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Las madres de Colima en busca de sus “ángeles desaparecidos”

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Colima, México, Avanzada (11/05/2019).- Este Día de las Madres, Carmen Sepúlveda Gómez marchó por las principales calles de la ciudad mostrando una lona con fotografías de su hijo Carlos Donaldo Campos Sepúlveda, de 24 años, quien se encuentra desaparecido desde el 19 de agosto de 2018, cuando salió de su casa en el municipio de Villa de Álvarez y desde entonces sus familiares no han tenido noticias de su paradero.

“¡Ayúdanos a localizarlo!”, es el clamor que encabeza una serie de imágenes impresas en colores sobre el área superior de la lona, mientras que en la parte inferior se encuentran unas líneas con los datos y características físicas del joven.

Carmen Sepúlveda formó parte de un grupo de madres y demás familiares de personas desaparecidas que salieron a las calles para manifestarse este 10 de mayo, con un recorrido desde el parque de la Piedra Lisa hasta el Palacio de Gobierno, en cuyo exterior se realizó un acto simbólico con veladoras encendidas, fotografías de víctimas y testimonios de sus familiares, para concluir en la Catedral con una misa en memoria de los desaparecidos.

Durante la caminata por la calzada Galván y la calle Madero, en la que participó medio centenar de personas vestidas de blanco en su mayoría, uno de los organizadores mencionaba mediante un altavoz los nombres de cada desaparecido, seguido de la expresión “¡hasta encontrarte!” y obtenía como respuesta de los demás manifestantes un “¡No presente!”.

Rostros invadidos por la tristeza, sollozos y lágrimas enmarcaron esta marcha que atrajo la atención de transeúntes, automovilistas y empleados de negocios que observaban expectantes el paso del pequeño contingente, en el que además de mujeres y hombres adultos también participaron niñas y niños portando fotografías de su padre o de su hermana o hermano mayor desaparecido.

Durante el acto realizado afuera del Palacio de Gobierno, Eva Verduzco de la Cruz, fundadora del colectivo “Desaparecidos de Colima”, hizo un llamado a las autoridades a trabajar más en la búsqueda de las personas desaparecidas, pues “lo que hacen es muy poco”.

Con la voz por momentos entrecortada, la joven que desde hace casi dos años busca a su hermano David, expuso: “Sabemos que su tiempo (de las autoridades) y el de nosotros no es el mismo, queremos no solamente ser escuchados, que de verdad veamos que avancen, no es posible que Colima sea un estado tan pequeño y haya tantos desaparecidos, no es posible que las autoridades digan que en este estado no pasa nada, cuando sí pasa mucho”.

Según las últimas cifras oficiales disponibles, correspondientes a abril de 2018, en Colima se encontraban desaparecidas 595 personas, pero en el último año se ha tenido conocimiento de muchos casos más, mientras que a la agrupación “Desaparecidos de Colima únicamente se han acercado los familiares de 120 víctimas.

A lo largo de la jornada por las personas desaparecidas, se escucharon historias de dolor y desesperación de madres, padres, hermanos, hermanas y demás familiares de víctimas de la mayor parte de los municipios del estado. También se evidenció la indolencia de servidores públicos del área de procuración de justicia, que no han proporcionado la atención adecuada a quienes acuden a tratar de presentar sus denuncias por la desaparición de un ser querido.

Carmen Sepúlveda contó que la última vez que vio a su hijo Carlos Donaldo Campos, de oficio tatuador, fue la noche del 19 de agosto pasado, cuando salió de su casa a recoger unos lentes a la casa de un amigo y según el testimonio de este último no llegó con él. Al día siguiente empezaron a buscarlo, desfilaron por varias oficinas hasta que les fue recibida la denuncia y ahí “empezó nuestro calvario”.

Al mes siguiente, a través de las redes sociales se enteró de que Eva Verduzco había convocado a formar una organización de familiares de desaparecidos y acudió a la primera reunión y desde entonces ha participado en el colectivo, incluso acudiendo a la búsqueda de fosas en terrenos donde sospechan que podría haber cuerpos sepultados.

Sobre la situación de las desapariciones de personas en el estado, Sepúlveda consideró que “es muy difícil, porque son muchas las familias que están sin sus hijos, sin sus hermanos, sin sus padres, sin sus madres, sobre todo en Colima, Manzanillo, Tecomán, Armería, Cuauhtémoc y Villa de Álvarez, pero muchas personas no denuncian las desapariciones, tienen miedo, por lo que hay muchos más casos de los que se dice”.

En lo particular, Carmen expuso: “Yo no busco a quién se lo llevó ni por qué se lo llevaron, yo sólo quiero a mi hijo, lo demás queda en manos de Dios”.

Comentó que haber marchado este día por su hijo la hizo sentir “triste y feliz a la vez, porque estoy haciendo algo por encontrarlo, y no nada más por el mío, estoy haciendo algo también por las mamás y los papás que no se animan a hacerlo, alguien tiene que levantar la voz y tenemos que hacerlo quienes podamos y queramos”.

En esta tarea, dijo, ha recibido el apoyo de su esposo, que es trabajador del Instituto Mexicano del Seguro Social, así como de su hijo de 20 años de edad y su hija de 27, y otros familiares.

La señora Silvia Larios, quien busca a su hija Alejandra —estudiante universitaria que un día salió a hacer una tarea y ya no regresó— dijo que para desgracia de miles de madres en el país sus hijos se han convertido en una estadística y que hablar de la violencia, la desesperación, la indiferencia y la ineptitud son cosas demasiado sabidas y demasiado vigentes.

“Cada una de las madres que estamos presentes —mencionó— tenemos una historia similar y un mismo dolor: enfrentamos nuestras propias batallas y eso nos ha llevado a unirnos, iniciamos una búsqueda de nuestros ángeles desaparecidos”.

Refirió que a sus hijos los educaron para ser personas de bien, “no son delincuentes, son estudiantes, trabajadores llenos de ilusiones con un mundo entero por descubrir, por conquistar… ese mundo que de la noche a la mañana desapareció, ya no está más aquí; la incertidumbre de saber qué pasó ha marcado a nuestras familias, a nuestros amigos, a sus amigos”.

Sobre las circunstancias de muchas de las desapariciones, Silvia Larios describió: “Nuestros hijos salieron a la escuela, al trabajo, en busca del novio, de la novia, de los amigos, de los compañeros y jamás llegaron, nadie los vio, nadie supo más de ellos”.

Definió a su hija desaparecida como “una persona normal, que para mí es el ser más especial a quien su familia busca sin cesar, por quien hemos encontrado fuerza y valor en nosotros mismos; ella nos ha demostrado que tenemos una gran fortaleza”.

No obstante los obstáculos que han encontrado en el camino, “seguimos adelante y no importa cuánto tiempo pase, seguiremos buscándola y en el camino ayudaremos a todas las mamás que sufren como yo; la ayuda a una sola mamá en la búsqueda y reunirla con su propio ángel valdrá la pena para todas, porque el dolor de todas es nuestro propio dolor y su búsqueda es la nuestra”, concluyó.

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