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La gente en México sí cuenta

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Columna
El puercoespín 

El decreto

Furiosos los opositores porque el decreto que protege proyectos de interés nacional les cayó como balde de agua helada a los defensores de la corrupción y del saqueo del Estado mexicano. En el decreto, en síntesis, se declara de interés público y seguridad nacional la realización de proyectos y obras a cargo del Gobierno de México asociados a infraestructura de los sectores comunicaciones, telecomunicaciones, aduanero, fronterizo, hidráulico, hídrico, medio ambiente, turístico, salud, vías férreas, ferrocarriles en todas sus modalidades, energéticos, puertos, aeropuertos y aquellos que, por su objeto, características naturaleza, complejidad y magnitud, se consideren prioritarios y/o estratégicos para el desarrollo nacional.

Con este decreto el Ejecutivo federal blinda todos los proyectos de infraestructura que tiene en marcha el actual gobierno, principalmente, el Tren Maya, el aeropuerto Felipe ángeles y el Tren  Transístmico.

Primera parte

El Gobierno de México en su primera parte aprovechó su mayoría simple en el Congreso y reformó las leyes que pudo reformar, pero los excesos de la Suprema Corte y de la oposición de actuar en forma asociada para impedir, a toda costa, una transición de terciopelo está encontrando en el Gobierno de México un hueso duro de roer. Por una simple razón, el gobierno de la Cuarta Transformación, cuenta con la mayoría del pueblo de México.

Mientras la oposición a todo decía que no, el Gobierno de México se dedicó a separar los intereses económicos del poder político, consolidó los programas sociales, además revaloró el ser pobre y pertenecer a un país donde todos contamos.

La oposición reivindicó el derecho a la mentira, el derecho al abuso, en síntesis, enarboló el derecho de las minorías y los privilegios, es decir, asumió programáticamente la defensa de la corrupción. En asociación con los organismos autónomos, muy principalmente el INE, y el Poder Judicial formaron un frene de facto para defender sus privilegios, los privilegios de las élites.

Segunda parte

El Gobierno de México, sin mayoría simple en el Congreso y mucho menos una mayoría  calificada, lanzó a la palestra política el reto de una gran contrarreforma eléctrica que, vista en forma matemática no tendría ningún futuro; sin embargo, un nuevo panorama se abre para una gran transformación y liberación nacional: la independencia energética.

El PRI y PAN no entendieron la jugad y se ciñeron a la disputa en el Congreso de la Unión y pensaron en negociaciones elitistas de la sociedad política al margen de la sociedad. Donde, bajo ese esquema, sabían que sus votos eran importantes y que aritméticamente tenían el control de la aprobación o no de la reforma. Buena medición, mal cálculo.

El presidente convocó a un gran debate nacional sobre la pertinencia y urgencia de la independencia energética para actuar en consecuencia: la oposición optó por la diatriba, la mentira y todos los artilugios de las élites. Error.

El presidente incluyó a los ciudadanos; la oposición le apostó, como siempre, a las élites, al juego de las cúpulas y del poder de la sociedad política.

Desde la propuesta de la Consulta como una forma participativa la Cuarta Transformación definió la democracia participativa como un mecanismo necesario con el que deben contar los miembros del pueblo. Muchos mexicanos participamos y dijimos sí y se experimentó un nuevo tipo de voto y participación ciudadana, hasta entonces inédita en México.

La Consulta de revocación de mandato es el otro mecanismo que los mexicanos vamos a estrenar el próximo año. Si el INE no lo impide, así será. El resultado es absolutamente intrascendente porque lo importante es el mecanismo en sí mismo, pero sobre todo es votar por un líder que vinculará su figura a la Reforma Eléctrica y, por consecuencia, a su aprobación o no.

La aprobación de la Reforma Eléctrica oscila entre el 80 y el 85%, entre la gente del pueblo, muy distinto a los consensos entre los políticos y sus partidos. Esto significa que, es altamente probable, que la Reforma Eléctrica no pase en ambas Cámaras del Congreso de la Unión, pues en ellas predomina la negociación política, lejana al pueblo. ¿Qué vendrá entonces? Pues lo que ya estamos viviendo. La Reforma Eléctrica será decretada, pues el presidente está trabajando su consenso con el pueblo. Esa es la diferencia.

El presidente hace política con el pueblo.

La oposición hace política con las éltites.

La diferencia, hoy en día, la hará quien cuente con la participación del pueblo. Para el presidente la gente sí cuenta, para la oposición no, esa es la diferencia. 

El decreto que blinda las obras de infraestructura pública es un ejemplo de como un  gobierno construyó los consensos desde abajo y haciendo a un lado las élites. 

Si en el Congreso no pasa la Reforma Eléctrica, el presidente la va decretar, pues tiene el consenso  del pueblo. Así de simple. 

Con estas acciones el presidente está demostrando que en México la gente sí cuenta. No como antes.

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