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La reelección municipal: entre premios, castigos y rémoras

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Por Federico López Ramírez

    En las pasadas elecciones Héctor Insúa García y Yulenny Cortés León buscaron la reelección en sus respectivos municipios y perdieron, pero al final de cuentas terminaron como rémoras de las actuales administraciones. Su permanencia en sus respectivos ayuntamientos, a pesar, de haber perdido la elección los convierte en perdedores becados. Sus proyectos políticos fueron botados; sin embargo, continúan cobrando sin ningún pudor.

   Rafael Mendoza fue reelecto, lo que significa que la sociedad de Cuauhtémoc lo premió conforme a la valoración que hizo de su desempeño. Otros alcaldes buscaron otras posiciones y otros tantos emigraron a otras actividades.

  Rafael Mendoza fue bien votado, pero Héctor Insúa y Yulenny Cortés fueron bien botados. Rafael Mendoza ganó, pero paradójicamente, Insúa y Cortés también ganan porque se quedan en sus respectivos ayuntamientos al pasar a ocupar posiciones de representación proporcional.

    Los anteriores casos ejemplifican los argumentos que se esgrimieron para apoyar la reelección inmediata versus la reelección diferida. La reelección inmediata cobró simpatía por dos argumentos básicos: a) Empodera a los ciudadanos para sancionar a los malos gobiernos y; b) Premia con el refrendo a los buenos gobiernos para que puedan continuar con su buena labor y concluir proyectos de mediano y largo alcance. Cabe precisar que la reelección inmediata cuenta con el candado de que sólo permite una sola reelección.

   Hoy Leoncio Morán y Felipe Cruz –ganadores de las elecciones municipales en Colima y Villa de Álvarez respectivamente- tienen que lidiar con sus antecesores (los perdedores) que generan interferencia y grilla innecesaria en sus ayuntamientos. He aquí un problema de la reelección inmediata que debe corregirse.

   Héctor Insúa vendió un terreno del fraccionamiento Primavera Hills (12 mil metros cuadrados) para pagar deuda no urgente, dejando de lado la deuda prioritaria de pensiones; aumentó la deuda a 180 mdp, mayoritariamente generada en pensiones, además de cometer un delito al retener el dinero de los trabajadores y no pagar ni pensiones ni a los acreedores de empresas particulares, trayendo adicionalmente la consecuencia de que los trabajadores sean boletinados al buró de crédito; todavía más, entregó al Gobierno del estado “de manera ventajosa” el relleno sanitario, situación, esta última, que pone en vulnerabilidad financiera a los municipios de Villa de Álvarez, Comala, Cuauhtémoc y Colima, pues la tarifa de cobro de 1.5 de UMA´s pasa a 2.5 UMA’s por tonelada de basura, -según los dichos consignados por la prensa de Locho Morán-. 

   Por su parte Felipe Cruz comparte con Locho la última acusación pero la direcciona hacia la ex alcaldesa de la Villa y le agrega la responsabilidad de haber aumentado la deuda del Ayuntamiento a 110 mdp, colocando en situación de riesgo el manejo financiero del gobierno municipal de la Villa.

   Locho Morán y Felipe Cruz, deben pasar de la denuncia mediática, que produce estridencia política y mala reputación social, pero a la vez impunidad, hacia la acción administrativa y judicial, para que de resultar ciertas las acusaciones, los alcaldes perdedores puedan ser sancionados. Locho y Felipe deben de actuar ya en nombre de los ciudadanos: más acciones y hechos y menos palabras.

   De acuerdo al primer argumento la reelección inmediata empoderó a los ciudadanos y éstos ejercieron su criterio y no reeligieron a sus autoridades, pues los calificaron de malos, sin embargo, las leyes les permiten seguir formando parte del nuevo Ayuntamiento, y seguir cobrando, porque les otorga representación de las minorías. Por ética y dignidad política Insúa y Cortés deberían renunciar y dejar sus lugares de representación minoritaria (legítima) a otros miembros de su mismo partido y no obstaculizar el buen desempeño del actual Ayuntamiento: vamos, dejar de ser rémoras.

   El Congreso debe tomar nota y pensar en una futura reforma del Código Electoral que en este tipo de casos obvie a los alcaldes perdedores y otorgue, en su caso, los espacios a otros miembros de la planilla por prelación.

   De acuerdo al segundo argumento Rafael Mendoza fue premiado por la sociedad de Cuauhtémoc y tiene el deber de honrar tal reconocimiento desarrollando planes a mediano y largo plazos. 

   Las rémoras deben ser cosa del pasado. Y deben de aprender a vivir fuera del presupuesto.

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