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Ladramos, AMLO…

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Escrito por: Pedro Zamora Briseño.

En una evidente estrategia de contrataque hacia los periodistas y medios de comunicación que cuestionaron a su gobierno por el fallido operativo de captura del narcotraficante Ovidio Guzmán en Culiacán, Sinaloa, el presidente Andrés Manuel López Obrador repitió hace unos días la frase pronunciada hace más de un siglo por Gustavo A. Madero en alusión a los críticos de su hermano, el presidente Francisco I. Madero: “Muerden la mano que les quitó el bozal”.

Tal vez con esa comparación canina, AMLO quiso ofender o al menos confrontar a la prensa que no le aplaude. Y aunque sí hubo quienes tomaron como ofensa la mención perruna, en realidad quienes nos dedicamos al periodismo (o “perriodismo”, como diría nuestro amigo Óscar Adrián) no tendríamos por qué sentir agravio ante el uso de la imagen del cuadrúpedo.

¿Hay algún animal más noble y leal que un perro en su relación con el ser humano? Además, no olvidemos la frase expresada hace casi dos siglos, atribuida a un pensador inglés, en el sentido de que “La prensa es el perro guardián de la democracia” o la afirmación del periodista y escritor Gabriel García Márquez de que “Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo”.

Por lo tanto, aún si la intención de AMLO fue esa, está muy lejos de ser ofensiva la expresión retomada por el mandatario, quien por cierto ya la había utilizado hace unos meses, pero tuvo menor impacto en aquella ocasión que ahora.

Lo que sí ofende es la actitud del presidente, que no pierde oportunidad de descalificar de muchas maneras a la prensa que no se somete a sus designios, a la que él considera que “se porta mal” como le reclamó en su momento a la revista Proceso, o a la prensa “fifí” o conservadora como se ha referido al diario Reforma, por poner sólo dos de múltiples ejemplos.

Para tratar de justificar su comportamiento frente a la prensa, López obrador argumenta que está ejerciendo su derecho de réplica y que durante su gobierno la relación con los medios será “de ida y vuelta” o bien un “diálogo circular”.

Sin embargo, pareciera que el jefe del Ejecutivo Federal no entiende o no se da por enterado que en su actual investidura le corresponde ser respetuoso y tolerante frente a la crítica, pues una de sus grandes responsabilidades es garantizar la libertad de expresión y generar condiciones para que ésta pueda ser ejercida por toda la población, periodistas incluidos.

Es verdad que no pierde su derecho a la réplica, pero ello no significa que cada que se publica algo que no le gusta tenga que lanzar una andanada de descalificativos contra el medio y/o el periodista que lo difundió.

Muchas ocasiones, ante la publicación de una inexactitud o falsedad bastaría con la emisión de un comunicado de prensa en el que se respondiera y precisara con todo el sustento posible aquello que se haya dicho. De esta manera, se ahorraría el desgaste de la figura presidencial, cuando es el propio presidente quien se coloca al tú por tú contra un medio o periodista.

Asimismo, se evitaría poner en situación de riesgo a la prensa en general y al medio o periodista aludido en lo particular, pues cada que AMLO profiere un descalificativo, sus seguidores acérrimos se lanzan como en jauría (sin que esta imagen ilustrativa tenga pretensión de ofender) a través de las redes sociales o de manera directa en mítines o actos públicos en contra de todo lo que huela a periodismo.

Es verdad que en ocasiones el presidente se refiere a un sector de la prensa que en gobiernos anteriores fue aliado del poder y ahora funge como uno de los más críticos del obradorismo. Es verdad que existe corrupción en un sector de la prensa mexicana, igual que la sociedad en general se encuentra afectada por prácticas corruptas.

Es verdad que en ocasiones AMLO ha dicho que no generaliza, que dentro de sus señalamientos hay “honrosas excepciones”, pero para el caso es lo mismo porque sus seguidores no distinguen y de manera irreflexiva se lanzan con todo en contra de quien ose tocar con el pétalo de una rosa a su mesías.

Lo acepte o no, la actitud de López Obrador está provocando un gran daño al ejercicio democrático de la libertad de expresión en México. Si él tuviera la voluntad política, en lugar de confrontar y descalificar a los medios como lo hace, podría hacer llamados a sus seguidores a ser tolerantes y respetuosos de la libertad de expresión y él mismo poner el ejemplo.

Definitivamente, no le haría mal al país que AMLO escuche y atienda los llamados y recomendaciones de organismos internacionales defensoras de la libertad de expresión para que deje de atosigar a la prensa y asuma una actitud respetuosa.

“Prensaprostituida” y “Prensasicaria”, fueron colocados hace unos días, tanto por bots como cibernautas reales como trendind topic en la red social Twitter, precisamente el mismo día que Amlo hizo suya la frase “Muerden la mano que les quitó el bozal”.

Resulta injusto y peligroso que AMLO utilice el poder presidencial que tiene en sus manos para contribuir a deteriorar aún más la maltrecha imagen que ya tenía la prensa ante la sociedad. En el momento histórico actual, México necesita un presidente con vocación democrática, que tenga la humildad de reconocer cuando se equivoca y la capacidad de privilegiar el ejercicio de la libertad de expresión por parte de la prensa y la ciudadanía.

Al traer a colación la frase de Gustavo A. Madero, López Obrador se asume tácitamente, con aires de soberbia, como el presidente que concedió la libertad de expresión a la prensa, por aquello de que “quitó el bozal”. Pero esto es falso, porque la libertad de expresión que ahora puede ejercerse es fruto de una lucha de algunos medios y periodistas que viene de mucho más atrás y que ha costado muchas vidas, aunque AMLO no se dé cuenta o haga como que no sabe.

En lo personal, puedo afirmar con todo el convencimiento que mi libertad de expresión como periodista no me la dio AMLO. Es un derecho constitucional que he ejercido, con todos los riesgos que ello implica, desde mucho antes de que él llegara al poder. Y seguiré ejerciéndolo… seguiré ladrando, pues, para estar a tono con el nuevo lenguaje presidencial hacia los periodistas.

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