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Adiós, poetas, adiós

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Escrito por: Federico López Ramírez

Salíamos al campo 

y tu cuerpo minúsculo

se destacaba airoso 

en la grana y el oro del crepúsculo…

El redactor del anterior texto podría ser acusado de potencial violador porque entre líneas se adivina la actitud lasciva.

Desnudos, sí, desnudos:

el verde es más suave,

los guijarros más rudos.

El texto del anterior autor es obsceno y se adivina una intención perversa del individuo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

El creador del anterior texto, bien podría ser acusado de represor de la mujer, porque lo que él valora es mantener a la mujer muda sin su libertad de expresión (calladita se ve más bonita sería la traducción).

En las última esquinas

toqué sus pechos dormidos,

y se me abrieron de pronto

como ramos de jacintos.

El texto anterior es definitivamente un escrito de un tipo enfermo cuyas intenciones son muy claras: agredir sexualmente a una mujer.

Las policías municipales, estatales y federales; además de ministerios públicos y jueces, hoy en día, en un corrompido Estado se han dedicado, casi en forma generalizada, cosa que es muy grave y alarmante, ha criminalizar a las mujeres después de que éstas fueron agredidas por hombres machistas y perversos, que amparados en la impunidad galopante se sienten seguros para hacer el daño que provocan hacia el género femenino, porque saben que nada les pasará.

Igual suerte corren los hombres inocentes (me refiero a los que no han cometido delito alguno) que después de ser acusados en forma falsa, y sin pruebas, son hostigados por el feminismo más prístino o por mujeres perversas o sin escrúpulos que sólo para lograr sus fines aprovechan las tragedias de otras para su beneficio. El resultado es el mismo la inmolación de un ser inocente.

El feminismo prístino quiere criminalizar el lenguaje, a las caricias verbales, porque toda actitud amable, amorosa, las está metiendo en el mismo saco de la agresión sexual o de género. Por ese camino vamos a terminar por matar a todos los poetas y a su poesía.

Quién va a calificar si trata de una agresión o de una caricia verbal o una frase amable o cortés. Quién o quiénes serán los organizadores de los tribunales o las cortes juzgadoras. A ese paso vamos a matar el romanticismo y el trato amable para convertirnos en seres fríos y temerosos del prójimo y vamos a reducir la amabilidad a protocolos de palabras acartonadas y falsas.

Afortunadamente eso no sucederá porque la sociedad es maravillosa y es creativa para solucionar sus contradicciones más violentas y de odio como por la que estamos pasando.

Ramón López Velarde, Miguel Hernández, Pablo Neruda y Federico García Lorca nunca los correremos de nuestras vidas porque su humanismo es tan fuerte como nuestra esencia misma y jamás podremos decir: adiós, poetas, adiós. Porque se podrá vivir sin Dios pero no sin poesía.

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