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María Amelia Ramírez Medina

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1939-2019

Nació un  14 de agosto de 1939, precisamente 18 días antes que las tropas alemanas invadieran Polonia lo que marcaría el inicio de la devastadora Segunda Guerra Mundial, que su padre Federico, algunos años después, le relataría día a día con base en boletines informativos de la radio -según contaba ella misma-. Su signo zodiacal fue Leo, lo que la hacía una líder nata.

San Miguel de la Unión Tepames, Colima, fue su pueblo natal y Federico Ramírez y Eva Medina fueron sus padres. Fue la hija mayor de once hermanos: Luisa, Juvencia, Rosa, Velia, Federico, Blanca, Miguel, Guadalupe, Hortencia y José con quienes siempre fue fraternal y sólidamente solidaria. 

Se casó muy joven con Alejandro López Valdovinos con quien tuvo cinco hijos: Oscar, Federico, Alejandro, Rosío Noemí y José Ángel. 

La constante en su vida fue el trabajo. Trabajó para sus hermanos, para sus hijos y nietos. En el trabajo dejó su cuerpo pero también obtuvo la felicidad y el bienestar. El trabajo fue su vida. La hizo y la recreó. 

Después de la  partida temprana de Alejandro, apenas de 27 años, ella ya no fue la misma pues quedó herida de muerte. Dicen que la muerte de un hijo es imposible de superar, ella no la superó.

Dejó su espejo tapizado con las fotos de sus nietos y su imagen quedó atrapada dentro del mismo y hoy sólo refleja a sus nietos.  Amaranta del Rocío, Alejandra Natalí, Ameyali, Rocío del Mar, Susana San Juan, Ángel Alejandro, Melisa Carolina y Samantha  fueron todo para ella, quizá hasta el exceso, y su ejemplo quedó gravado indeleblemente en sus corazones y en sus recuerdos. Sus éxitos, actuales y futuros, siempre llevarán un pedacito de ella.

Si algo la definía era la palabra, portentosa. Siempre tuvo la cualidad de asombrar, conmover e imponer respeto. Supo amar u odiar según le dictara el corazón o la razón. 

En su vida pudo carecer de muchas cosas pero jamás de espíritu, por ende, la derrota para ella nunca fue una opción, porque siempre pensó, como el escritor Gabriel García Márquez, “que es la vida más que la muerte la que no tiene límites”.

A las cinco de la mañana con quince minutos del día cinco de septiembre formalmente dijo adiós a la vida. 

Adiós, Amelia, adiós.

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