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OPINIÓN

Los primeros Constituyentes de Colima

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Segunda parte y concluye.

Abelardo Ahumada

MANUEL ÁLVAREZ SE CONVIERTE EN GENERAL. –

Tal y como lo comentamos en la primera parte, el general Ignacio Comonfort, jefe del Ejército Restaurador de la Libertad, que se había levantado en contra del dictador Antonio López de Santa Anna, atacó a Zapotlán el Grande unos días antes de que terminara el mes de julio de 1855, y llegó a Colima el 29 de ese mismo mes, con similar intención, pero los integrantes del Cabildo de la ciudad, y el general Francisco Ponce de León, Jefe de las Operaciones Militares, del bando conservador, decidieron rendir la plaza para evitar conflictos y derramamiento de sangre.

Una vez logrado lo anterior, Comonfort nombró a don Manuel Álvarez Zamora (quien se encontraba en esos días exclusivamente dedicado al comercio y sus haciendas), Jefe Político del Territorio de Colima, e instaló una Junta Constituyente local que sentaría las bases para que la entidad tuviese una legislación propia.

Colateralmente, Comonfort le trajo a don Manuel una sorpresa: su admisión como  miembro destacado del Ejército Restaurador de la Libertad; el reconocimiento explícito a sus antecedentes militares y su recategorización como General de Brigada. Todo ello mediante un documento emitido y firmado por don Juan Álvarez, líder indiscutible de la Revolución de Ayutla, quien ya se perfilaba para sustituir en el cargo a don Antonio López de Santa Anna.

Ese interesante documento en su parte medular expresa: 

“En Atención a los méritos y servicios del Ciudadano Comandante de Batallón retirado, Manuel Álvarez, y a los que ha prestado a la causa de la libertad, en uso de las amplias facultades de que me encuentro investido, le confiero el grado de General de Brigada del Ejército Nacional, que aprobará el nuevo Supremo Gobierno que se establezca”.

Nombramiento que nos da a entender que los antiguos insurgentes sabían muy bien que don Manuel Álvarez había tomado parte en las luchas finales por la consecución de la Independencia y no como otros han dicho, que fue insurgente desde que la rebelión inició, puesto que el niño Manuel Álvarez nació en 1800, y la rebelión inició cuando él tenía apenas 10 años.

Aun cuando la Ley Lerdo (que ordenaba la incautación y la venta de los bienes eclesiásticos) se publicó en junio de 1856, el Jefe Político Manuel Álvarez se abstuvo de aplicarla, pero en abril de 1857 no pudo impedir “la jura de la Constitución”.

LIBERALES Y CONSERVADORES EN PUGNA. –

Dicho nombramiento, sin embargo, debió de molestar muy fuertemente tanto don José María Gutiérrez como al Gral. Francisco Ponce de León, quienes habían antecedido y sucedido en el cargo a don Manuel Álvarez durante su penúltimo período como tal, por obra y gracia de su Alteza Serenísima.

Pero a partir de ese momento, y ya con el dictador en retirada, las condiciones político militares en Colima fueron cada vez más orientándose hacia la revolución triunfante y, desde luego que, en lo sucesivo, don Manuel continuó apoyando la causa liberal.

Así llegó 1856 y, en enero, el Gral. Álvarez decidió conformar “un batallón mixto de infantería y caballería” que representara “la Guardia Nacional” en el Territorio que gobernaba y convocó para ello a varios muchachos y señores jóvenes de Colima. El oficial que quedó al cargo fue un viejo amigo y compañero de partido: el Coronel Liberato Maldonado. Pero por un grave error de apreciación de ambos, en dicho cuerpo castrense quedaron incrustados, incluso como oficiales, algunos elementos que habían militado años atrás bajo las órdenes de los generales Francisco Ponce de León y José María Mendoza, y que por el cariño, respeto o admiración que tenían por ellos, definitivamente no estuvieron de acuerdo cuando éstos fueron posteriormente “expulsados de Colima” por el nuevo Gral. Álvarez, a causa de las viejas y fuertes enemistades de carácter político-ideológico que tenían con él. Inconformidad y coraje que los integrantes conservadores del Batallón Comonfort (como finalmente se le llamó) en ese momento se abstuvieron de expresar.

Entre los oficiales fieles a Manuel Álvarez, estaban el ya mencionado Coronel Liberato Maldonado; el Comandante Felipe Grajeda y el Capitán Filomeno Medina; mientras que, apoyando muy soterradamente a Francisco Ponce de León, estaban los capitanes Mariano Béjar y José G. Rubio, y el Teniente Felipe Silva. Por mencionar a los más conocidos.

El noventa y tantos por cierto de los habitantes de Colima eran católicos practicantes, y no les cayó nada bien que obligaran a los militares y a los empleados del gobierno a participar en la mencionada jura.

LA CONSTITUCIÓN LIBERAL Y LOS EFECTOS QUE PROVOCÓ EN COLIMA. –

Y como atizando la lumbre que había encendido la famosísima Ley Juárez (expedida en noviembre de 1855), para suprimir, según eso, “los privilegios que gozaban clero y ejército”, y para establecer o reconocer “la igualdad de todos los ciudadanos”, el 25 de junio de 1856, se publicó la también muy famosa Ley Lerdo, que si bien en el papel pretendía “desamortizar los bienes del clero” para transformarlos en propiedad social y productiva, en los hechos se tradujo en una incautación descarada, para ofrecérselos enseguida, a precios realmente irrisorios, a quien quisiera comprarlos.

En cuanto a Colima toca, esos legisladores federales se apuntaron, sin embargo, un acierto, porque durante la sesión del 9 de diciembre de ese año, aprobaron, “sin discusión y por unanimidad de 82 votos”, que el territorio de Colima fuera elevado a la categoría de estado.

Y sólo unos pocos días después, fue muy notorio que la mayoría liberal se había impuesto en el Congreso y, que, aun cuando la redacción inicial de la Carta Magna iniciaba diciendo  “en nombre de Dios y con la autoridad del Pueblo Mexicano”, lo cierto fue que su articulado tuvo la muy clara intención de arrebatarle a la Iglesia todo el poder que aún pudiese conservar, quedando la Constitución  ante los ojos del pueblo católico (más del 90% de toda la población) como un documento ateo y no nada más laico.

Los constituyentes liberales sabían perfectamente todo eso, pero, engallados tal vez por el enorme triunfo que habían tenido contra la bancada conservadora, en una de las sesiones finales de enero de 1857, decidieron apretar el trinquete a sus opositores y establecieron el 5 de febrero como fecha obligada para jurar la Constitución, siendo que el segundo de los Diez Mandamientos, por los que regían su conducta la mayoría de los creyentes, prohibía “jurar en el nombre de Dios en vano”.

Tan inesperado dictamen propició que no pocos diputados se negaran al juramento, y que comenzara otro debate (de alcances nacionales) que se realizó en la prensa de aquel entonces. Todo ello mientras que los liberales “puros” obligaron al presidente Ignacio Comonfort, liberal moderado que no estaba de acuerdo con algunas partes del contenido de la Constitución, a promulgarla el 11 de marzo inmediato y, no conformes con eso, decretaron también la obligación de que todos los los empleados de los diversos niveles de gobierno en el país (militares, marinos, policías, jueces y tinterillos), deberían pronunciar, sin excepción, dicho juramento.

Frente a tamaño exceso legislativo, el arzobispo y los obispos mexicanos cometieron, sin embargo, otro, pues en respuesta a la obligación decretada por el Congreso, el arzobispo publicó un Edicto (que luego replicaron casi todos los obispos) amenazando con excomulgar a quienes juraran la Carta Federal. Poniendo así en el filo de la navaja a todos los empleados y a sus familias, porque se vieron ante la disyuntiva de perder el empleo (y sus ingresos) en caso de no jurar, o de quedar separados de la Iglesia y con peligro de su salvación eterna en caso de jurarla. 

Don Manuel Álvarez, católico practicante, como ya dije, se había hecho disimulado en cuanto a desamortizar los bienes eclesiásticos, pero, por otra parte, aspiraba a convertirse en el primer gobernador de Colima y, por eso, cuando recibió la orden de que debería propiciar “la jura” de la nueva Constitución, experimentó el mismo conflicto que la inmensa mayoría de sus empleados y subordinados, y la pospuso en espera de ver lo que sucedía en otras partes. 

CONFLICTO DE CONCIENCIA. –

Hasta ese momento los curas de Colima se habían abstenido de tomar partido, y de criticar desde el púlpito los actos del gobierno, e incluso don Manuel Álvarez y el párroco de Colima, don Vicente Zacarías Vargas mantenían su vieja amistad. Pero la admonición de los obispos llegó, en plena Cuaresma, a los pocos días de la orden de los diputados. Por lo que no pocos sacerdotes decidieron abordar el tema durante los entonces obligatorios “ejercicios cuaresmales” y comenzaron a difundir el edicto de excomunión.

Don Manuel tuvo todavía el cuidado de no violentar más esa situación y, como era costumbre en aquellos años, acudió al templo parroquial a participar en los ceremoniales más intensos de la Semana Santa, que en esa ocasión cayó del 6 al 11 de abril, pero no pudo posponer más los actos y programó la publicación de la Carta Federal para el lunes 12 y la jura para el martes 13, en plena Semana de Pascua. Significativos acontecimientos sobre los que citamos el testimonio de Ignacio Rodríguez, testigo presencial de los hechos:

“[El martes 13] un imponente e inusitado aparato, hacía afluir multitud de gentes a uno de los portales de la plaza de armas. Allí estaban todas las autoridades del Estado y se juró con toda solemnidad la Carta Federal […] acontecimiento memorable y nunca visto en esta ciudad”.

Este forzado acarreo concitó el repudio de no pocos integrantes del Batallón Comonfort y de los empleados del gobierno, quienes, obligados por la necesidad, se tuvieron que presentar a jurarla, aunque hubo algunos que prefirieron quedar cesantes que violentar lo que les dictaba su conciencia. Todo esto a la par que México entero se convulsionaba de un modo similar y comenzaba a correr la sangre por esos mismos enconos.

LAS PRIMERAS ELECCIONES PARA DIPUTADOS Y GOBERNADOR. –

Después de la jura llegó la orden de convocar a elecciones en Colima. Siendo ese caso un tanto emblemático, por cuanto se trataba de hacer efectiva su elevación a la categoría de Estado, y de  instalar, por ende, su primera Legislatura estatal, así como designar a de quienes habrían de integrar el Poder Judicial, que hasta la fecha tampoco existía como poder autónomo.

La convocatoria oficial para la elección de gobernador y diputados se emitió en mayo, previendo la conformación de siete Distritos y los comicios se programaron para el domingo 21 de junio. 

Casi sobra decir que no hubo ningún candidato opositor y que, por consecuencia, todos los candidatos propuestos pertenecían al partido liberal. Abusando, hoy puede decirse, de la fuerza y el número que tenían en ese momento. Abuso que provocó un soterrado rechazo entre los políticos y los militares que se movían dentro del bando conservador, y que se sintieron totalmente desplazados de los cargos públicos.

La elección se llevó a cabo en la fecha prevista y la Junta Electoral (integrada asimismo por amigos del Gral. Álvarez) entregó sus dictámenes el 9 de julio siguiente, declarando electos a don Manuel Álvarez Zamora como el primer gobernador de Colima, y a Francisco Vaca, Ramón R. de la Vega, Pedro Brizuela, Miguel Escoto, Juan N. Salazar, Antonio Cárdenas y Liberato Maldonado, diputados en ese orden, por cada uno de los siete distritos. 

Y en cuanto cabe al Poder Judicial, hay que decir que ese mismo año “se nombraron” seis “jueces de Primera Instancia”. Tres para la ciudad de Colima, uno para Almoloyan, otro para Comala y otro para Tecomán, más un Juez de lo Civil y un curioso Jurado de Vagos, cuyas funciones ignoro. Debiendo anotar yo aquí que para Manzanillo no hubo ningún cargo de elección popular porque no tenía entonces ni siquiera cien habitantes.

La toma de protesta del ciudadano Gobernador se programó para el 19 de julio. Pero por las necesidades de la organización de ese mismo acto y otros asuntos que lo ameritaban, los diputados comenzaron a sesionar desde varios días antes, y en una de esas sesiones eligieron como su presidente a don Ramón R. de la Vega. Mismo que, como se recordará, había presidido también la Junta Constituyente que estableció en Colima el general Comonfort.

Tales procederes y tales resultados no fueron aceptados por los miembros del partido conservador que, aun cuando no tuvieron oportunidad de participar en aquellas primeras elecciones, sí existían y operaban en Colima. Por lo que, recordando lo dicho por Ignacio Rodríguez, historiador liberal, podemos claramente inferir que comenzaron a operar para revertir de algún modo la situación. Como sería evidente ya casi para concluir agosto de ese año.

Pero no nos adelantemos otra vez y digamos que, estando todos aquellos primeros legisladores colimotes reunidos en el más amplio salón que se les acondicionó como sede en el entonces llamado Palacio del Ayuntamiento, se realizó la primera Sesión Solemne de que se tenga registro, y se le tomó protesta a don Manuel Álvarez ya como gobernador. Formalizando en este mismo acto la propia Diputación su entrada en la historia regional, cuando don Ramón de la Vega, puesto en pie como presidente, declaró: “Hoy, 19 de julio de 1857, se abre el Primer Período de sus Sesiones Ordinarias la Legislatura del Estado Libre de Colima”.

Y otro día, si hay oportunidad, les platicaré al menos una parte de lo que sucedió después. Pero por lo pronto les comento que pretendo irme dos semanas de vacaciones. Nos vemos, si Dios quiere, dentro de tres miércoles.

Aunque este cuadro no corresponde al Congreso local, así debieron ser, poco más o menos, las juntas de los primeros siete diputados que lo integraron.

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