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EDITORIAL. La cuota del padre

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No es un secreto que la gobernadora de Colima, Indira Vizcaíno Silva, está cristalizando los sueños políticos de su padre, el dirigente campesino, exfundador del PRD, exdiputado local y profesor jubilado Arnoldo Vizcaíno Rodríguez.

Los antecedentes históricos así lo indican y esta interpretación ya se ha manejado en algunos medios de comunicación, desde los tiempos de la campaña electoral que llevó al poder a la actual mandataria.

Hace 30 años, en 1991, el profesor Arnoldo Vizcaíno fue candidato a gobernador cuando el PRI aún tenía el control político gubernamental absoluto de la entidad. En 1994 quiso ser presidente municipal de Cuauhtémoc y también perdió, aunque protagonizó un fuerte movimiento poselectoral por un presunto fraude cometido a favor del tricolor en los comicios.

Después de haber sido diputado local y ocupado puestos de carácter nacional en su partido, en 2009 Arnoldo Vizcaíno tuvo la oportunidad de ser postulado por el PRD a diputado federal de representación proporcional en una posición de acceso seguro a la Cámara Baja. Prefirió traspasar la candidatura a su hija Indira, que en ese tiempo estaba por concluir su licenciatura en Derecho en la Universidad de Colima, y efectivamente, llegó a la curul federal a los 22 años de edad.

(Esta maniobra padre-hija, aunque por razones completamente distintas, hace recordar el reciente traspaso de la candidatura de Morena al gobierno de Guerrero de parte de Félix Salgado Macedonio hacia su hija Evelyn Salgado).

En 2012 Indira participó por la alcaldía de Cuauhtémoc y le cobró al PRI la derrota que le había infringido años antes a su padre. Y ya es bastante conocido lo que ocurrió después, hasta que contendió por la gubernatura y ella sí tuvo todas las circunstancias a su favor para obtener el triunfo.

Evidentemente, y ella misma lo ha reconocido, su padre ha sido su principal mentor y asesor político, lo que es natural y entendible. No es para menos. Sin embargo, también ha sido notorio que Arnoldo Vizcaíno ha tenido una injerencia, que en realidad no le corresponde, en algunas decisiones que deberían ser competencia exclusiva de su hija gobernadora.

Por el bien del gobierno de Indira Vizcaíno, pero sobre todo por el bien de la población de Colima, las decisiones de carácter oficial deben ser tomadas, con toda la responsabilidad que implican, por quienes fueron electos o designados para ocupar un puesto público, entre ellos la gobernadora, legisladores, integrantes del Poder Judicial y representantes de organismos autónomos, sin intromisiones de ninguna naturaleza.

Una conducta democrática y republicana de quienes ocupan una responsabilidad en una instancia gubernamental es no mezclar la vida pública con la vida privada, con el propósito de preservar a salvo los intereses de la sociedad.

Tanto la gobernadora como su padre deben entender y asumir que el voto del electorado fue a favor de ella y que a él no le compete involucrarse en las decisiones gubernamentales. De lo contrario se corre el riesgo de que se configure en Colima un poder tras el trono.

*Imagen tomada de un video de ColimaPM.com

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