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“Te arrancan la vida cuando te desaparecen un hijo”

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Colima, México, Avanzada (11/03/2019).- Llega un punto donde la vida se detiene. La intensidad del sol, o los festejos de cumpleaños pierden sentido, “no hay nada que te motive, ni siquiera el tener otros hijos que van y te dicen: ya, mamá, no llore. Lo vamos a encontrar”.
Así es como vive doña Cande, una mujer originaria del municipio de Villa de Álvarez y que todos los días lucha por sobrevivir a la desaparición de su hijo.
El 23 de septiembre de 2018, Josué fue visto por última vez en una casa de la colonia Juan José Ríos a donde acudió a entregar un vehículo que le había prestado un amigo para poder surtir un cilindro de gas en uno de los expendios que se encuentran en la zona conurbada. Desde ese domingo de hace seis meses, y hasta el momento, no se sabe nada de él: ni una huella, ni una pista, ni un mensaje.
Su ausencia es el más grande enigma al que se enfrenta la familia, “es tan terrible, tan doloroso que no encuentras palabras para explicar lo que sucede y el tremendo dolor que deja en la familia. De pronto es como si nunca hubiera existido, pero tenemos su ropa, sus cosas, su olor, sus fotografías. Él estaba con nosotros y alguien se lo llevó. Nos dejó muertos en vida, porque así es esto”, dice doña Cande mientras trata de contener las lágrimas. “Todos los días buscas un motivo para seguir y a veces no lo encuentras, pero andas, comes y haces cosas porque las tienes que hacer.
Para mí, ha sido como si me arrancaran el corazón. A veces me doy cuenta que estoy llorando, así de la nada, y es que pienso que mi muchacho ningún mal hacía, y yo espero encontrarlo. Todos los días pienso en que lo encontraré”, dice, para después mencionar que forma parte del Comité de Búsqueda de Personas que se conformó hace algunos meses en el estado para buscar a los desaparecidos. La mujer recuerda que su hijo se dedicaba a la plomería y era una persona que tenía una forma honesta de vivir, “jamás vimos que él anduviera mal, siempre trabajaba con su papá. Él mide 1.90 y pesa más de 150 kilos, era robusto, por eso no sabemos qué pudo haber pasado”.
Doña Cande señala que decidió unirse al Comité de Búsqueda de Personas porque no puede quedarse en su casa esperando a ver qué sucede, “hemos encontrado personas en fosas pero no son nuestros familiares. Hemos ido a varias partes a buscar, sobre todo en Manzanillo”.
La mujer refiere que jamás había escuchado sobre los desaparecidos en Colima hasta que le sucedió, “esto no es vivir. Uno camina por caminar, come por comer. Se acaba todo, aunque tengas más familia”, dice mientras la voz se entre corta, después menciona, “es que se pierde todo. Yo tenía trabajo y me lo quitaron porque como tengo un hijo desparecido mis patrones me dijeron que posiblemente me iban a seguir y a ellos los iba a meter en problemas, por eso me despidieron después de siete años de trabajar”.
-¿Ha encontrado el apoyo en alguien más. Sus vecinos, por ejemplo? “No, estoy sola. Posiblemente por miedo no hablan y me he enfrentado a que digan que quién sabe por qué se lo llevarían, pero él no hacía nada, era un muchacho normal. Ahora hago manualidades para mantenerme, antes cuidaba a una señora que tenía parálisis, pero ya no, porque hasta el trabajo perdí”.
“Me he sentido muy triste y peor porque tengo más hijos y nietos, pero es que me falta uno y no puedo estar tranquila o en paz sabiendo que por ahí se encuentra, que está sufriendo o que sufrió. La esperanza que tengo es de poderlo encontrar y hasta que se me seque el corazón dejaré de buscarlo”.
Por su parte, don Roberto Castañeda camina por los lugares más inhóspitos en Tecomán, el municipio con la tasa más alta de homicidios dolosos en el país.
Sabe que el peligro que existe en las calles es mucho, pero se arriesga todos los días en búsqueda de su pequeña, Kelsy Naomi. La menor de 9 años de edad desapareció el 19 de mayo de 2017 en la cabecera del municipio, cuando ella salió a vender donas con una señora y hasta la fecha no se le ha localizado.
“Ha sido un golpe terrible, Mis hijos, mi esposa y yo sufrimos por nuestra hija y quiero encontrarla ya sea viva o muerta”, dice el hombre mientras se frota las manos. Con sus propios recursos, los cuales son limitados, acude a cualquier lugar donde le mencionan que vieron a su pequeña, “pero han sido puras mentiras. Esto es estar muerto en vida”.
Don Roberto alza la voz cada que se puede, “a mi hija no la busca la autoridad, aunque es una niña. Me siento solo en esto”, dice, para después afirmar que no descansará hasta saber qué sucedió con su hija.

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