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OPINIÓN

Los Gallos de Felipe Cruz

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Escrito por: Federico López Ramírez.

-Es mejor no meterse, regidora, pues no sabemos de quién se trate –comentaron en la Dirección de Seguridad a la regidora que apoyaba a mi amigo-.

Desde el mes de abril ya había puesto su denuncia ante la Dirección de Ecología. En ésta se abstuvieron de intervenir puesto que no había más quejas de otros tantos vecinos y le dieron carpetazo.

La Secretaría de Salud de plano ni lo atendió. Le dio el avión como dicen los muchachos.

Los gallos siguen cantando tan campantes y contaminado cotidianamente el vecindario.

Mi amigo había pasado a formar parte del más del 96% de los casos que quedan impune de las denuncias que hacen los ciudadanos frente a la autoridad.

El Reglamento Ambiental de Villa de Álvarez, Colima dice en su artículo 82: “Queda prohibido el funcionamiento de las zonas urbanas del municipio, los establos, gallineros, zahúrdas, o cualquier encierro o criadero de toda clase de animales, en razón de que producen desechos, olores y sustancias potencial mente nocivas para la salud y el medio ambiente.” Y de acuerdo al mismo las sanciones pudieran ser: arresto por 36 horas; multa de 50 a 150 días de salarios mínimos, en caso de personas físicas, y; de 100 a 250 días de salarios mínimos tratándose de personas morales.

Sin embargo, el presidente municipal nada hace. Perdón si hace algo, cobra su quincena muy puntualmente.

El gallinero instalado en una colonia del norte de Villa de Álvarez, que tanto malestar causa a mi amigo y a sus vecinos, es visto de muchas maneras por la autoridad, veamos: para la Dirección de Seguridad es un asunto de probable influyentismo de un amigo del presidente municipal, un tipo de poder político y poder económico muy fuerte y, por tanto, es mejor no meterse;  la Dirección de Ecología lo ve como un asunto de números, pues si sólo un vecino denuncia esta denuncia única no es suficiente para que la autoridad actúe, la pregunta sería entonces, ¿de cuántas denuncias precisa esta Dirección para poder actuar? ¿Cuántas denuncias beben de presentarse para que éstas prosperen? Dos, diez, mil, la colonia en masa y sus credenciales del INE para acreditar su residencia; la Secretaría de Salud de plano se fue por la vía rápida: ni lo vio ni lo oyó.

Mi amigo descubrió que la estadística es más brutal cuando uno es el actor de las mismas. Los fríos números se vuelven coraje y rabia contra la autoridad. Es cuando uno se pregunta para qué vinieron a pedir el voto esto señores si no quieren hacer nada, no quieren gobernar, porque gobernar es aplicar la ley y punto. 

El reglamento es claro. Lo que falta es autoridad. Y la legalidad tiene su primer momento en el municipio, la primera autoridad.

Cuenta Beatriz Espejo, en su libro Muros de Azogue, -manos o menos, porque estoy parafraseando de memoria- que tenía un  tío que se la pasaba todo el mes con un calendario en una mano y lápiz rojo en la otra y día con día iba marcando el día transcurrido y en llegando al día primero y al quince emitía la expresión ¡Ya chingue!

Así se la pasa Felipe Cruz esperando los días primero y quince de cada mes para decir: ¡ya chingue! Y bajar a la tesorería cobrar su cheque. Porque gobernar lo que se dice gobernar no es asunto que le preocupe mucho.

Mientras tanto mi amigo y sus vecinos tendrán que aguantar las consecuencias de que en su colonia esté instalado un gallinero, sus gallos, y todas las consecuencias que ello implica.

Los gallos que le preocupan a Felipe Cruz son los que competirán en la próxima elección para gobernador y poder decir –si la suerte le favorece y salen sus amigos o él favorecidos con alguna candidatura- ¡Ya chingue!

-¿Y los ciudadanos señor presidente?

-Ellos que se las arreglen como puedan.

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