad. En este maremágnum seguramente se han colado personas no aptas, el rio estaba revuelto pero creo  que debemos darles el beneficio de la duda. Sin embargo es importante señalarles: no queremos más sinvergüenzas; no queremos más altanería porque creemos que esos ya se van a ir en unos meses más; y si no andan con la cola entre las patas es porque no tienen cola. Extraño, porque luego dicen que todos tenemos cola que nos pisen. De acuerdo, ustedes no son el mesías prometido ni van a redimir a nadie. Solamente van a servir y esperamos que lo hagan bien. No esperamos milagros, esperamos solamente honestidad, austeridad y decoro.

Voy a compartir con ustedes amables lectores algunas reflexiones que Margarita Septíen y Sergio Villa Godoy  hicieron y que éste último comenta en el libro que escribió Adelina Palomar Romo: “Estuve de acuerdo con ella en cuanto a la degradación moral de las clases dominantes y de la cada vez más acentuada permeabilidad o imitación o contagio, de gran parte de los miembros de la sociedad, de nuestra sociedad… Nos reconocimos miembros de una sociedad mediocre, conducida y gobernada por valores simulados y logros inventados. De una sociedad que confunde la hipocresía con la discreción; el cinismo con la sinceridad; que se dice tolerante cuando es cobarde y que se comporta complaciente hasta la indignidad. La preocupación de Margarita era por el futuro de México… Margarita decía que la solución estaba en la sociedad misma. En que debemos participar en política pero que esta participación debe comenzar con un comportamiento individual cívico. Que el civismo tiene tanta importancia para la niñez y la juventud como la salud misma. Que nuestro país, nuestra sociedad, nosotros pues, de continuar desairando la conducta cívica como lo veníamos haciendo, pasaríamos de la desconfianza a la inseguridad; de una democracia de discurso al desorden; al fracaso social. Fue recurrente al decir que un pueblo sin civismo es un pueblo sin moral; porque ambos se componen del mismo código; son normas útiles para preservar el bienestar de los individuos y en consecuencia, de la sociedad.” Esto dijo Margarita y Sergio nos lo recuerda. Sus palabras resuenan y su legado levanta la voz en defensa pero más en la promoción de los más pobres. Es el de Margarita, un llamado a la conciencia ciudadana pero más, mucho más, a la conciencia de las y los trabajadores sociales llamados a ser fermento en la masa y sal de la tierra. Es un llamado a todos los hombres de buena voluntad.

La tarea es enorme y por lo mismo, todos debemos asumir nuestra responsabilidad. No se trata solo de votar, de cruzar la boleta por nuestros candidatos de preferencia. Se trata de un compromiso ciudadano, de hacer lo que a cada quien corresponde. No podremos exigir si solamente nos esperamos a que venga la bonanza. Cada uno pensemos en lo que podemos hacer para que este nuestro país sea mejor. Considero oportuno decir, que la transición, toda transición es difícil; habrá obstáculos y el cambio se lleva tiempo y mucho trabajo. También requiere de paciencia.  No es magia es trabajo, es decisión, es caminar hombro con hombro. No se trata de sacar un conejo de un sombrero ni de tener un as bajo la manga. No se trata  solamente de exigir, se trata de dar, de participar, de sumar. Ya se ha dado un paso importante y necesario pero no podemos quedarnos en la contemplación ni en el éxtasis. Vamos a transitar por un proceso de reconstrucción que no es asunto fácil. Mientras escribía tarareaba una canción de José Alfredo Jiménez que dice; “que no somos iguales, dice la gente, que mi vida y tu vida, se van a perder que yo soy un canalla y que tú eres decente que dos seres distintos no se pueden querer…” Canalla no, canallín…

Es la hora de los ciudadanos.

Nota: Resulta esperanzador el momento actual y tenemos la confianza muchos colimotes que así como se probó la inocencia de Nestora Salgado, así se pruebe la inocencia de Celina Oseguera Parra ( aunque no hay nada que probar) y se termine con esta afrenta e ignominia y pueda retornar a su terruño y con su gente especialmente con su madre. Con nosotros… luego.

  • Asesor en la Escuela de Trabajo Social Vasco de Quiroga

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