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Un libro para leerse con y sin nostalgia

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Fotografía tomada de Twitter.
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Escrito por: Federico López Ramírez

   Biografías breves de maestros colimenses de vocación; las disparadas acciones de púberes canéforas y su maestro inspirador; repaso a las obras de los alarifes del siglo XX; algunas miradas a la vida del general González Lugo y; un acercamiento a la vida de Alberto Isaac Ahumada, son los tópicos del libro Personajes, recuerdos y sucesos colimenses escrito por Manuel Godina, Javier C. Bravo M., Crispín Calvario, Carlos Valdez y Amador Contreras.

   Es un  libro para leerse con y sin nostalgia. Quienes andamos entre los 50 años y más lo leeremos con nostalgia porque llegamos a conocer a algunos de los personajes.  A otros personajes nos acercamos  por dichos y escritos y, otros tantos más, por referencias estrictamente bibliográficas. Quienes están abajo del rango de edad, que señalé con anterioridad, no tendrán ninguna nostalgia, pues todo es historia para ellos. Otros lo leerán con nostalgia porque añoran ese pasado caracterizado por el partido único, la unanimidad política y la ausencia de diversidad de pensamiento. Otros lo leerán sin nostalgia porque su juventud no les permite verse reflejados en ese espejo y porque ya conocen un Colima con múltiples partidos, con distintas formas de pensamiento político y una sociedad abierta y con ascendencia de las libertades individuales. Otros lo leerán con y sin nostalgia porque ya no quieren una sociedad cerrada y autoritaria pero si quieren una sociedad con valores, que los maestros de vocación instruyeron –según el texto del profesor Manuel Godina-, y que también subyacen en los demás textos incluidos en el volumen.

  Para empezar con nostalgia. El primer texto de este libro breve, escrito por el profesor Manuel Godina, de rápida y grata lectura, inicia con las tres biografías de los maestros de fama nacional: Gregorio Torres Quintero, Enrique Corona Morfín y Rubén Vizcarra. Remata con ocho biografías de los maestros egresados de la Normal de Colima en la década de los años veinte donde incluye a Antonio Barbosa Heldt, Susana Ortiz Silva hasta Manuel Godina Horta entre otros.

  Para seguir con nostalgia. Javier C. Bravo Magaña presenta un texto que recuerda al profesor Pancho Hernández, retratado a partir de las memorias de memoria del autor, donde nos describe y relata las andanzas de una bola de púberes canéforas, groseros, irreverentes y temerarios, casi irredimibles, que etiquetan con una enorme liviandad a todos y cada uno de sus maestros, pero recuerdan con gratitud a quien fue único en su tiempo: el maestro Pancho Hernández. Maestro perfectamente descrito por  Javier C. Magaña como el gran inspirador de su generación y de otras tantas que le profesaron gratitud y cariño enormes.

   Por cierto, el libro cuenta con dos ilustraciones del profesor Jesús Enríquez Casillas, maestro inspirador de mi generación y de muchas más, que nos enseñó que un maestro aparte de talento, creatividad e inteligencia, debe tener disciplina, pues sin disciplina no es nada. Él mismo era una muestra de la buena presentación y disciplina que debe tener un docente. Sus clases, sus escritos en el pizarrón y su discurso daban fe del orden y la disciplina. El maestro Jesús Enríquez también era un maestro que inspiraba.

   Se continúa con nostalgia y curiosidad al leer la reseña de las vidas de Juan y Victoriano Calvario Cuevas escrita por Crispín Calvario Zamora, que nos relata cómo estos alarifes colimenses construyeron y conservaron los escasos edificios que en Colima perviven  a pesar de ser una tierra de temblores, ciclones y erupciones. Esa gustada manera de llamar alarifes a los constructores nos recuerda nuestra veta árabe y el porqué, en Colima,  hablamos de adoquín, alféizar, alcázar, alcoba, aljibe, adobe, alcantarilla y azulejo. Es lo árabe que los colimenses llevamos dentro.

   Para el recuerdo y sin nostalgia. En el texto dedicado al general González Lugo el lector disfrutará de algunos recuerdos de personas que conocieron al General y cómo se organizó el conciliábulo en el que el señor Rafael Lucía, obrero empedrador del ayuntamiento de Colima, pasaría a ser la imagen del Rey de Colimán y quedaría inmortalizado en la estatua ubicada en la entrada sur de la ciudad de Colima, que muchos años después, una mañana de los años setenta amanecería luciendo un hermoso mandil, porque los colimenses tendríamos una gobernadora y los muy machos se sintieron muy ofendidos. En este texto el lector conocerá como fue impuesto el General por el presidente Miguel Alemán; sabrá del  “camarazó” y; cómo los colaboradores del General se enriquecieron a la sombra de éste.

   Por último, Amador Contreras Torres, nos traerá a la memoria la imagen del güero Alberto Isaac. Precisamente donde el termina su texto es donde yo conocí a la Flecha Colimense. Fue en la alberca de Los Caballos (hoy banco Santander Serfín), siendo yo niño, por primera vez vi a Alberto Isaac. Lo vi platicando amenamente con Angélica María. Ellos se habían encontrado por casualidad, pues ella iba hacia Manzanillo y él estaba filmando la película el Rincón de las Vírgenes. Emilio Fernández estaba en una mesa charlando con otras personas y personal de la filmación llevaban y traían vestuario. Yo sólo reconocí a Angélica María a los demás no los reconocí, no tenía ni idea quiénes eran, eso lo supe muchos años después. La vida también me volvería a juntar con don Alberto Isaac, cuando éste en una campaña local del PRD filmó una entrevista de Cuauhtémoc Cárdenas que se utilizaría como propaganda política. Fue en ese encuentro cuando Alberto Isaac hizo un comentario, que a varios nos sorprendió, pues platicó que siendo director del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) en una reunión de trabajo en Los Pinos, sorpresivamente entró al salón de la reunión el presidente Miguel de la Madrid, en pleno estado de ebriedad, quien rápidamente fue sacado de ahí por el Estado Mayor Presidencial, en forma apresurada y discreta, luego, personal de éste les advirtió a los testigos que se les prohibía estrictamente comentar el suceso. Esto no sucedió –les dijeron autoritariamente a todos los allí presentes-. 

   Esta anécdota platicada por don Alberto Isaac me dejó clara la idea del porqué los presidentes de México nunca se equivocan ni hacen ningún ridículo y terminan invictos sus periodos presidenciales. Son (eran) artificialmente infalibles.

   El libro se concentra en personajes que hicieron sus vidas entre 1920 y 1960; que se dan en un contexto político autoritario y una sociedad cerrada. La clase política de esos tiempos hará crisis precisamente en el año de 1968 que será el hito que explica la sociedad actual que somos. La corrupción y el autoritarismo terminó por colapsar a la sociedad política; sin embargo, lo que hicieron o dejaron de hacer son el sino de lo que hoy somos.

   El libro Personajes, Recuerdos y Sucesos Colimenses (Libro colectivo que recupera recuerdos y hechos del ayer colimense) es un pequeño texto de casi cien páginas para leerse con y sin nostalgia como lo diría Mario Benedetti.

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