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OPINIÓN

La liga de valientes

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Escrito por: Federico López Ramírez.

El Partido Comunista Mexicano (PCM) debió renunciar a la vía armada como opción para acceder al poder político como condición legal, establecida en la reforma electoral de 1976, y así, poder ser legalizado y asumir la vida pública activa como un partido político de izquierda revolucionaria, que hasta entonces no existía legalmente, tan sólo en la clandestinidad.

Valentín Campa Salazar, en 1976 de facto, encabezó una campaña política a la presidencia de la República, pues toda actividad política de izquierda era ilegal y tan sólo la derecha (representada por el PAN, PARM y el PDM entonces) y la izquierda bien portada (PPS y PST) tenían derecho a participar legalmente.

Yo entonces vivía en la ciudad de Guadalajara y vi como aparecían pintas y carteles de Valentín Campa y poco a poco me fui informando y, entre más conocía de Campa y del Partido Comunista más me identifica con los comunistas y más sentía  que era lo que México necesitaba para transformar la sociedad violenta, cerrada, vertical, autoritaria y represora que entonces existía.

Paralelamente en los noticiarios aparecían notas de individuos armados y mal encarados que voces en off de los locutores identificaban como delincuentes comunes que sólo deseaban desestabilizar al país y convertir a nuestra patria en un satélite más de la Unión Soviética e instalar en México un régimen comunista. Se trataba de los miembros de la Liga Comunista 23 de Septiembre que luchaban por la liberación de México y los noticiarios de Televisa, más que noticias difundían propaganda y mentiras, que la televisora endulcaría en forma mucho más perversa y nefasta para el desarrollo político de nuestro país cuyo desastrosos resultados de desigualdad y violencia estamos viviendo.

En realidad se trataba de los jóvenes muchachos que vivieron en carne viva la represión de esos años, que tuvieron su cúspide vergonzante en la matanza del 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971, este último denominado El Halconazo. La guerra urbana fue su decisión. Para ellos, entonces, la vía electoral era una ficción pequeñoburguesa tan ineficaz como cómplice del gobierno autoritario –sostenían con pasión-.

Regresé a Colima a estudiar la normal de maestros y una primavera de 1979 en saliendo de mi trabajo de dibujante del despacho del ingeniero Enrique Cárdenas  Alcaraz, que se ubicaba al otro lado del cine Colima,  me detuve en la esquina de Morelos y De la Vega y divisé en la parte alta del edificio marcado con el número 97 el escudo del Partido Comunista y en su parte superior la leyenda de “Comité Estatal”. No sé por qué pero subí por las estrechas escaleras que conducían a la segunda planta y estando abierta la puerta del local entré y allí conocí al médico Armando Santana y al profesor Héberth Sánchez y desde entonces quedé vinculado a la militancia de izquierda pues ingresé al partido.

Al Partido Comunista, el haber renunciado a la vía armada como vía de acceso al poder político le costó ser etiquetado como un partido reformista y “ligth”, los verdaderos revolucionarios de esa época -se decía en ese entonces- eran todos aquellos que reivindicaban la vía armada. El PC pagó su precio al haber sido etiquetado como reformista, que entonces era un gran pecado y una traición a la causa revolucionaria. Éramos pues –según ellos-unos traidores.

Recuerdo una noche en el teatro Hidalgo a un Ricardo Pascoe soberbio, que vino a Colima a dar una conferencia para propiciar la unidad de las izquierdas, como nos tundió a las comunistas por estas posiciones “electoreras”-según su radicalismo  y pureza revolucionaria- y prácticamente nos excomulgó y nos dijo que el cielo no era para nosotros. Lo bueno era que venía en un plano diplomático y para fomentar la unidad imagínense si hubiera venido a debatir posiciones discrepantes. No dudo que nos hubiera mandado a fusilar.

En la actualidad he leído algunos textos de Ricardo Pascoe y lo veo convertido en un hombre conservador y reaccionario empeñado en derrocar al primer gobierno de izquierda que llegó al poder por la vía electoral y escribir maravillas de lo que fueron los gobiernos de Fox, Calderón y Peña Nieto. Nada que ver con aquel hombre que tragaba balas y me hizo sentir avergonzado de apoyar un partido reformista.

El Partido Comunista en poco tiempo se transformó en el PSUM (Partido Socialista Unificado de México) que sostenía en su punto 12 de la declaración de principios “Las actividades del Partido se llevan a cabo por medios pacíficos y por la vía democrática, pues la violencia procede de los opresores y explotadores para impedir el avance de la lucha del pueblo trabajador.” 

La Liga Comunista 23 de Septiembre fue un puñado de muchacho valientes que tuvieran la fuerza y la hombría de enfrentar un gobierno represor, que entonces, no ofrecía salidas. Hoy a la distancia sostengo que fueron hombres valientes y decididos, hacían lo que pensaban, eran congruentes.

Hubo en ese tiempo algunos camaradas que se decían revolucionarios radicales que no tuvieron la hombría de tomar las armas, sólo lo hacían de boca, en la bohemia y en las discusiones de café.

Yo opté por la vía pacífica electoral porque no tuve ni tengo las ganas ni la voluntad y porque no creo en la violencia como instrumento político, aunque sí la justificó cuando el Estado no les deja a los ciudadanos otra opción. La violencia actual de los y las autodenominadas anarquista es violencia conservador y reaccionaria que busca descarrillar a un gobierno de izquierda que tenemos el privilegio de contar con él. La últimas marchas donde atrozmente se vandalizó el Ángel de la Independencia, la librería  Gandhi y la Cámara de Comercio son una muestra de cómo avanza la violencia conservadora y reaccionaria que debemos frenar.

En aquellos años discrepé de la Liga Comunista 23 de Septiembre, pero ello no es impedimento para que los reconozca como muchachos que contribuyeron a forjar el país que hoy tenemos. Ellos hicieron lo que pensaban. No eran revolucionarios de café.

Mi militancia en el Partido Comunista y Socialista Unificado de México me ubicó en célula Valentín Campa Salazar. Las discusiones de café que sostuve con otros miembros de izquierda de esos tiempo las perdí todas pues éstos (los revolucionarios come balas) siempre reivindicaban la vía armada y nosotros por principios y porque así lo marcaban nuestros documentos básicos no podíamos sostenerla. Ser radical entonces vendía y provocaba el aplauso. Hoy las organizaciones de los radicales de izquierda de entonces ya no existen la sociedad los rechazó y se extinguieron como tales. La izquierda reformista hoy está en el poder y está encabezando el mejor gobierno que México ha tenido en décadas.

En Palacio Nacional se abrirá muy pronto una salada dedicada a los olvidados que se denominará Daniel Cabrera Rivera (periodista fundador del periódico El hijo del Ahuizote) en cuyo interior se expondrá la vida de aquellos que lucharon para la transformación de México a favor de los pobres. Ojalá y en ese recinto pronto podamos ver honrados a personajes como: los lideres ferrocarrileros Valentín Campa Salazar y Demetrio Vallejo; a los intelectuales Carlos Pereyra Boldrini y Arnaldo Córdova y; los políticos como Arnoldo Martínez Verdugo y Heberto Castillo Martínez que tanto hicieron para que el actual gobierno sea una realidad. 

Valientes sí, los muchachos de la liga porque fueron congruentes, aunque en su momento discrepamos con ellos en la táctica, pero al final de cuentas la estrategia triunfó y la izquierda está en el poder.

La violencia conservadora y reaccionaria de la derecha no pasará. Así destruyan monumentos, oficinas y libros su violencia no pasará.

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