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El dilema de la Cnte: retroceso o avance democrático

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Escrito por: Federico López Ramírez

Un mal diagnóstico conduce a una prescripción médica errónea y consecuentemente el agravamiento del paciente o incluso su muerte.

La Cnte en su declaración política sostiene textualmente: “es inaceptable que en el dictamen aprobado en las Comisiones Unidas de Educación y Puntos Constitucionales de la cámara de diputados, se mantenga en el artículo Tercero Constitucional el régimen de excepción laboral para el magisterio nacional; se siga conservando una visión educativa neoliberal bajo conceptos como “Excelencia”, “Calidad”, “Certificación” y se entregue la rectoría de la educación desde la Constitución a los grupos empresariales mediante organismos “autónomos” con facultades que le corresponden al gobierno mexicano a través de la Secretaría de Educación Pública.” (sic)

Siete renglones, en un texto de 30 páginas, que contiene su declaración política y las resoluciones de sus cuatro mesas de trabajo de su V Congreso Extraordinario. Así de genéricas son sus críticas al dictamen de reforma del artículo tercero Constitucional, además, todas sus demandas, tareas y pronunciamientos van a circunscribirse a asuntos de carácter solidario con otros movimientos y luchas sociales, legítimas y justas. Su intención, supongo, es darles un eco y una dimensión nacional para que éstas sean escuchadas y atendidas por la autoridad. 

Por otro lado hay un fuerte esfuerzo por caracterizar al gobierno de López Obrador como un gobierno muy similar al de Peña Nieto -nada más alejado de la realidad-. Su sincretismo, muy artificioso, tiene como objetivo poder empatar su discurso con una realidad a modo en la que empaten, tanto sus demandas, como su táctica política: movilización-negociación-movilización, que reivindican como instrumento de éxito político.

Sin embargo, pierde de visto una cosa muy importante, el gobierno de López Obrador es producto de una elección con votación masiva hacia la opción de Morena que le da una fuerte legitimidad, no sobra decir, que Peña Nieto y su antecesor carecían. Esta legitimidad no es una cosa menor. La Cnte es una parte de ese consenso electoral, que por cierto, no usa o no quiere usar ¿Por qué?, no lo sé, supongo que es táctico.

La Cnte al luchar por la abrogación de la mal llamada Reforma Educativa adquirió un enorme consenso dentro del sector magisterial que abarcó a charros institucionales, moderados y  a la enorme gama de posturas, y atrajo simpatizantes de ciudadanos, más allá del sector educativo,   porque la Reforma de Peña iba contra los intereses centrales de los maestros. Su propagandización que costó entre 2.5 a 3.0 mmdp demostró lo perverso del proyecto.

La Cnte al agredir con la misma ferocidad a Amlo con la que enfrentó a EPN equivoca su táctica y tira por la borda su capital político ganado en la anterior batalla. Su postura la está llevando a identificarse con los sectores más marginales de la sociedad, pero la va enfrentar con la mayoría de los ciudadanos y, lo peor,  a identificarse con los sectores más reaccionarios del país que está esperando una oportunidad de conseguir aliados para destruir las políticas sociales de Amlo.

Lo primero que va a perder la Cnte es su viabilidad para establecer los consensos al interior del Snte  y su objetivo, que le da razón de ser, de democratizar al sindicato. Esta táctica de la Cnte beneficia en primera instancia a los charros sindicales y los fortalece en sus espacios de poder, es decir, que terminan fortaleciendo a quienes dicen combatir.

Lo segundo, al exterior se convierten en el mejor pretexto de los críticos del régimen, principalmente la comentocracia, estarán de plácemes pues tendrán en la Cnte su brazo movilizado que dé tierra a su demagogia donde su teoría del caos tendrá una expresión objetiva que les dé, además, credibilidad.

Lo tercero. Su postura, dentro del contexto nacional, es inviable, porque la Cnte no es partido político que se proponga la toma del poder –aunque en sus posturas radicales y aglutinadoras en su práctica la ponen en esa perspectiva-, además, su lucha se circunscribe al ámbito magisterial y eso le da fuerza en sector, pero la debilita frente a los demás sectores. Asumirse como una fuerza aglutinadora de otros sectores –dígase ecologista, derechos humanos, defensa de la tierra y diversas organizaciones gremiales y reivindicadoras de los derechos de los pueblos originarios- le llevará tiempo, por tanto, deben preparase para ello, porque el sólo sector educativo, que es amplio, es insuficiente para plantearse una lucha nacional por su presencia geográfico, así como por su proyecto de nación que los aglutine. Y cuando se sitúe en este contexto los movimientos y partidos políticos también reaccionarán en este sentido y reducirán a la Cnte  a lo que es: un sector de la sociedad, importante, pero al fin un sector.

La Cnte debe precisar sus objetivos y concentrarse en ellos. Su objetivo debe ser lo que le da esencia: la lucha por la democratización del Snte. De no hacerlo terminará en un regresó a sus orígenes marginales y contestatarios.

Su dilema es: o  se democratiza y moderniza al Snte para convertirlo en un instrumento de los trabajadores de la educación o regresa a su marginalidad y políticas contestatarias fortaleciendo a los charros sindicales.

O avanza y desarrolla al Snte o se pierde en los laberintos propios de quienes no saben qué hacer ni saben cómo comportarse con lo hasta ahora ganado.

La Reforma Educativa impuesta por Peña Nieto los situó como líderes indiscutibles de los maestros pero también puede ser su motivo de su propio fracaso; los maestros saldrán adelante con ellos o sin ellos. Son tiempos  de retrocesos o avances democráticos.

La facción de la Cnte más radical precisa de un diagnóstico que ponga a Amlo en las mismas condiciones de los gobiernos de Peña y Calderón porque necesitan continuar con la misma táctica: movilización-negociación-movilización. Ese es un error de origen que si lo mantienen pagarán el costo político. Amlo tiene una aprobación superior al 80%, la sociedad está construyendo consensos en las nuevas políticas sociales, está en marcha un cambio de régimen que la Cnte ignora, no porque no lo ven sino porque pretenden conservar sus tácticas políticas del pasado.

La sociedad requiere de un sindicato de maestros que haga política en general y políticas educativa progresista en particular, de no hacerlo, la Cnte se va estancar y su movilización se irá diluyendo en mediano plazo y otros actores políticos ocuparán sus espacios. La Cnte debe debatir con ideas y principios no agritos y sombrerazos. Una de las mejores cosas de la izquierda es el impulso de ideas y del debate, la Cnte debe retomarlo para hacer consensos nacionales: tanto por su proyecto como por su presencia geográfica. Ganar el Snte debe ser su prioridad. 

En sus documentos políticos yo no observo debate de ideas, no observó una táctica que resulte de un diagnóstico riguroso y apegado a nuestra realidad actual. Tal vez algunos dirigentes busquen otras cosas y simplemente están proyectando su parte más débil: su incapacidad para enfrentar los retos de las nuevas circunstancias.

La Cnte tiene la palabra.

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