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OPINIÓN

Rosario Ibarra de Piedra: la congruencia y la verticalidad

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Escrito por: Federico López Ramírez.

María del Rosario Ibarra de la Garza nació en Saltillo, Coahuila en el año de 1927, el mismo año que León Trotski fue expulsado del Partido Comunista de la Unión Soviética; Camberra fue nombrada nueva capital de Australia; y fue en ese año, que el nicaragüense Augusto César Sandino inicia su lucha contra la invasión de los Estados Unidos, precisamente en este país, Nicolás Sacco y Bartolomeo Vanzetti eran ejecutados en la silla eléctrica. Eso sucedía en el mundo cuando  venía a la vida la hija de un ingeniero agrónomo y militar revolucionario que sería la primera mujer candidata a la presidencia de la República en 1982 y repetiría su saga en 1988.

 El Senado de la República entregó a María del Rosario Ibarra de la Garza la medalla Belisario Domínguez  en sesión solemne el 23 de octubre en la antigua sede de la Cámara Alta, en la calle de Xicoténcatl número 9, en el centro histórico de la Ciudad de México.

Yo la recuerdo, cuando vino a Colima, en un mitin en la plaza de La Libertad, en la primera campaña presidencial de ella (1982). La vi salir del Palacio de Gobierno y dirigirse al templete del evento con un vestido verde claro y una bolsa negra muy discreta y la vi dirigirse al público con su discurso sencillo propio de una ama de casa que se metió a la política empujada por la circunstancias: la desaparición de su hijo Jesús Piedra Ibarra, acusado entonces de pertenecer a la Liga Comunista 23 de Septiembre.

El 17 de abril de 1977 fundó el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos mejor conocido como Eureka, que reúne a varias familias de personas desaparecidas o presas durante los sexenios de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez.

 Hasta la fecha, Rosario Ibarra es la representante de los reclamos hacia los gobiernos mexicanos represores de ese entonces. También forma parte de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos.

Realizó huelgas de hambre a finales de los años 70´s para exigir una amnistía hacia los presos políticos. El gobierno concedió la amnistía en 1978 pero las desapariciones continuaron sin ser aclaradas. Por esto último es que la señora Ibarra de Piedra dejó el premio en custodia del actual presidente para que éste sea regresado hasta que sean aclarados los aproximadamente 400 casos denunciados.

También ha participado en las luchas sociales de los indígenas de Chiapas, en la búsqueda del esclarecimiento de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez y de las matanzas de indígenas en Guerrero y Chiapas  durante el sexenio de Ernesto Zedillo.

El premio a Rosario Ibarra es la expresión de un México que busca reconciliarse y avanzar en la búsqueda de una sociedad más justa y democrática.

También es el reconocimiento a todos los militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y su aportación a la democracia de nuestro país. Partido fundado en 1979 y disuelto en 1996. Partido que tuvo corta vida pero que sus aportaciones a la democracia son muy valiosas pues nuestro país y sus libertades se deben, en parte, a su lucha.

No olvidemos que tras el fraude en 1988 la señora Ibarra de Piedra luchó contra el sistema representado por  Carlos Salinas de Gortari, el padre moderno de la desigualdad en México, que había dado un verdadero golpe de Estado técnico -según lo denominó Cuauhtémoc Cárdenas entonces-.

En Colima personajes como  el aguerrido Rubén “Tawa” Martínez, el estimado profesor Salvador Silva Rodríguez,  el consistente Ignacio “Nacho” Enciso Vázquez, la apasionada maestra  María Elena García Rivera, la feminista  Glenda Herrera, el amigo José Ramón Vargas Valle, el excelente amigo Francisco Ramos, entre otros, militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores en Colima, apoyaron en su momento su lucha. Vaya una sincera felicitación para estos hombres y mujeres que lucharon al lado de esta mujer cuando salir a la calle a manifestarse era verdaderamente riesgoso. Pues el premio también es un reconocimiento, por extensión, a todos ellos y a su generación militante que participó.

Rosario Ibarra de Piedra, aún con vida, es parte de la nueva nomenclatura del México moderno y más justo que estamos construyendo.

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