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La Educación en Afganistán

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En fechas recientes la triste situación que vive, ha vivido y lamentablemente seguirá teniendo el país de Afganistán, volvió a ser portada en los noticieros internacionales. Una nación que fue cuna de la humanidad y hoy se convierte paradójicamente en un ataúd, al cumplir alrededor de 42 años en conflictos armados ininterrumpidos, es decir, prácticamente los ancianos son los únicos que han conocido su país sin guerra. 

En los países occidentales vemos las notas internacionales y nos producen muchas cosas, entre ellos: sentimientos; sin embargo, pasa el tiempo y la situación que viven los afganos y principalmente las mujeres afganas vuelve a quedar en el olvido, aunado a ello, truena otro polvorín: el regreso de los talibanes al gobierno. 

Si nos remontamos al término educación y de él extraemos sus bases y/o principios fundamentales tenemos, que necesariamente conceptos como ética, valores humanos, paz, justicia, entre otros, y escribir sobre la educación en Afganistán resulta un concepto paradójico, puesto que con profunda tristeza nos enteramos de la vida caótica de este país asiático. 

Mucho se habla de las cuestiones políticas, de la economía, de las relaciones internacionales, de seguridad, pero poco hemos escuchado de la situación educativa que viven las personas de Afganistán. De acuerdo a datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), más de la mitad de la población es analfabeta (en México solamente el 4.7%), por otra parte, las niñas representan el 60% de los 3.7 millones de menores no escolarizados, haciendo evidente la desigualdad de género, debido a que solo el 30% de las mujeres afganas pueden leer y escribir, frente al 55% de los hombres

La ONU documenta que el contexto que se vive en Afganistán es bastante complejo para la educación, en las zonas rurales no existe oportunidad alguna para acceder a una formación académica básica, muchos menos universitaria, asistir a la escuela es peligroso, principalmente por las distancias y los riesgosos caminos, de esta manera muchos padres y madres optan por no enviar a sus hijos e hijas, por el temor de que puedan sufrir alguna agresión. 

Ante ese difícil panorama, recientemente el régimen talibán anunció el regreso a clases, pero solamente podrán retornar los estudiantes varones y los profesores, dejando fueran de la posibilidad de recibir educación a las niñas, jóvenes mujeres y de trabajar a las profesoras, un hecho que fue condenado por la UNICEF, al señalar que “Las niñas no pueden, ni deben, quedarse atrás”.

Lamentablemente, estos hechos refuerzan la hipótesis del periodista español Gervasio Sánchez, el cual afirma que con los talibanes nuevamente al mando de Afganistán, la vida de las mujeres pasaría a ser un infierno, pues las expulsaron de los puestos laborales impidiendo el acceso a las escuelas y universidades a las niñas y jóvenes mujeres. 

Desde esa triste realidad, se debe hacer una profunda crítica aunado a una significativa reflexión, la situación de este país de Asia no se puede ignorar y callar, por lo mínimo, las víctimas merecen una atención  importante de la humanidad, por otro lado también la reflexión nos debe obligar a analizar la situación  de nuestro país en el aspecto educativo y para ello podríamos contestar estas preguntas: ¿cuál es la situación de desigualdad para las mujeres en el ámbito educativo en México?, ¿existen condiciones de equidad en nuestro país para que las niñas y jóvenes reciban educación?, ¿la educación en México se basa en los principios fundamentales de los valores humanos en su práctica día a día?, ¿Realmente se previene y  se penaliza la  violencia de género en contra de las mujeres mexicanas en los espacios educativos?.

La situación de Afganistán anteriormente descrita no debe ser ignorada por la comunidad internacional, se debe querer y poder ayudarles, tratar de darles a millones de niños, niñas y jóvenes un derecho humano: la educación.  Que suceda esto, en pleno siglo XXI, debe ser vergonzoso para la llamada “sociedad del conocimiento”.

Afganistán, México y el mundo, merecen paz y justicia y estos dos principios fundamentales y derechos humanos básicos para el desarrollo armónico solo se dan con una educación alineada a ellos y que en la práctica sean el pan de cada día en las aulas, en los pasillos, en los patios cívicos, en las canchas, de los planteles educativos de todos los países.

Colaboradores: Hesed Cisneros, Hugo López, Liliana Rojas, Elmer Rodríguez, Saúl Gutiérrez, Gabriel Bravo y Christian García (Universidad de Colima). Alfredo Hernández (SEP). Ricardo Pinto (Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Colima).

Imagen tomada de la página de Facebook de Teleamazonas.

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