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OPINIÓN

Estado, Porros y Universidad

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Por: Josué N. De la Vega Morales

A mi amigo Salvador, por provocarme.

Ante los sucesos que vive en este momento la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la  Universidad de Colima, considero de importancia entender la forma de dominación autoritaria que ha facilitado a la burocracia de la institución estar al frente de manera ininterrumpida por casi cincuenta años, con su misma conducta, usos y costumbres. 

1.- La forma autoritaria o democrática que las instituciones de educación superior se dan no es producto del conocimiento que tenga un rector de “los principios y requisitos educativos de una sociedad democrática (MGV)”, más bien, es un doble resultado histórico, es decir, tenemos tanto los momentos de la conflictividad en la sociedad como de la dinámica propia de la institución que se trata, ambas determinan la forma de conducción de ésta. Para entender entonces a la Universidad de Colima hay que tener presente la conflictividad exógenas y endógenos de su proceso de desarrollo.

En la década de los cuarenta la sociedad mexicana es ya semi-corporativa, y la sociedad civil de Colima es de consistencia gelatinosa, es decir, sin andamiaje maduro por parte de las organizaciones privadas para complementar tersamente las funciones consensuales del Estado. En ese entorno nace la Universidad de Colima, y no: “cual isla institucional en una sociedad libre (MGV)”. 

Es a finales del sexenio cardenista cuando el andamiaje corporativo tiene ya, de manera básica, forma y contenido; en Colima, el Estado engulle a la sociedad civil y en particular a la universidad. El gobernador de aquel momento, coronel Pedro Torres Ortiz (1939 -43) toma la iniciativa de fundar la universidad (1940) en el marco de la llamada política de unidad nacional, caracterizada por ser la ofensiva conservadora contra los nacionalistas revolucionarios y demás fuerzas progresistas.

En ese sentido, el gobierno en turno no sobresalió por políticas de beneficio popular, más bien, fue un gobierno conservador acorde a los tiempos y al personaje, la correlación de fuerzas era negativa a los revolucionarios lo que facilitó el desmantelamiento de varias de las reformas cardenistas y dio paso al predominio de posiciones francamente retardatarias.

2.- Entre los organismos privados que forman la sociedad civil mexicana de aquellos años están: los sindicatos de obreros y campesinos, universidades, cooperativas, ejidos, asociaciones religiosas, partidos políticos, organizaciones barriales y prensa entre otros; muchos de ellos establecieron, desde entonces, relaciones de integración con el Estado: unos por compartir intereses con él, otros son integrados directamente vía jurídico-política y unos más, los menos, mantienen su autonomía orgánica, todo como producto de la conflictividad social y el peso político de actores en la región. 

Las organizaciones de la sociedad civil forjan su burocracia, cuyos intereses, de muchas de ellas, se empatan con los del Estado, debido a ello, éste coopta a integrantes sobresalientes de aquella para construir figuras de control en la sociedad civil, bautizados con diferente nombre por los afectados. Tenemos entonces que, en el campo laboral, emerge el llamado, “charrismo sindical”;  el caciquismo en las zonas urbano y rural; y en los centros de estudio, el “porrismos”, de esa manera el Estado incide en la lucha social.

La sociedad mexicana como sociedad con desarrollo desigual y combinado y factor determinante, con tiempos sociales diferentes y actores diversos, tiene variedad de figuras de control en cada localidad, como el charrismo, el porrismo y caciquismo cuya forma varía en cada región y en cada etapa histórica, esas formas son producto de factores exógenos y endógenos de la institución los que determinan su particularidad. Eso explica que las universidades no tengan las mismas características en los mismos tiempos históricos; por ejemplo, la UNAM, entre las décadas de los treinta y cuarenta, obtuvo y mantuvo su autonomía bajo las banderas de la pequeña burguesía liberal, encabezadas por Manuel Gómez Morín y Rodolfo Brito Foucher, opuesta a las reformas revolucionarias encarnadas en el Estado, más tarde, en un nuevo marco de contradicciones, tenemos un acercamiento entre universidad y Estado debido a la política de industrialización que amplió el número de expectativas a los estratos medios, base de legitimidad del régimen político, hasta que llega la crisis del 68 con el movimiento estudiantil que trajo consigo la ruptura del pacto con el Estado y el inicio del fin de la forma de dominación. 

Ese proceso desigual de desarrollo es más nítido en 1968.  Tomemos el caso de la UNAM y de la UdeG. En la UNAM son desconocidas y desarticuladas la llamadas sociedades de alumnos, trincheras del porrismo. En otras partes del país, por la falta de experiencia y debilidad organizativa, antes, durante y después son impulsadas las federaciones estudiantiles con el apoyo de los gobiernos estatales y federal, como quinto columnistas del movimiento estudiantil. 

Ante la crisis de legitimidad del régimen político el presidente en turno Luis Echeverría con la llamada “apertura democrática” coopta a una nueva generación de jóvenes para renovar a las sociedades de alumnos. En el estado de Jalisco, la Federación de Estudiantes de Guadalajara fue recompensada con amplios apoyos, entre ellos la construcción del edificio que se ubicaba en la colonia Miraflores, hoy inexistente, como recompensa al papel de policía político que desempeñaron al contener por todos los medios existentes, principalmente con uso de la violencia, a grupos estudiantiles con propósito expreso de vincularse con el movimiento estudiantil que se escenificaba en el Distrito Federal en aquel año. Ante los distintos brotes de resistencia en el estado de Jalisco, a la FEG se le dio cobertura legal y política para actuar al margen de la ley en apoyo de los gobiernos priístas.   

En Colima, donde hay otro tiempo social. La violencia a la resistencia estudiantil al régimen político ha sido menos abierta. Ello explica cómo los gobiernos de la entidad, por la débil resistencia, integran al Estado a organismos de la sociedad civil, entre ellos, a la Universidad de Colima, proveedora de mano de obra al Estado y quien fomentaba la movilidad social en aquellos años. Aquí el pacto Estado-Universidad no se rompió, sufrió algunas fracturas sin importancia. Estas condiciones socio-económicas explica el porqué en Colima no ha existido una federación estudiantil tan fuerte y sombría como la del vecino estado, y un movimiento estudiantil independiente y democrático como en otros lugares. 

3.- El Estado mexicano entonces hizo uso de varios mecanismos, además de la violencia desnuda, promovió y cooptó a organizaciones estudiantiles a cuyos integrantes convirtió en policías políticos (Porros) para vigilar la vida universitaria e incorporó a muchos estudiantes y organizaciones al Partido-Estado (PRI). 

La figura de porro no la definimos únicamente por el uso de la violencia pues sería una definición muy genérica aplicada a medio mundo con lo que perdería su capacidad de análisis del régimen político. El porro es un actor endógeno a la universidad; depende económica, política y jurídicamente de la burocracia universitaria a través de canonjías de todo tipo: dinero, títulos profesionales, cargos gubernamentales, becas y candidaturas a gobernadores, diputados y senadores; Se apoya en la cultura autoritaria del movimiento estudiantil con la que legitima su existencia y modo de actuar. Forma corporaciones vinculadas a la autoridad como las federaciones de estudiantes, que es el espacio privilegiado donde dirime sus diferencias y filtra al aparato administrativo universitario demandas estudiantiles fácilmente asimilables. Se mueve el porrismo en el binomio: violencia y consenso. Gracias a el la burocracia universitaria permanece con el manejo del aparato universitario del que succiona beneficios económicos y políticos. 

Además de las anteriores características la federación del lugar que fuere, es que, per se, niega el juego democrático por su estructura vertical y dependencia a la autoridad, quien le da vida. Es autoritaria por naturaleza, por eso cancela la participación democrática del estudiante; es popular por el número de estudiantes que la integran, sin importar la clase social a la que pertenecen, así, cada organización estudiantil corporativizada produce y reproduce la cultura autoritaria. Las decisiones se toman en el vértice y fuera de él no existe la voz estudiantil.

Esto explica la inquietud y malestar que el profesor González Villa expresa en sus artículos en relación a la actitud de la FEC por no luchar por las “…reivindicaciones y derechos por transformar la UdeC y del país,” pues, como hemos mostrado, no nació para ello; es un aparato de la autoridad universitaria para mantener sus intereses y el statu quo. 

4.- En Colima, la vigilancia política que ejerce la FEC, vía cooptación, paternalismo y todo tipo de violencia, ha sido casi perfecta; por la baja intensidad de la lucha en la entidad y en particular en la universidad, la violencia usada por la autoridad universitaria es menos agresiva que en otras entidades federativas. Por esto y por razones político-culturales, los estudiantes de Colima no han roto el vínculo con el paradigma de racionalidad corporativa, entre otras razones está, la movilidad social que en la entidad satisfizo expectativas de estratos medios asalariados de reciente formación, que carecían de interés en ser profesionista independiente. 

El gobierno en Colima y la universidad se convirtieron en los principales empleadores de la entidad, dando cierta estabilidad económica, ascenso y buenas prestaciones a sus empleados, muchos de ellos egresados universitarios. En la década de los setentas dio inicio un nuevo momento de crecimiento, se presentó bajo el proyecto: la Nueva Universidad, que amplió infraestructura y oportunidad de empleo; el número de trabajadores universitarios creció vertiginosamente.

En ese entonces, la FEC –que se convertirá en símbolo de ascenso estudiantil- con respaldo del ejecutivo federal, catapulta a sus dirigentes a responsabilidades de importancia; llega a rector su principal dirigente: Humberto Silva Ochoa y junto con él, a cargos de alta responsabilidad una ola de jóvenes, como: Fernando Moreno Peña, Juan José Farías Flores y Arnoldo Ochoa González, entre otros, que más tarde serán cuadros políticos de gran valía para la clase política de Colima, no por su talante democrático, sino por el manejo diestro de las formas de control del sistema; no es entonces, como señala González Villa, únicamente los golpes y violencia que permitió a estos jóvenes (porros) alcanzar y ejercer el poder de la institución universitaria, me parece una explicación básica. Tuvo su importancia el uso de la violencia: encarcelados, expulsados, reprobados y despedidos, no lo negamos, pero eso se conjuga con movilidad social, corrupción y la cultura preexistente en el movimiento estudiantil; una cultura autoritaria proveniente de una sociedad de fuerte raigambre rural, para quien la autoridad es infalible y protectora, y las relaciones paternalistas son factor común en el vínculo estudiante-autoridad que también se extiende a la relación autoridad-trabajador. 

Hago el siguiente agregado producto de la lectura de los artículos de Salvador González Villa publicados en este diario: La Universidad de Colima, una institución antidemocrática. La descripción que hace el profesor acerca del conflicto de la FCPyS,  permite conocer el cambio de accionar del sistema de control estudiantil. La FEC ya no es la de antaño cuando asaltaba directamente con grupos de pseudo estudiantes las instalaciones universitarias para romper cualquier protesta, golpear estudiantes y secuestrar dirigentes.

La cobertura que facilitaba a la FEC a presentarse como representantes de los estudiantes pierde legitimidad en tiempos de crisis como los que vivimos, por eso la rectoría hace uso de su brazo represivo llamado: Brios, quien, en sustitución de aquella, amedrenta a los estudiantes en protesta. El nuevo papel de la FEC es de baja intensidad y soterrado. 

El “Estado” universitario, ante los cada vez mayor número de brotes de resistencia estudiantil a las políticas universitarias, y ante peligro de perder el control, asalta a la sociedad civil que de manera paulatina da visos de iniciar el proceso de auto-organización. La fuerza desnuda deambula cínicamente hoy por los pasillos universitarios para detener a sus sepultureros.     

5.- En conclusión: La cultura del autoritarismo es interiorizada a través de las prácticas de los integrantes de la llamada comunidad universitaria, y tiene como fuente de origen y difusión tres grandes pilares: la FEC, el SUTUC -en todo momento, sin excepción-, y la oligarquía universitaria, reforzados por un factor micro-cultural de tipo molecular que permea los poros de la institución, es decir, por los trabajadores, estudiantes y directivos quienes reproducen la cultura a través de sus miedos, actitudes, maneras de ser, comportamientos y pensamientos. Este universo molecular es coordinado por la rectoría, como punta del iceberg que es.

Uno se pregunta, y cómo salir de este universo autoritario que nos apresa, externa e internamente. Desde nuestra visión, el soporte para agrietar y desarticular la forma de dominación y darle un sentido liberador, son los estudiantes y trabajadores, excluyendo, claro está, a las autoridades universitarias. 

Lo anterior es posible debido a que la cultura no es una entidad metafísica que se mantiene inamovible. Tampoco es resultado de un ser todo poderoso o producto de la elaboración de un gran filósofo. Nada de eso. Es una consecuencia muy terrenal, de la interacción conflictiva de las clases sociales –en ella intervienen: sexo, raza, género, edad, y estratos- que están inmersas en un contexto cambiante de dónde surgen luchas inéditas y cuyos resultados no siempre son predecibles. 

La experiencia que obtienen los individuos de sus propias luchas conforma la memoria histórica y permite identificar amigos y enemigos, proyectos emancipadores y su contrario. De ahí surge la conciencia, de las clases subalternas en lucha no del exterior de ellos como lo planteo hace 100 años el teórico de la socialdemocracia Karl Kautsky. Los estudiantes de la FCPyS están dando el ejemplo. De estudiantes, y agregaría, trabajadores, “apolítico, inexperto en saberes institucionales, inducible, sin ideología definida /_de intereses inmediatos_/ y sobre todo /_de_/ quien posee intereses solamente mientras es universitario propiamente (MGV)”; de cuya acción y de nadie más, emergerán grietas cada vez con mayor frecuencia derrumbando de manera progresiva al racionalismo corporativo en la Universidad de Colima y, simultáneamente, iniciará la edificación de una casa común y abierta al tiempo. La decisión la tienen los estudiantes y trabajadores. 

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