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Indira Vizcaíno, sostenida por el espejismo de las encuestas

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EDITORIAL

A través de los resultados de encuestas dados a conocer en diversos medios de comunicación se ha generado la impresión de que la superdelegada de programas sociales del gobierno federal, Indira Vizcaíno Silva, se encuentra en el primer lugar de las preferencias de los electores colimenses para la elección de gobernador en el proceso de 2021.

De esta manera, se ha dado por hecho que no existe ningún otro u otra aspirante que pudiera hacerle sombra a la que también fue diputada federal y alcaldesa de Cuauhtémoc por el PRD, así como secretaria de Desarrollo Social en el gobierno priista de José Ignacio Peralta Sánchez. 

Sin embargo, cada vez está más probada la ineficacia de las encuestas para predecir un resultado electoral y, a lo sumo, estos instrumentos de medición son utilizados para realizar proselitismo político y tratar de influir en los ánimos del electorado, sea para animar a los seguidores del personaje o para desalentar a sus contrarios. 

Un ejemplo del uso electorero dado a las encuestas es la presentada en 2015 por la senadora priista Mely Romero Celis, quien en plena campaña por la gubernatura aseguró que el candidato de su partido, José Ignacio Peralta Sánchez, ganaría la elección con ocho puntos de diferencia, al contar con 45 por ciento del electorado contra 37 por ciento del candidato del PAN, Jorge Luis Preciado Rodríguez.

No obstante, el resultado oficial mostró un empate técnico, con una diferencia de menos de dos décimas, situación que combinada con las anomalías detectadas y documentadas del proceso electoral, favoreció la anulación del proceso electoral y la realización de comicios extraordinarios.

En el caso de Indira Vizcaíno, quien actualmente es investigada por presuntos malos manejos de los programas sociales del gobierno federal y por el caso Altozano, se insiste en presentarla a la cabeza de las preferencias, muy lejos del resto de los aspirantes.

Por ejemplo, recientemente la encuesta de Opinión Pública Marketing e Image, Social Research Solutions y Systel Voice dio a conocer que Vizcaíno no tiene competencia para llevarse la gubernatura de Colima en 2021.

El ejercicio colocó a Indira Vizcaíno Silva con el triple de las preferencias de los encuestados, con un 39.4 por ciento, mientras que los posibles abanderados del PAN y PRI, Jorge Luis Preciado Rodríguez y José Manuel Romero Coello, respectivamente, aparecieron empatados con un 12 por ciento.

Un análisis de Ricardo Mejía Berdeja, publicado en 2016 el portal La Silla Rota, se refiere a los fracasos estrepitosos de las encuestas en distintas regiones no sólo de México, sino del planeta.

“En Inglaterra, Colombia y Estados Unidos las encuestas fallaron, en el caso de las dos primeras naciones su pronóstico fue totalmente errado en cuanto a los plebiscitos relativos al Brexit (la salida de Inglaterra de la Unión Europea) y el acuerdo de paz con las FARC, respectivamente”.

En lo relativo a Estados Unidos, dijo, si bien Hillary Clinton ganó en el voto popular, las encuestas y analistas no pudieron desentrañar el comportamiento electoral de estados que a la postre fueron ganados por Trump y le dieron los lugares suficientes para ser electo presidente en el colegio electoral, conforme el anacrónico sistema electoral norteamericano. 

Así también, en España algunas encuestas señalaron que Podemos podría sobrepasar los votos del PSOE y no ocurrió así. El mismo año de 2016 en México varios encuestadores fueron poco acertados y le otorgaron más gubernaturas al PRI de las que finalmente ganó. 

“No previeron o no quisieron difundir el fuerte voto de castigo para el tricolor que se produjo finalmente. Por ejemplo, en Durango y Chihuahua decían que habría una cómoda ventaja para el PRI y acabaron teniendo un triunfo por un margen considerable los candidatos del PAN. En Tamaulipas también el PRI tuvo una contundente derrota, por citar algunos ejemplos”.

Mejía Berdejo sostuvo que en estos casos “ha quedado claro que hay motivos y razones de la gente que los estudios demoscópicos no logran dimensionar al momento de hacer estimaciones de la intención del voto. A veces el electorado oculta su intención, sea porque se niega a contestar la encuesta o dice que votará por una opción distinta a la que finalmente escoge, otras veces se declara indefinido y otras más dice que votará y no acude a las urnas. Tampoco las encuestas logran desentrañar cuántos partidarios de uno u otro candidato habrán de movilizarse para votar o sobredimensionan el voto de un partido o candidato en detrimento de otro”.

Por otra parte, hizo notar que algunos analistas magnifican la importancia definitoria de un grupo poblacional en la elección, como el llamado voto latino en la elección de Estados Unidos, y no le dan la relevancia al voto de otros sectores, como la población blanca con bajo nivel educativo que se inclinó por Trump y que fue determinante.

“Es evidente que hay un voto oculto y que los electores no contestan con veracidad o son recelosos y mantienen la secrecía de su voto y reservan el sentido del mismo hasta el momento de acudir a las casillas”.

En descargo de los encuestadores y analistas, refirió Mejía, es pertinente señalar que toda elección democrática y competida siempre tiene un buen margen de incertidumbre y que el electorado basa sus decisiones en sus emociones, angustias, enojos y empatías con los candidatos que no se alcanzan a detectar con claridad ni a apreciar su verdadero impacto hasta el día de los comicios. “Evidentemente me refiero a los estudios de opinión de encuestadoras serias y no de aquellas que adulteran resultados para que ‘sus estimaciones’ se usen como propaganda”.

Desde el punto de vista del analista, a partir del 2016 se debe palpar con mayor detenimiento el sentir del electorado y prender las alertas por el resurgimiento de los nuevos fundamentalismos que tienden a fortalecerse.

“Esto no significa que haya que jubilar a las encuestas o que éstas sean ociosas, son sin duda un elemento indispensable para medir la realidad social, pero no son el oráculo y tampoco son infalibles. Son una herramienta muy importante para el análisis y la toma de decisiones, pero se deben leer con cautela y escepticismo junto con otros instrumentos como los grupos de enfoque. Sin duda, a partir de ahora las encuestas serán vistas con mayor recelo y distancia, ya no como la guía indiscutible del escenario político”, concluye.

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