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Las fotos de la ignominia

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En todos los ámbitos de la vida cotidiana, incluidos la política y el periodismo, el respeto a la privacidad y la libertad personal es uno de los elementos más valiosos de la convivencia humana, por lo que irrumpir en ese espacio constituye un acto de violencia y agresión hacia los demás.

Esta reflexión encuadra perfectamente en el contexto de la publicación, primero a través de las redes sociales y después en algunos medios informativos, de una serie de fotografías en las que se aprecian a la delegada de programas sociales del gobierno federal, Indira Vizcaíno Silva, y al diputado local priista Rogelio Rueda Sánchez, reunidos en un restaurant.

Evidentemente, la intención de difundir esas fotografías fue denigrar la imagen de la funcionaria federal, quien fue prácticamente crucificada en las redes sociales, con alusiones sobre todo a aspectos de su vida privada, que deberían quedar en el ámbito de lo doméstico, mientras que el legislador no fue cuestionado con la misma virulencia.

Desde el punto de vista que se le vea, es reprobable que con el afán de golpear políticamente a una de las principales aspirantes a la gubernatura del estado en 2021, haya personajes que para tratar de acceder o conservar el poder recurren a métodos sucios, alejados totalmente de una sana competencia democrática.

En relación con la publicación de las fotografías, Indira Vizcaíno realizó la siguiente publicación a través de su espacio en la red social Facebook:

“Las mujeres, todas, estamos expuestas a ser agredidas públicamente con versiones sobre la vida privada y cuestionamientos a nuestra integridad. Eso es violencia de género. Violencia que muchas veces se acentúa contra las mujeres que desempeñamos un cargo público, desde el cual nos conducimos conforme a nuestros principios éticos e ideológicos.

Como funcionaria pública, seguiré trabajando con más fuerza en favor de las y los colimenses; como mujer, impulsaré acciones para contrarrestar la violencia que mucho daño hace a nuestro género”.

Es verdad que Vizcaíno Silva tiene muchos aspectos cuestionables en su trabajo como servidora pública, pero precisamente por eso las críticas deben ir encaminadas hacia ese aspecto, sin mezclar elementos que corresponden sólo a su vida personal.

Y si desde el punto de vista político resulta reprobable usar la vida privada para golpear al adversario, más aún lo es desde la perspectiva periodística, pues uno de los límites de la libertad de expresión es precisamente la vida privada de las personas.

Si bien en los últimos años se ha ampliado en el periodismo la posibilidad ética y legal de incursionar en los comportamientos privados de los personajes públicos, esto sólo es válido cuando esa conducta provoca una clara afectación del interés colectivo. En este caso, la publicación de las fotografías requiere de un contexto que justifique el interés público de hacerlo, más allá de la exhibición de la vida personal por sí misma.

Esta situación muestra que tanto la política como el periodismo en Colima enfrentan el reto de atender al interés colectivo, cuestionando aquello que se encuentra dentro de la esfera pública y dejando a salvo, dentro de lo posible, lo que se inscribe únicamente dentro de la privacidad de las personas.

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