Contra jóvenes, la tercera parte de los homicidios cometidos en Colima

Colima, México, Avanzada (29/11/2018).- En 2014, Perla Alejandra Regla Maldonado y Arnoldo Delgadillo Grajeda concluyeron sus estudios de la licenciatura en periodismo por la Universidad de Colima (Ucol), donde obtuvieron su título con la tesis “Influencia de los narcocorridos en la construcción de la identidad de los jóvenes de bachillerato del municipio de Armería, Colima”.

Entre los hallazgos de su trabajo, dicen los autores en entrevista, se determinó que si bien no hay una correlación directa entre los jóvenes que escuchan narcocorridos y quienes se involucran con el narcotráfico, pues existen muchos otros factores que intervienen en ese proceso, “a partir de la investigación es posible afirmar que escuchar ese género musical —al igual que seguramente otros productos culturales como la narcoliteratura, las narcoseries o las narcotelenovelas— sí contribuye significativamente a que el joven normalice las actividades de los narcotraficantes y lo vea incluso como un ideal”.

Arnoldo Delgadillo aclara que no en todos los casos va a ser así, pues “no se trata de una regla, pero se comprobó que los narcocorridos sí contribuyen a que el narcotráfico sea visto por los jóvenes como algo positivo por todo este adorno que trae consigo: la riqueza, el poder, las mujeres, las posesiones… la gloria”.

Perla Alejandra Regla añade que durante la recolección de la información, en muchos casos los jóvenes participantes en el estudio hacían alusión a canciones o a narcotraficantes diciendo que los admiraban y que en algún futuro cercano les gustaría ser como ellos. “Los veían como un ejemplo a seguir, por lo que percibimos una relación estrecha muy preocupante, como el hecho de que dijeran que conocían o eran amigos de alguien que vende droga”.

Cuatro años después de esa investigación académica, el municipio de Armería, Colima, se encuentra convertido en uno de los más peligrosos del estado, con un gran crecimiento de asesinatos de jóvenes.

Según cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2016 se tuvo el mayor porcentaje de jóvenes asesinados en el estado de Colima, con 38 por ciento, mientras que el año pasado fue 33 por ciento, es decir, que uno de cada tres homicidios cometidos fue contra jóvenes.

Y en el caso específico del municipio de Armería, comenta Arnoldo Delgadillo, pasó de tener cinco jóvenes asesinados en 2015 a ocho en 2016 y a 16 en 2017, es decir, un aumento realmente considerable. Para el caso del municipio vecino de Tecomán, con una problemática social muy similar, pasó de tener 25 jóvenes asesinados en 2015, a 75 en 2016 y 98 en 2017, por lo que “una tercera parte de las personas asesinadas son jóvenes vulnerables, atraídos por la falsa imagen del capital simbólico que se asocia al narcotráfico en términos positivos”.

CORRELACIÓN DE VARIABLES

De acuerdo con Arnoldo Delgadillo, aunque no son dos variables que se puedan conectar de manera simple o a la ligera decir que los jóvenes que están matando es porque escuchen narcocorridos o tengan una visión positiva del narcotráfico, sí está comprobado que hay una alta correlación entre ambas variables.

“El aumento en el número de jóvenes que están siendo asesinados, sobre todo los relacionados con el crimen organizado, viene a darnos la razón de lo que decíamos en la tesis hace cuatro años, lamentablemente hoy se está cristalizando en asesinatos contra jóvenes, lo cual es bastante preocupante, porque son la ‘carne de cañón’, son los que más fácilmente son lanzados a la batalla y los que primero caen”.

Los autores de la tesis siempre desearon que su investigación permeara y se convirtiera en una política pública de prevención de la violencia y la delincuencia, porque detectaron un grupo bastante vulnerable por cuestiones económicas, por el asedio de la sociedad moderna y también muy cercana al ideal del narcotraficante.

“La investigación —continúa Arnoldo Delgadillo— se hizo del dominio público y nunca hubo ningún interés por aprovechar esta información generada hacia políticas públicas. Nuestro interés sigue siendo ese, que haya una atención hacia la prevención de las acciones delictivas de los jóvenes y mucho influye romper esa imagen que se tiene positiva del narco viendo solamente el factor económico”.

La tesis fue reconocida en 2014 por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), durante el Congreso Interinstitucional de Jóvenes Investigadores, como uno de los mejores trabajos de investigación en el área de ciencias sociales a nivel nacional, pero ello no fue suficiente para que su contenido y sus propuestas despertaran el interés de las autoridades.

De acuerdo con Perla Alejandra Regla, la investigación surgió en un primer momento por el conocimiento empírico, ya que sabían de situaciones que ocurrían y que los jóvenes estaban muy interesados e involucrados en el tema del narcotráfico, que sabían más de lo que parecía normal, y entonces para poder sustentarlo hicieron el proyecto de investigación y se apoyaron en una joven que fue una de sus informantes centrales, que conocía mucho del tema y a personas que les proporcionaron información valiosa.

Perla Alejandra Regla indica que en el desarrollo de la investigación detectaron marcadas diferencias en los perfiles de los jóvenes bachilleres de los contextos rural y urbano, a pesar de ser de un mismo rango de edad, por ejemplo, en los casos de los originarios de Armería, cabecera municipal, y el pueblo costero de Cuyutlán, en comparación con los de pequeñas comunidades como Rincón de López o Cofradía de Juárez.

Uno de los elementos distintivos, añade, fue la vestimenta, pues mientras en el ámbito rural usan botas y playeras con la virgen de Guadalupe u hojas de mariguana, en los ambientes citadinos visten tenis de marcas reconocidas o placas de acero tipo militar.

Explica que el objetivo de la tesis fue analizar la construcción de la identidad en jóvenes estudiantes de bachillerato de Armería, Colima, que escuchan narcocorridos. “Elegimos Armería porque vimos que ahí confluyen tanto la vulnerabilidad por la parte económica, al tratarse de uno de los municipios más pobres, pero también por la cuestión delictiva que en 2014, año en que realizamos la investigación, ya venía en un claro aumento”.

Como resultado de un trabajo exhaustivo, con una muestra representativa alta y algunas entrevistas a profundidad, los autores lograron encontrar que los narcocorridos tienen influencia en varios aspectos de la identidad de los jóvenes, sobre todo en su vestimenta, en la forma en que se expresan oralmente y, lo más llamativo, en la valoración que tienen sobre el narcotráfico.

En el aspecto de la vestimenta, dijo Arnoldo Delgadillo, encontraron que los jóvenes adoptan elementos popularizados por los grupos y cantantes de narcocorridos, sobre todo prendas y accesorios de marcas reconocidas, lo cual está muy relacionado con el capital simbólico de lo que el narcotráfico representa para los jóvenes.

La expresión oral fue otro elemento analizado dentro de la investigación, dado que los estudiantes se apropian en un uso cotidiano del lenguaje de expresiones propias del narcotráfico, por ejemplo “quebrar”, “cártel”, “buchonas” o “caballeros” (en alusión a los Caballeros Templarios), que estaban dentro de su discurso cotidiano.

Sin embargo, lo que más preocupó a Perla Alejandra Regla y Arnoldo Delgadillo fue que la gran mayoría de los jóvenes asocia el narcotráfico por el capital económico, es decir, porque es el camino simple y sencillo a tener dinero fácil. “Ellos lo asocian con toda la cuestión de imagen del narcotraficante que generan los medios a través de los narcocorridos: las joyas, tener muchas mujeres, el poder, carros de lujo, muchas propiedades; esto es lo que nos pareció más revelador”.

IDENTIDAD Y NARCOCULTURA

Tres años después, mientras cursa su doctorado en ciencias sociales en la Universidad de Colima, Arnoldo Delgadillo publicó un artículo académico en el que analiza las evidencias empíricas de ese momento, pero ahora bajo la luz de las teorías de la identidad, viendo cómo esas apropiaciones pueden ser explicadas desde distintas miradas teóricas.

Con esta nueva visión de la investigación, abunda, “podemos entender lo que pasa con los jóvenes ante los narcocorridos, donde los procesos identitarios que permiten la apropiación de elementos de la narcocultura entre los jóvenes surgen de la interacción social, es decir, lo que hay en su grupo social es lo que terminan por absorber; nosotros proponemos el concepto de ósmosis social, influenciado un poco en teorías como la acción comunicativa de Habermas o la propia propuesta de identidad de Jiménez”.

Lo anterior, “lo encontramos en testimonios de gente que nos decía ‘tengo familiares’, ‘tengo vecinos’, ‘conozco gente’, y eso va permeando como si fuera una membrana celular justamente, una gran cantidad conocía a alguien”.

Otra reflexión derivada del estudio consiste en que ese proceso de apropiación fue sentido como un simbolismo objetivado, es decir, que lo que representa el narco lo apropian, lo hacen suyo, lo que es el símbolo y la significación se convierte en el ente material y los atrae hacia las actividades ilícitas, que es lo preocupante realmente.

Una tercera reflexión, expone Arnoldo Delgadillo, es que se puede entender en términos de Bauman, “la sociedad asediada”, que “hay una lucha continua en la juventud actual entre el deseo de libertad y la necesidad de seguridad, es decir, si en el narco encuentro seguridad económica que no tengo en mi entorno ni en mi familia, pues voy hacia allá, me atrae el narcotráfico”.

Perla Alejandra Regla explica que el Coneval señala un alto índice de pobreza en Armería, donde la mayoría de las personas se dedica al campo y para quien no estudia no hay mucho futuro, pues las familias están migrando al no existir muchas oportunidades y a la vez solo encuentran una salida fácil o ven de una manera sencilla involucrarse con el crimen organizado.

En la investigación, los autores estudiaron una muestra de 250 jóvenes, de un total de 594 que había entonces en los bachilleratos 7, 21 y 31 de la Universidad de Colima y los tres del programa Educación Media Superior a Distancia (EMSAD) en Cuyutlán, Coalatilla y Rincón de López.

Además de las encuestas aplicadas, refiere Perla Alejandra Regla, eligieron un joven de cada institución educativa y uno de su misma edad que no estaba estudiando para realizar entrevistas de profundidad. Entre estos informantes, una joven fue asesinada hace unos meses en “un contexto bastante raro” y otro de los jóvenes entrevistados se presume que ya se involucró en actividades ilícitas.

1-drugwar2818.jpgCuestionados si a partir de los resultados de su investigación consideran que debería prohibirse la difusión de narcocorridos, los autores difieren entre sí:

Perla Alejandra Regla dice: “Yo, muy en lo personal, sí estaría de acuerdo en que haya cierta prohibición, pero para ser sincera dudo mucho que suceda, porque pareciera que es lo que más consumen los chavos. Desde mi percepción, creo que están cediendo terreno los narcocorridos para el reguetón, pero no vería la forma en que se pudiera hacer algo, al menos en el municipio”.

Arnoldo Delgadillo, a su vez, expone que ha sido un tema muy controvertido entre quienes han estudiado los narcocorridos y su influencia, por lo que hay posturas encontradas. “Personalmente yo creo que la prohibición no es la solución, porque para que la prohibición funcionara deberíamos prohibir todos los contenidos relacionados con narcotráfico a los que tienen acceso los niños y los jóvenes, es decir, prohibir narcoseries, narcoliteratura y lo prohibido llama más la atención”.

Apunta que ellos analizaron la influencia de una de las expresiones culturales: la música, pero el narcotráfico ha permeado tanto en la sociedad mexicana que está en muchas otras expresiones culturales de todo tipo, por lo que es imposible aislarlos.

“Lo que sí debemos hacer es que la política pública apunte hacia quitar la visión del narcotraficante como héroe, esta versión que alimentan las canciones y es lo que queda en los jóvenes, es decir, que no solo se vea lo positivo, los beneficios económicos y de capacidad y poder adquisitivo, sino que se vea como algo ilegal, ilícito, que daña profundamente a la sociedad”.

Puntualiza: “Creo que la política no es hacia la prohibición de los contenidos, sino hacia la educación de la sociedad para ver la manera como consumen esos contenidos, para recibirlo con una visión crítica. Pero tampoco podemos dejar de lado que mientras no se mejoren las condiciones económicas de las localidades va a ser muy complicado alejarlo. El narco se arraiga en comunidades porque ahí hay mayor pobreza. La política tiene que ser integral. Ciertamente sí educar a los consumidores de la manera como reciben este tipo de expresiones culturales, pero también tiene que haber una política integral de mejoramiento social de las localidades, porque en lo rural es donde más se logra enraizar el narco”.

Perla Alejandra Regla remata: “A mí me gustaría finalizar haciendo una reflexión que hago muy seguido. Tengo un grupo de conocidos de 20 años y ellos tienen más amigos muertos violentamente que yo; estuvieron en el contexto de los bachilleratos que estudiamos, en el entorno de quienes entrevistamos, que ven el narco como algo normal. Y ahí están las consecuencias”. (Agencia Informativa Conacyt).

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