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A Janeth y Alejandra las jalonearon, hirieron e intentaron raptarlas en Colima y Manzanillo

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Víctima de agresión.
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Colima, México, Avanzada (06/02/2019).- La vida puede cambiar en un segundo, a plena luz del día y más, si se vive en Colima, un estado con las tasas más altas en el país de homicidios dolosos y feminicidios por cada 100 mil habitantes, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Janeth y Alejandra son dos jóvenes que fueron víctimas de la delincuencia que azota a Colima, sin embargo, a diferencia de otras mujeres, ellas lograron escapar de quienes pretendían raptarlas y denunciaron lo que les había sucedido en las calles de capital del Estado y el municipio de Manzanillo.
Sus testimonios son una de las pruebas que demuestran que en Colima, en ningún lugar: ni en el ámbito público o privado, las mujeres están seguras, y a salvo.
“Va a sonar paranoico pero no quiero ni ir al baño sola. No he regresado a la escuela; tenía que ir, pero no he podido. Esto (las agresiones) te quitan la tranquilidad de caminar por las calles que recorriste, las calles que conoces, sin importar la hora”, señala Janeth Quiroz, una joven de 22 años de edad, que el pasado 31 de enero fue víctima de un intento de rapto en la calle Faisanes en el municipio de Manzanillo.
La estudiante de octavo semestre de la carrera de Derecho, y madre de una pequeña niña, trata de retomar sus actividades después de que logró escapar de tres hombres que pretendían subirla a la fuerza a una camioneta negra que tenía una puerta corrediza, pero, el impacto de lo que le sucedió no le ha permitido regresar a su rutina sin ningún temor.
“Las placas no las pude ver, pero sí sé que la camioneta era negra y tenía una puerta corrediza, porque antes de que empezaran a jalarme, escuché el sonido de la puerta y comenzaron los jaloneos, todavía me duele la cabeza de lo fuerte que me sujetaron del cabello”, dice.
-¿Te decían algo mientras te jalaban?
“Yo empecé a gritar, a patalear, a morder. Grité muy fuerte y sé que me escucharon las personas que estaban en sus casas, pero no salieron; supongo que por la situación de inseguridad. Uno me decía: ya cálmate, cálmate, sino te la voy a enterrar y sacó una navaja. Yo me jalé, pero me cortó entre el cuello y el cachete”.
Por la herida, Janeth recibió cinco puntadas en la clínica del Seguro Social en Manzanillo, donde fue atendida después de interponer la denuncia ante la agencia del Ministerio Público.
“Logré escapar porque pasó un motociclista que gritó que me dejaran en paz; que ya venía la patrulla. Así que los que me estaban jalando, dos de ellos vestidos de negro y con un pedazo de tela que les cubría la cara, voltearon a ver si era verdad, bajaron su fuerza y fue como yo me les jalé y pude correr hasta el final de la calle donde encontré una señora que vende tacos y a la que había saludado minutos antes; ella me auxilió”.
La agresión de Janet sucedió a las 12:30 del día del miércoles 31 de enero, “iba caminando por la calle Faisanes cuando un muchacho joven me preguntó que dónde se encontraba la clínica del IMSS, como iba en una camioneta que estaba circulando en sentido contrario, me voltee para decirle por dónde se tenía que ir, y fue cuando escuché que se abría la puerta corrediza de la camioneta e inició el jaloneo”.
La falta de solidaridad ante su caso, Janeth la ha experimentado en dos ocasiones, la primera cuando gritó que la intentaban secuestrar y nadie salió a auxiliarla, la segunda cuando contó su historia en las redes sociales y recibió una serie de comentarios negativos.
“Algunos de ellos me han intentado responsabilizar a mí de lo sucedido, cuando yo iba hasta con el uniforme de la escuela. Es grave lo que sucede con la violencia, porque ya no estamos seguras y falta que la gente sea más solidaria con las víctimas”, lamentó.
Un día después del intento de rapto de Janet, Alejandra sufrió una situación similar. En la colonia Antorcha en la capital del Estado, a las 10:30 de la mañana, un par de hombres comenzaron a forcejear con ella e intentaron subirla a una camioneta.
Uno de los agresores llevaba pasamontañas, mientras que el otro una gorra y lentes. Durante el ataque, Alejandra recibió algunas cortadas en las manos, cuello, pómulo izquierdo y la frente, pero logró escapar. Después de la agresión, la joven señaló, “con esto pongo en claro que no sólo las mujeres, sino todos estamos expuestos a situaciones así. No imaginé que me pasara a mí, pero creo que ahora debemos estar más unidas y unidos”.
A casi una semana de estos hechos, ninguna autoridad en el estado ha fijado un posicionamiento sobre el tema pese a que en Colima existe desde el 2017, la Alerta por Violencia de Género para cinco de los 10 municipios de la entidad.
En el 2018, Colima cerró con la tasa más alta en el país de feminicidio por cada 100 mil habitantes. Aunque el 21 de junio de 2017, la Secretaría de Gobernación emitió la Alerta por Violencia de Género para cinco municipios, las agresiones y los feminicidios van a la alza.
De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en cinco años se cuadruplicó la cifra de asesinatos de mujeres en la entidad, pues mientras en 2013 se contabilizaron 18 casos, el año pasado la cantidad de víctimas se elevó a 79.

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