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OPINIÓN

Con los ojos en la cara. Las dueñas de la madrugada

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Escrito por: Mtro. Ramiro Cisneros García*

A Candelaria, la madre de mis hijos,
A Ana María, madre de mis hermanas y
hermanos, y también, mi madre.
A la madre de mis nietos.
A las maestras y empleadas del Vasco que
disfrutan el don de la maternidad.
A las madres de quienes leen este trabajo.
A todas las madres que llevan este nombre
con dignidad y a mucha honra.
A las madres de los desaparecidos, entre
ellos, un sobrino, hijo de María, mi cuñada.
También para Alma.

Hay muchas madrugadas parecidas en que ladran los perros, cantan los gallos y a veces, se escuchan las lechuzas. Es la noche con sus cosas; la sombra es casi total y por eso se miran casi todas las estrellas. La vida sigue entre el silencio y el bullicio, entre las luces que encandilan y la oscuridad. Las oscuridades y las sombras abrazadoras… pareciera una noche para contar estrellas y mitos. Es una noche brava, incomoda, suspicaz. De repente, se escucha el motor de un carro, luego… los muchachos cantan desentonado; alegres, ajenos al tiempo y a la madrugada. Es el momento de ellos; es la vida que se pasa y es necesario aprovechar la juventud. No hay de otra porque la vida no se repite. No sabemos de nadie que haya vivido más de una vez. Bien y con mucho sentido dice Walt Whitman: “no dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños…La vida es desierto y oasis, nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia… No dejes nunca de soñar porque en sueños es libre el hombre…disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante. Vívela intensamente, sin mediocridad…No permitas que la vida pase a ti sin que la veas”. Los muchachos, muchos de ellos, no conocen a Walt Whitman y menos que es poeta de los buenos y aun así, viven con intensidad. Sin embargo, allá en la parte oscura está una mujer esperando a que los hijos lleguen…sabe que están jóvenes; sabe que se van abriendo a la vida y al amor; sabe que la juventud se va como el agua entre los dedos pero con todo y que sabe eso y que quiere que vivan, está impaciente esperando que lleguen. Esa señora se llama madre y tiene experiencia ya le ha tocado vivir su vida y ahora vive la de los hijos. Acá del otro lado, del lado del silencio.

Pablo Neruda escribe un poema a la mujer de su padre, Trinidad Marverde, quien no era su madre pero le dice intenso, emocionado, cariñoso: “vi la bondad vestida de pobre trapo negro; la santidad más útil, la del agua y la harina. Y eso fuiste, la vida te hizo pan y allí te comimos ¿cómo pude vivir sin recordarte cada minuto mío? No es posible, yo llevo tu Marverde en mi sangre, el apellido del pan que se reparte; dulces manos; dulce como la tímida frescura del sol en las regiones tempestuosas” Trinidad Marverde era su madrastra a la que él amorosa, delicadamente llama “mamadre”. Acá decimos que las personas buenas son un pan de Dios…y sí, eso y más es la madre. Dormitando, esperando casi vencida por el sueño; por el trajín del día y porque los años no se contentan solo con ir pasando: nos rozan, nos tocan, nos desgastan, nos erosionan, nos estragan pero es hermoso vivir sabiendo que tenemos una madre o que la tuvimos y que desde donde está se sigue desvelando. Ingratos que somos.

Conocí solo una abuela, la mamá de mi padre, Doña Leandra Avalos de Magaña. Eso “de Magaña” lo recuerdo de mi tío Pancho, su hermano, Pancho Chivas. Desde que la conocí, la miré seguir a mi padre; era su sombra protectora…vivía para él, era sus ojos y hay un poema que dice y que aplica a mi abuela. ”Tenía la frente pálida y tranquila, una santa mirada en la pupila y en los labios, la savia del amor, ¿Quién es ella tan noble y abnegada con un brillo de amor en la mirada y cual nadie nos cuida con fervor?

Cuando ellas, las madres en la deshora incierta escuchan la puerta que rechina y luego el golpe al cerrar… y escuchan los pasos seguros o sigilosos. Titubeantes… y una voz que dice: “ya llegué”… esboza una sonrisa enojona entre las sombras y piensa con ternura: “sinvergüenza”, acomoda la almohada y entonces, si no se le fue el sueño, sonríe a la vida por la vida de los que van llegando con el alba. No tienen ni una gotita de vergüenza, ni nada que se le parezca; allá, como perritos sin dueño, musita y rumia una pequeña venganza que más parece oración: “mañana los levantaré temprano”. Sonríe y se dispone, ahora sí, a dormir.

Así era mi madre doña Anita así fue hasta el día en que partió en silencio. Dijo una persona: “solo oí que como que tosió”. Mi madre, siempre presente en los momentos difíciles y de alegría. Las veces que enfermé venía a verme ella más enferma que yo y más estrujada por el diabetes. Desde niño o casi adolescente viví lejos de ella; separados por la distancia. Cada cumpleaños me enviaba un regaló. Era de lo más generosa y bondadosa y también, pese a llevar una vida difícil era alegre y le gustaba la canción: “la del moño colorado”. No sé qué le evocaba. Tengo un recuerdo muy bonito de ella: haberla visto bailando con una comadre, creo que se llamaba “Chabela” la señora. Nos quiso a todas y a todos los hermanos; a cada uno de manera especial. Sus hijos, dispersos del otro lado de la frontera, un día la vieron llegar después de un viaje lleno de aventuras y de riesgos. Pero, vio a sus hijos. Puedo decir que era la mejor madre porque todas son las mejores madres de una por una. De eso, no hay ninguna duda. Y como dice Edda Aguilera del Arce, una poetisa: “pues sé que son las madres, amor de los amores, los ángeles custodios, el corazón de Dios”.

Es posible que haya madres no cariñosas, no cercanas pero la vida está llena de circunstancias que debemos comprender y que claro, que cuentan Sin embargo, allí están pensando en sus hijos con los labios cuarteados de tanta soledad; sus ojos como un cristal donde guardan las escenas de las veces que los han visto partir, alejarse y venir pero no saben, nunca se sabe si tendrán tiempo para seguirlos esperando. Ojalá.

Escuché y saboreé una canción que interpreta Pasión Vega apasionada y tiernamente y que se llama, “Poquita cosa” y es el canto a una hija que nació y que transformo la vida de la madre y dice así:” Con la lluvia de invierno, con mis primeras canas, llegaste a mi vida, niña del alma. Lo mismo que el levante, vuelve locas las flores como un amante, tú a mí me has vuelto loca; loca de amor. Por ti daría la vida, por ti derrumbaría los pilares del cielo….Yo nunca había sentido celos por nadie y ahora niña, no quiero que a ti de roce el aire…Tan poquita cosa, eras tan poquita cosa, que te cogí entre mis manos como se coge una rosa. Tan poquita cosa, siendo tú tan poca cosa, llenaste mi vida igual que las mariposas llenan la primavera. Yo no te conocía, solo te imaginaba, yo contaba los días, loca por ver tu cara y un canto de sirenas, sentí por dentro y solo una mirada bastó para querernos…. Y sigue un poco más. Además, la señora si canta.

Jaime Sabines escribió una poesía para mi gusto con extraordinaria sensibilidad y que dice: “La cojita está embarazada. Se mueve trabajosamente, pero que dulce mirada, mira de frente. Se le agrandaron los ojos como si su niño también creciera en ellos pequeño y limpio. A veces se queda viendo quien sabe qué cosas que sus ojos blancos se le vuelven rosas. Anda entre la gente trabajosamente. No puede disimular, pero, a punto de llorar, la cojita, de repente, se mira el vientre y ríe. Y ríe la gente. La cojita embarazada ahorita está en su balcón y yo creo que se alegra cantándose una canción: “cojita del pie derecho y también del corazón “. Él mismo, dedica a su madre, Doña Luz una prosa diciéndole: “Quiero seguir dándote el beso en la frente, en la mañana, en la noche, al mediodía. No quiero verte agonizar, sino reír o enojarte o estar leyendo seriamente. Quiero que te apasiones nuevamente por la justicia, que hables mal de los gringos, que defiendas a Cuba y a Vietnam. Que me digas lo que pasa en Chiapas y en el rincón más apartado del mundo. Que te intereses en la vida y seas generosa, enérgica, esplendida y frutal. Quiero pasear contigo, pasearte en la rueda de la fortuna de la semana y comer las uvas que tu corazón agitaba en cada paso. Tú eres un racimo, madre, un ramo, una fronda, un bosque, un campo sembrado, un rio. Toda igual a tu nombre, doña Luz, Lucero, Luc.ha, manos llenas de arroz, viejecita sin años, envejecida sólo para parecerte a los vinos”…. Abusando de su paciencia, les recordaré otro fragmento del Mayor Sabines: “Es muy raro también que yo tuviese una madre. A veces pienso que la soñé demasiado, la soñé tanto que la hice. Casi todas las madres son criaturas de nuestros sueños”.

Cuando Denisse De Kalaffe escribió una canción le llama a la madre guerrera y luchadora y esta parte de su canto, me hace recordar a las madres de la Plaza de Mayo en Argentina que este jueves realizarán la marcha 2089 y tienen 41 años pariendo memoria y futuro. Ahora tienen entre 85 y 95 años. Su lucha inició en 1977 durante la dictadura de Jorge Rafael Videla con el fin de recuperar con vida a sus hijos detenidos y desaparecidos y luego, establecer quienes fueron los responsables de los crímenes de “lesa humanidad”. Ya una vez durante una marcha fueron secuestradas tres madres, dos religiosas y siete activistas. Todos los jueves a las 15.30 horas con un pañuelo blanco en la cabeza, caminan en círculos, de tres en tres, tomadas del brazo. El pañuelo, elaborado con tela blanca de pañal. Ni el mundial de 1978 celebrado en Argentina detuvo su resistencia y fueron precisamente los holandeses quienes difundieron su lucha y un grupo de madres holandesas, se organizaron y solidarizaron enviando recursos para que consiguieran una casa y de allí partiera más fortalecido el movimiento valiente
y continuaran su batalla y su guerra . Sus lemas de lucha: “Aparición con vida”, “No es utopía, no es locura” “resistir es vencer” “ni un paso atrás”. Se han organizado conciertos de rock, cafés literarios, programas de televisión, una radio y allí tuvo su origen una universidad. Denunciaron que las desapariciones de sus hijos tuvieron como objetivo, la imposición del plan neoliberal con el apoyo de los norteamericanos. El neoliberalismo, dijeron y siguen diciendo: “mató, mata y sigue matando”. Su filosofía de lucha es, “la revolución se da cuando uno se transforma” Ellas dicen que se convirtieron en otras personas, otras mujeres, otras madres. Su lucha se extendió más allá de las fronteras y más allá del mar y son un ejemplo de que el amor va más allá de la vida. Acá en México tenemos el recuerdo todavía reciente de los jóvenes normalistas de la escuela Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero. Algunas madres lucharon hasta el último suspiro. En este país hay muchos desaparecidos, desplazados y muchos periodistas han sido asesinados y las madres están en pie de lucha pese al peligro que corren porque no hay nada que pueda frenar al amor.

Para muchas madres, las madrugadas son lugares comunes y a veces las miran por la ventana y hasta se puede decir que son amigas del alba. Alguien, indirectamente solicitó que escribiera sobre estas mujeres llamadas madres y, la verdad, ya lo tenía contemplado y lo hice con gusto y pasión. Felicidades, Señoras, Señoras, Señoras, esas que lucían lindas esperando un bebe; esas que ensayaban las canciones para sus hijas e hijos antes de que nacieran. Esas que como María, que orgullosa se mira cuando ve su figura, reflejada en cristal… en sus ojos no hay soledad, la acompaña su amor maternal… que feliz va María. Terminaré diciendo algo que leí en algún lugar para ustedes: Madre, es el nombre de Dios.

• Asesor en la Escuela de Trabajo Social Vasco de Quiroga

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