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Calor y muerte: un pequeño infierno

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Escrito por: Miguel Ángel Villaseñor Ziranda

La noticia de la masacre en Minatitlán, Veracruz, el pasado 19 de abril, nos estremeció a todos, las redes ardieron y la indignación fue notoria. Este lamentable hecho nos demostró que el ambiente de violencia está muy lejos de encontrarse controlada, como lo expresó el presidente en la mañanera del 12 de abril, cuando fue cuestionado por el periodista Jorge Ramos. Minatitlán es solo un ejemplo de loque vive el país. Todos los días son asesinados másde 90 personas. El problema de la inseguridad y violencia ha escalado a niveles no vistos y ha dejado de ser situación de algunos estados o regiones para convertirse en un evento nacional, de norte a sur y de este a oeste, en cualquier parte del país se comenten delitos como la extorsión, el secuestro yejecuciones.

Los números son claros, según lo publicado el pasado 20 de abril por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), el primer trimestre del presente año ha sido el más violento de los últimos 22 años (el SESNSP lleva registro desde 1997), pues el informe muestra que entre enero y marzo fueron asesinadas 8,493 personas en el país, superando el record alcanzado en el mismo periodo del año pasado, que se había colocado como los primeros tres meses de un año más violentos, con 7,750. 

De continuar con la tendencia, el 2019 podría convertirse en el año con más muertes (otro record roto) en la historia reciente del país, y en este tema Colima sigue siendo noticia al continuar como el estado con la mayor tasa de homicidio doloso (19.71 en los primeros 3 meses), por encima de estados como Baja California, Guerrero y Veracruz, este último que también vive una crisis de violencia. 

Colima, unos de los estados más pequeños del país(el tercero con menor extensión territorial) y el menos poblado. Ubicado en la región occidente, en la costa del pacífico, es una entidad mayormente dedicada a las actividades terciarias, el comercio y los servicios son los grandes generadores de economía. Este pequeño pedazo de tierra ofrece paisajes de playa en sus municipios costeros, así como de montaña en sus demarcaciones del centro y norte del estado, sobresaliendo las grandes elevaciones de los volcanes de Fuego y Nevado. 

A pesar de contar con elevaciones que superan los 1,500 y hasta los 2,000 metros sobre el nivel del mar, la mayor parte del territorio del estado es cálida, aquí no existe el invierno (20ya es un clima como para desempolvar el suéter para los colimotes), siempre hace calor, por ese lado se puede decir que nos encontramos en un pedacito de infierno, pues mientras en otras entidades se congelan hasta las orejas, aquí andamos en shorts y chanclas con el ventilador en el 3. Un pequeño y caluroso infierno en la costa del pacífico y resguardado por un coloso de fuego que de vez en cuando deja apreciar su actividad.

Aquí siempre es tiempo para comprar una refrescante tuba y beberla a la sombra de un árbol en el jardín Libertad del centro histórico de Colima o en alguna banca de la plaza principal de Manzanillo, apreciando el entrar y salir de los buques llenos de contenedores, que muestran la intensa actividad del puerto más importante del pacífico mexicano, dinamismo que ha traído desgracia al puerto y al estado…

De un tiempo para acá, esa metáfora del infierno dejó de hacer referencia solamente a la cuestión del clima, ya no se trata nada más el intenso calor, puesla presencia de grupos delictivos han convertido al estado de Colima en un cementerio, un lugar donde la muerte está presente cada día. Este otro infierno en el que se ha convertido este pequeño paraíso de playas y montañas no se combate con una bebida refrescante, ni bajo una sombra, tampoco se va por la llegada del “invierno”, de hecho, desde que llegó, no se ha marchado.

El 2016 fue el año en que Colima comenzó a figurar como el estado más violento del país, al tener la tasa más alta de homicidios dolosos por cada 100 milhabitantes, la cual fue de 68.23. Desde entonces la violencia en la entidad no ha cesado, llegando quizá a arrebatarnos la capacidad de asombro y volvernos insensibles a lo que sucede. Al principio nos sorprendía que hubiera tantos muertos en un día o una semana, ahora lo vemos como algo habitual,como una cosa que sucede en un lugar en el que dos de los más grandes y poderosos carteles de droga, el de Sinaloa y el de Jalisco, se disputan el territorio. 

El año 2017 fue el más sangriento en Colima, en 365 días 813 personas fueron asesinadas, 93.34 por cada 100 mil habitantes, la tasa más alta a nivel nacional y la segunda más alta que ha registrado un estado desde 1997 (la mayor la registró Chihuahua en 2010, fue de 110.71). De igual forma Colima se ha colocado entre los estados que más tiempo han permanecido en el primer lugar en tasa de homicidio, con tres años consecutivos (de 2016 a 2018, tres años). Otras entidades son Guerrero y Chihuahua con cuatro años, el primero de 1998 a 2001 y de 2012 a 2015, en cuanto al estado del norte fue de 2008 a 2011, coincidiendo con los años en que la violencia aumentó en el país.  

Esta guerra entre grupos rivales, que se pelean por el control del puerto de Manzanillo, ello para el trasiego cocaína y de sustancias químicas utilizadas para la elaboración de drogas sintéticas, ha deteriorado las condiciones de paz en la entidad, pues según el Índice de Paz en México, Colima pasó de estar en el lugar 21 en el índice 2015 al posicionarse en el 30 en 2019, ello debido al incremento en delitos de alto impacto, pero sobre todo por la cantidad de homicidios que se cometen. Manzanillo y Tecomán, dos de los municipios más importantes del estado, han llegado a posicionarse entre los más violentos del país. La promesa del actual gobernador de vivir felices y seguros no se ha cumplido.

Este pequeño pedacito de tierra en la orilla del Pacífico, lleno de palmeras y un clima cálido, dejó de ser ese lugar tranquilo que fue en algún tiempo para convertirse en campo de guerra, al igual que gran parte del país. La violencia ya no solo la viven ciertas regiones, se ha convertido en algo que afecta a estados del norte, sur y centro de México y la exigencia y esperanza de paz no es exclusiva de cierta clase social o grupo de personas, como mencionó el presidente en la mañanera del 23 de abril pasado, pues cuando se le cuestionó al respecto respondió que la exigencia de paz era básicamente de los “conservadores”.

Ni conservadores ni fifís, en Colima, y en todo el país, la gente de a pie es la que más padece las consecuencias del deterioro de las condiciones de seguridad y sobre las que el Estado no ha podido hacer absolutamente nada, no ha logrado cumplir una de sus principales y más básicas tareas, que es brindar seguridad a sus ciudadanos. Mientras seguimos conviviendo este clima de calor y muerte.

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