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Vislumbres. La polémica sobre los 500 años

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Escrito por: Abelardo Ahumada

LA POLÉMICA YA COMENZÓ. –

Hace poco más de un mes, cuando inicié la redacción de los apuntes que sobre los 500 años del inicio de la conquista de México he venido publicando cada semana, lo hice porque ya sabía que muchos otros historiadores y cronistas de nuestro país habrían de retomar este tema, como lo hicieron muchísimos en 1992, al cumplirse los primeros 500 años del equívocamente llamado “Descubrimiento de América” y al iniciarse la conquista y población de las primeras islas que, “a nombre de su Real Majestad”, indebidamente también, “tomaron posesión” Cristóbal Colón y sus compañeros de viaje. 

Pero algo que simplemente no podía prever fue que unas de las personas que habría de intervenir en el análisis de este interesante asunto, serían el presidente Andrés Manuel López Obrador, y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, y muchísimo menos la manera en que ellos intervendrían.

En varias ocasiones del año pasado, desde cuando AMLO ya era presidente electo, doña Beatriz anunció claramente que ella no admitiría sería nombrada “primera dama” del país y que no sería, tampoco, la presidenta del DIF, como lo habían sido algunas de las consortes de los anteriores presidentes, porque ella deseaba seguir desarrollando su actividad académica como docente, enfocada en la literatura y la historia. Aclaración por la cual no se sorprendió nadie cuando su marido, ya como presidente constitucional en funciones, la nombró coordinadora del Consejo Asesor Honorario de la iniciativa de Memoria Histórica y Cultural de México. Nombramiento que aplaudí.

Pero sí me sorprendí antier cuando vi y escuché a ambos en un video, teniendo a sus espaldas la gran escalera de la pirámide de Comalcalco, Tabasco, en el que su encumbrado esposo dijo que la tesis de maestría de doña Beatriz fue hecha sobre la vida y obra de Bernal Díaz del Castillo, principal cronista de la conquista de México. Pero la sorpresa se incrementó cuando, dos o tres minutos después, AMLO explicó (con ella apoyándolo tácitamente a menos de medio metro de él) que, justo el primer día de este mismo marzo, le habrían enviado a Felipe VI, actual rey de España, y al Papa Francisco, un par de para mí inconcebibles cartas “para que se haga un relato de agravios y que se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos; [porque] hubo matanzas, imposiciones [y porque …] la llamada conquista se hizo con la espada y con la cruz”. Todo ello con el supuesto propósito de que el 2021 sea “el año de la gran reconciliación”, según la pareja presidencial. 

El contenido de esas inconcebibles cartas se guardó en secreto durante un poco más de 20 días, pero al publicarse dicho video, el presidente de España ya no se aguantó más y salió a decir lo suyo, comentando que desde su perspectiva su homólogo mexicano abrió ya muy añejas heridas, y no fue por menos que en el comunicado oficial que hizo publicar, diga que “la llegada, hace 500 años, de los españoles a las actuales tierras mexicanas no puede juzgarse a la luz de consideraciones contemporáneas”, y que, “nuestros pueblos hermanos han sabido siempre leer nuestro pasado compartido sin ira y con una perspectiva constructiva”. Visión que, aun cuando no le pudiese gustar al presidente de México y a los que se sumen a su propuesta, no deja de ser cierta y se mira bastante prudente, pues no hay ninguna necesidad de atizar odios ni fomentar rencores, aun si, como se afirma, la intención final es la de promover la reconciliación entre España y América. Ya que, en los hechos, dicha reconciliación se comenzó a dar desde que el General Prim retiró a sus huestes de Veracruz a solicitud del presidente Juárez, y se ha ratificado de mil modos.

PRECISAR LA INTENCIÓN. –

Antes de continuar con la cuarta parte de los “500 AÑOS” que desde el 6 de este mismo marzo hemos venido publicando, quiero precisar que la intención que tuve al recopilar los muy diferentes testimonios que sobre tales acontecimientos se escribieron en el siglo XVI, fue para que nuestros pocos (o ¿nuestros muchos?) lectores, imposibilitados tal vez por sus prisas para conseguir todos esos textos, tuviesen una visión sintética de los hechos que, habiendo iniciado en los últimos meses de 1516 en Cuba, ya en marzo de 1519 estuvieron provocando una gran conmoción entre los habitantes de los pueblos autóctonos ubicados en las costas de la Península de Yucatán y en las de los actuales estados de Campeche, Tabasco y Veracruz. Todo eso con el propósito de que pudiésemos entender mejor porqué, sin ser oriundos de la Península Ibérica, pensamos, hablamos y escribimos en español (o castellano), y porque (al menos a mí) me queda muy claro que  las decisiones que en aquel marzo de 1519 tomaron Hernán Cortés y sus compañeros, por un lado, y Moctezuma y sus subordinados, por otro,  marcaron el acontecer, no sólo de cuanto ocurriría en los dos años siguientes, sino de lo que hoy es México y somos sus habitantes.

Y preciso esto con algún énfasis porque, tomando hoy en cuenta las cartas que dice haber enviado AMLO al actual rey de España y al Papa, quiero mantenerme al margen de las reacciones que ya comenzaron a provocar, en la medida de que con la muy apretada síntesis histórica que estoy tratando de hacer, no quiero calentar los ánimos de nadie, ni atizar los odios racistas que desafortunadamente subsisten en nuestra sociedad, sino aportar un poco de luz sobre cuanto aconteció en aquellos ya muy remotos días.

TRES SUBTEMAS EN REVISIÓN. –

Volviendo al punto en que la semana pasada dejé mi relación, quiero recordar (a quienes la hayan leído) que intencionadamente dejé tres subtemas apuntalados: el primero tiene que ver con el hecho de que los emisarios de Moctezuma estaban esperando en las playas cercanas a San Juan de Ulúa a que llegaran las naves en que venían Hernán Cortés y los suyos. El segundo hace referencia a que los españoles comandados por el ex conquistador de Cuba llegaron a ese sitio la tarde del Jueves Santo, correspondiente al 20 de marzo de 1519, y que desembarcaron en los arenales que había en la playa en la mañana del “Viernes de la Cruz” (como también le decían ellos al Viernes Santo), decidiendo fundar “casi inmediatamente” una villa española en las inmediaciones de aquel lugar. Y el tercero hace referencia a los testimonios que, con su muy particular modo de escribir, dejaron los cronistas autóctonos, contemporáneos de Moctezuma Xocoyotzin y Hernán Cortés.  

Sobre el primer punto caben las preguntas ¿cómo pudo ser posible que los emisarios de Moctezuma estuviesen esperando a que llegaran las naos de Cortés?  Y sobre el segundo y el tercero caben otras más, pero no nos adelantemos y vayamos por partes: 

La primera y más inmediata respuesta la brindó con conocimiento de causa (“como testigo que fui de vistas”) el ya multimencionado cronista Bernal Díaz del Castillo cuando, al redactar los capítulos relativos a la expedición de Juan de Grijalva, dice que Moctezuma : “tuvo noticia desde la primera vez que venimos con Francisco Hernández de Córdoba, [de] lo que nos aconteció en la batalla de Cotoche y en la de Champotón, y ahora de este viaje con los mismos de Champotón”, etc. Y más adelante menciona que cuando las naos de Grijalva atracaron junto al islote que hoy se conoce como San Juan de Ulúa, hubo otra gente de Moctezuma que interactuó con ellos, y que intercambió algunas piezas de oro y plata por cuentas de vidrio de colores, espejos, tijeras, cuchillos y otra quincallería.

Siendo ése el motivo por el que, a partir de aquellos precisos momentos, Moctezuma ordenó a sus súbditos de la costa que estuvieran siempre pendientes de cuantas nuevas velas vieran, y de que le avisaran de cualquier arribo de “los dioses”, como él llamó inicialmente a “los hombres blancos”.

Y en esa tercera expedición, Moctezuma supo del arribo de las naos desde cuando Cortés y los suyos tuvieron el primer enfrentamiento armado con los tabasqueños de Centla. Dato por el cual ya no les fue muy difícil seguir su recorrido desde la costa, y calcular más o menos cuando aportarían los barcos junto al islote mencionado.

EL AÑO DEL GRAN COMETA. –

Pero hay, sin embargo, otros datos muy interesantes de los que Moctezuma tuvo anterior conocimiento, y que no quisiera dejar de mencionar: me refiero a las famosísimas “señales” y a los interesantísimos “presagios” que aparecen en los llamados Códices de la Conquista, y que “desde diez años antes de que aparecieran los españoles”, comenzaron a comentarse entre los más perspicaces habitantes de Tenochtitlan y sus alrededores, comenzando por lo que se solía decir del sabio Nezahualpilli, gran tlatoani texcocano, hijo de Netzahualcóyotl.

En este mismo sentido narra fray Diego Durán (uno de los primeros frailes que se dedicaron a entrevistar a los indígenas y a escribir de su historia) que Nezahualpilli, rey de Texcoco, “estaba en opinión de [ser] nigromántico [adivinador] y hechicero”, y que “tenía sus prácticas y alianzas con el demonio, el cual le declaraba muchas cosas futuras y por venir, las cuales él sacaba por conjeturas”. Dice además que, precedido por esa fama, un día de 1508, estando Moctezuma Xocoyótzin “muy descuidado”, le avisaron que “el rey de Texcoco, Nezahualpilli” acababa de llegar a su palacio y lo estaba esperando. Por lo que, Moctezuma, “admirándose de su venida, tan repentina y sin pensar, salió de su recogimiento a recibirle”, y haciéndose las cortesías ordinarias el uno y el otro, pasaron a uno de los aposentos, en donde el tlatoani mexica le preguntó al texcocano la causa de su venida. A lo que Nezahualpilli dijo: “Poderoso y gran señor: mucho quisiera no inquietar tu ánimo quieto y reposado; pero fuérzame la obligación que tengo de servirte y darte cuenta de una cosa extraña y maravillosa que, por permiso y voluntad del Señor de los Cielos, de la noche y el día y del aire, ha de acontecer en tu tiempo. Por lo cual debes estar avisado y advertido y con mucho cuidado, porque yo he alcanzado [a discernir y entender], por cosa muy verdadera, que de aquí a muy pocos años nuestras ciudades serán destruidas y asoladas, nosotros y nuestros hijos muertos y nuestros vasallos apocados y destruidos, y de esto no tengo duda. Y para clarificar más lo que te digo, y para que conozcas ser verdad… antes de muchos días verás en el cielo señales que serán pronóstico de lo que te digo”.

Al  oír esto de quien, como se mencionó arriba, era reputado por adivino y hechicero, Moctezuma, supersticioso en grado sumo, se comenzó a preocupar por el augurio tan  amenazante y, con probabilidad, a preguntarse dónde, cómo y cuándo había podido Nezahualpilli enterarse de lo que afirmó pero, distraído del tema por la necesidad de atender otros, numerosos asuntos, no se volvió a acordar de él sino hasta unos pocos meses después, cuando, según lo refieren las fuentes, en el año de 1509 apareció un gran cometa, cuya  larga y fosforescente cauda (“inflamación”, dijeron)  pudo observarse todo el año desde Cempoala, en el actual Golfo de México, hasta Colima, ubicada junto al Pacífico. Aparición que, debido al hecho de que todos aquellos pueblos no habían logrado incluir el conocimiento científico en sus acervos, percibieron como un fenómeno sumamente perturbador al que interpretaron como una señal de la que no podrían esperarse sino anuncios de graves calamidades. 

Y afirma el mismo fraile que, un tiempo antes de morir, Nezahualpilli (quien falleció en 1515), se volvió a ver con su colega Moctezuma, y le reiteró el anunció “sobre [las] cosas espantosas y de admiración grande” que habrían de acontecer “en todas nuestras tierras”, al grado de que habría “muertes innumerables” y se perderían (o desaparecerían) “todos nuestros señoríos”.

En ambas ocasiones Moctezuma se quedó consternado por lo que escuchó, pero al cabo de algunos meses y por las muchas preocupaciones que seguramente tenía, volvió a olvidarse de los ominosos mensajes del rey texcocano, pero ¿cómo fue, entonces, que el perspicaz hijo de Netzahualcóyotl pudo ser tan clarividente? 

De todo eso y más vamos a saber la próxima semana. 

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