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OPINIÓN

Vislumbres. P.N.D.

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Escrito por: Abelardo Ahumada.

El lunes 6, desde muy temprano, se comenzó a difundir el contenido del Plan Nacional de Desarrollo elaborado por el presidente Andrés López Obrador y su principal equipo de colaboradores. Pero no bien acababa de enunciarse el índice de sus contenidos, cuando sus principales detractores, frustrados, tal vez, por la poca respuesta que el domingo 5 tuvo su convocatoria para promover marchas en todas las capitales del país en contra del nuevo gobierno, comenzaron a reaccionar de manera muy adversa…

A reserva de irlo analizando con mayor detalle, y aunque Marco Cortés, el presidente nacional del PAN afirme que “el PND sólo es un listado de buenas intenciones” que no dice cómo ni cuándo ni con qué alcanzará a cumplir los objetivos que pretende, a mí me parece un buen plan, distinto, eso sí, a los que habían expuesto los presidentes anteriores porque tiene dos o tres enfoques que, o no contenían aquéllos, o de plano son contrarios a los que contuvieron.

Se le acusa de no poner ningún énfasis en lo industrial, pero aparte de que eso no es cabalmente cierto, no se pondera que su mayor énfasis radica en reducir la desigualdad social, en generar mejores y mayores oportunidades para todos, en buscar una mayor autosuficiencia alimentaria con base en el desarrollo y el apuntalamiento del trabajo en el campo, y en cuidar hasta con cariño al medio ambiente, por citar sólo unos cuantos de los detalles que el documento resalta. 

En un primer acercamiento al PND se nota, por una parte, el enfoque político que, esbozado poco a poco desde sus muchos años de campaña, Andrés fue delineando, corrigiendo y replanteando hasta tener una idea general y más o menos bien definida de lo que él, sus colaboradores y la sociedad tendrían que hacer para mejorar las cosas en nuestro país y, por otra, el enfoque digamos más técnico, cuyo contenido se va desglosando en base a un índice que enarbola o expresa cinco metas nacionales.

Ambos enfoques contrastan, evidentemente con la política “neoliberal” y los enfoques monetaristas y de subordinación al FMI y el Banco Mundial que desde Miguel de la Madrid y hasta Enrique Peña Nieto (incluyendo a Fox y Calderón) estuvieron aplicando. Mientras que las cinco “metas nacionales”, vistas simplemente como metas, no creo que tengan un opositor sólido, porque todas parecen muy lógicas y nos dan la impresión de que sería muy bueno alcanzarlas. Veamos las dos iniciales: 

Meta Número 1: “Fortalecer el estado y lograr la paz”. La expectativa es que, al término de los 6 años de su gobierno, la violencia pudiese haber sido reducida a cuando menos un 50% de los indicadores que hoy tiene. Meta que se pretende logar no sólo mediante la implementación de la Guardia Nacional, sino mediante el fortalecimiento del sistema de justicia y el involucramiento de todos los niveles de gobierno en las acciones por realizar. 

Meta Número 2: “Integrar una sociedad con equidad, cohesión social e igualdad de oportunidades”. Meta que busca poner fin a la pobreza, la marginación y el hambre no sólo mediante programas masivos de apoyo asistencia a quienes lo requieran, sino mediante la promoción de una educación de calidad y la apertura de nuevas fuentes de trabajo, con empleos mejor remunerados con la participación del capital privado y del capital público, tratando de llevar a cabo la realización de al menos cinco grandes proyectos, como el de la apertura de la vía del tren maya, la reactivación y modernización del corredor transístmico, la ampliación y modernización de dos puertos marítimos situados en los extremos de dicho corredor y la construcción de la refinería de Dos Bocas, Tabasco, entre otros..   

POLÍTICA DESALINEADA”. –

Entre las múltiples reacciones negativas que la publicación de dicho Plan provocó, este martes escuché una que me pareció muy reveladora, por cuanto nos muestra lo que podría ser la base, digamos doctrinal, que se percibe detrás de tan airadas reacciones. 

Dicha reacción la pueden los lectores revisar en una entrevista que un reportero de CNN le hizo a Jorge Martínez, director de la Maestría en Finanzas de la Egade Business School, con sede (¿o sucursal?) en Monterrey, Nuevo León. Entrevista que el reportero inició dando como cosa probada la premisa de que hay un  gran pesimismo entre los inversionistas y los banqueros de dentro y de afuera del país sobre el crecimiento de la economía mexicana. Dando como supuesta prueba de su creencia, una especie de “encuesta” que sobre tales temas habría realizado el Banco de México a “37 especialistas” nacionales y extranjeros con un enfoque básico en relación a las previsiones de crecimiento de 2019 y 2020, que contrastan muy fuertemente con las previsiones optimistas que el mismo lunes 6 habría expresado el gabinete de López Obrador, y que nos dicen que hacia finales de su sexenio México estará creciendo al 6% anual.

En ese contexto fue muy notorio que el entrevistado ni siquiera parpadeó al escuchar semejante planteamiento y, como si estuviera muy convencido de lo mismo, inmediatamente afirmó: ”Sí, yo creo que sí, el pesimismo ha estado creciendo en México desde que en el evento de la elección se fue perfilando [como ganador] al presidente actual y, sabemos bien que sus políticas eran algo que pudieran estar desalineadas, digamos, con la visión de mercado que le da [una] bienvenida a la inversión extranjera de manera franca, como los modelos de mercado… como el consenso de Washington ha de alguna manera recomendado a los países emergentes como es México y… Bueno, desde que él [AMLO] llegó  [a la presidencia], algunas de sus acciones no se han leído bien en los mercados”.

Si uno analiza la conformación de ese párrafo descubre que es todo un galimatías, y que semejante modo de discurrir y expresarse no tendría que corresponder con quien afirma ser el director de una “maestría en finanzas”. Pero más allá de las evidentes limitaciones expresivas de tal “autoridad en la materia” exhibe, lo que puede muy bien deducirse de su desacomodado discurso, es la mentalidad de quienes están detrás del movimiento social que pretende y promueve la renuncia del presidente de México, sin darle un año siquiera de plazo para que concretice su plan de trabajo.

Me refiero a que, de conformidad con esa manera de pensar, la gran bronca de AMLO consiste en que se ha negado a seguir promoviendo los gigantescos negocios que, de común acuerdo con Peña Nieto, los grandes operadores del capital realizaron en el sexenio anterior y pensaban seguir realizando en caso de que triunfaran Anaya o Meade. Siendo por eso que acusan a AMLO de estar aplicando “políticas desalineadas del consenso de Washington”. Actitud que, bien vistas las cosas, los mexicanos le deberíamos aplaudir, por no ser entreguista.

FUTURISMO DESATADO. –

Tal y como ha sido una inveterada costumbre en nuestra pequeña entidad, no bien trascurrió el receso de las vacaciones de Semana Santa, cuando el “futurismo político” comenzó a ser práctica cotidiana en las mesas de café, en las bancas de ciertos jardines y en las coloridas páginas de los más connotados analistas locales. Tal y como si no hubiera mejores cosas que hacer o más temas en qué pensar.

Si tomamos en cuenta que apenas estamos en el quinto mes de 2019 y que para las más próximas elecciones estatales y municipales faltan dos años y pico, uno podría llegar a la conclusión de que todavía es muy temprano como para ponerse a pensar en quien podría ser el posible sucesor (o sucesora) de José Ignacio Peralta Sánchez, ni quiénes los próximos suspirantes de las diputaciones y las alcaldías. Pero como por otra parte siempre hay individuos a que arden en ansias por ser lo que no son y aspiran a pasar a la historia ocupando los más altos puestos de gobierno, siempre habrá, también, opinadores que les sigan el juego, o que por su cuenta aticen la lumbre para perfilar a alguien que les pueda, en su momento, devolver el favor, o premiar con alguna canonjía.  Una práctica desgraciadamente muy utilizada en nuestro medio y país, porque provoca que muchos de los trabajadores de los tres niveles de gobierno, que deberían estar esforzándose para procurar el bienestar del pueblo, se inquieten, se desconcentren, caigan en las redes de la elucubración y pese a que aún tienen dos años por delante, comiencen a preocuparse por la colocación que podrían o no tener inmediatamente después de las elecciones más próximas.

Así, pues, sin negar que la practica del futurismo sea ocasionalmente divertida (e interesante en algunos raros casos), mi apreciación es que, cuando inicia tan temprano como ahora se convierte más en una práctica perniciosa que daña la estabilidad y el buen funcionamiento de los gobiernos. Aunque me queda claro, también, que hay personas que en su inconsciente gozan con que estas cosas sucedan.

EXTRAÑAS E INTERESANTES COINCIDENCIAS. –

Este 8 de mayo se conmemora a nivel nacional el aniversario 266 del nacimiento del niño Miguel Hidalgo Costilla y Gallaga, en el rancho de San Vicente, de la jurisdicción de Pénjamo, Guanajuato, mientras que, a nivel local, en Colima se conmemora y celebra en esta misma fecha, el 125 aniversario de la consagración de la Catedral del obispado del mismo nombre. Hechos muy distantes entre sí, y que parecen no tener ninguna relación, aunque sí la tienen.  

Pero para hacerme entender mejor permítanme los lectores mencionar ciertos hechos históricos, empezando por decir que el templo donde hoy está fundada nuestra Catedral fue el primer el primer templo parroquial que hubo en toda esta parte del occidente de nuestro país, en los tiempos que se denominó la Nueva España. Con lo que quiero decir que fue el primer templo católico en todo lo que hoy son, al menos, los estados de Jalisco, Colima, Guanajuato y Michoacán.

Y lo segundo que quiero mencionar es que, aunque el niño Hidalgo haya nacido el 8 de mayo de 1753, y el templo parroquial de Colima haya sido consagrado como Catedral el 8 de mayo de 1894, resulta que ambos hechos estuvieron, en 1792, de algún modo íntimamente unidos. Todo eso porque en mayo de ese año quien era párroco de Colima era nada menos que el señor cura Hidalgo.

Pero si no es muy claro para el lector lo que acabo de afirmar, lo diré de otro modo: que me parece una coincidencia muy rara e interesante la de que el cura Miguel Hidalgo y Costilla haya nacido un ocho de mayo, y que la primera parroquia en donde él ofició (porque antes de eso jamás había sido párroco) haya sido consagrada como Catedral en una fecha similar y que, para terminar con este comentario, él, Hidalgo, se haya retirado de San Felipe de Colima a oficiar en San Felipe Guanajuato; y que en septiembre de 1810, ya entonces de Dolores, tras dar el famoso “Grito de Independencia”, él haya decidido enarbolar como bandera, un estandarte de la Virgen de Guadalupe, en tanto que 102 años más tarde, el primer obispo de Colima haya decidido consagrar su referida Catedral también a la Morenita del Tepeyac. Sorprendente. ¿No?

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