¿En qué sueñan cuando sueñan los pescadores?

Escrito por: Avelino Gómez

Esta crónica es la historia del Torneo Internacional de Pesca Deportiva de Manzanillo, pero también es la historia de un grupo de pescadores y su embarcación, el Teaser, un yate donde las palabras del escritor Ernest Hemingway y las canciones de Kenny Chesney conviven en un día de pesca.

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El sol despunta en el puerto de Manzanillo. Son las siete menos quince de la mañana y estoy en el muelle de la marina del hotel Las Hadas a punto de abordar el Teaser, un pequeño yate de 31 pies que salió, literalmente, del sueño de un pescador. Hoy es la primer jornada de uno de los torneos de pescas deportiva más antiguos de México. Los pescadores van y vienen, abastecen sus embarcaciones mientras se saludan a gritos. Aunque se saben competidores, en ellos se adivina la camaradería.

La noche previa, durante la recepción que los organizadores ofrecieron a los competidores, intenté por mis propios medios y argumentos hacerme de un lugar en alguna de las embarcaciones. Fue en vano. Entre los pescadores hay arraigadas supersticiones. Subir a un extraño a su lancha en una competencia puede espantar la suerte o alterar el destino.

Para escribir esta historía haría falta la intervención de Oscar Jaramillo, un hombre respetado por los pescadores de la región y dueño de La casa del pescador, la tienda local de artículos de pesca que es tan antigua como el propio torneo. Oscar me presentó a Temo Estrada, propietario del Teaser. No hizo falta decir mucho. Temo me saludó como se saluda a otro camarada y me dio instrucciones para ubicar su embarcación en el muelle. “Hay que estar allí poco después de las seis y media de la mañana ”, dijo, con la cordialidad propia de quien está acostumbrado a dar órdenes sin que parezcan tal cosa.

Así que estoy aquí, frente al Teaser. A bordo ya están tres hombres, una mujer y un niño de cinco o seis años. No veo a Temo, pero no tardará en llegar, está haciendo un trámites con los responsables del torneo. En el Teaser, los hombres encienden motores, organizan la cubierta y toman posiciones para zarpar. La mujer y el niño, lo sabré después, son la esposa y el hijo de Temo. Ella se llama Sandra. Está sentada en un banco, junto al puente de mando, y abraza al niño, de nombre Sebastián, quien mira con ojos adormilados el ajetreo en el muelle.

Temo ha llegado. Me saluda al tiempo que me invita a abordar, pero antes me pide que tome una fotografía de su tripulación. A la distancia, si uno mira esa fotografía, se puede notar que la emoción festiva resalta en los rostros de quienes conforman este equipo de pescadores. A saber, el Teaser es la única embarcación del torneo con una mujer y un niño a bordo. Son las siete en punto de la mañana. Todos los competidores sueltan cabos. El 65o. Torneo Internacional de Pesca Deportiva de Manzanillo ha empezado.

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Hace seis décadas, en 1957, en este mismo torneo se capturaron, en un solo día, 336 ejemplares de peces vela. El hecho marcó un récord mundial en la pesca deportiva. A partir de ahí, el puerto de Manzanillo, ubicado en el occidente de la costa del Pacífico sería conocido como la Capital Mundial del Pez Vela. La identidad cultural de este lugar quedó ligado, para siempre, con una criatura marina. Actualmente se levanta, en la plaza principal de la ciudad, muy cerca al antiguo muelle, una escultura de 25 metros que representa una pez vela. Convertida ya en símbolo de Manzanillo, la escultura es obra del arquitecto Enrique Carbajal, conocido artísticamente como Sebastián, un escultor cuyos trabajos monumentales se encuentran diseminados por la mitad de los Estados de la República Mexicana.

El torneo de pesca es organizado por el Club Deportivo de Pesca Manzanillo, una asociación constituida y fundada por pescadores locales, en 1954. Aquellos primeros participantes del torneo tuvieron la fortuna de capturar, en más de una ocasión, enormes y hermosos ejemplares de peces vela y marlines. Muchos de estos ejemplares capturados fueron destinados, luego de ser disecados, a adornar casas y establecimientos comerciales. Hoy en día es posible rastrear, en domicilios de Manzanillo y ciudades vecinas, todo un cardumen de peces picudos que cuelgan en las paredes. Recientemente, en abril del 2017, unos turistas capturaron un gigantesco marlín de 400 kilogramos. El animal, en verdad, parecía haberse escapado del sueño de un pescador. La noticia de su captura corrió rápidamente entre los lugareños, quienes acudieron al muelle a ver el ejemplar y a constatar que aquí, en Manzanillo, el mar es generoso hasta llegar a la exageración. Peces abundan en estas aguas. Por eso los torneos de pesca son muy concurridos.

Lastimosamente este año se registraron sólo veinticinco equipos. Durante tres días de pesca compiten por varios premios, el principal de ellos es la cantidad de 200 mil pesos, un premio mucho menor al de otros años. Además de los premio, los competidores buscan ganarse su lugar en la historia del torneo: quien capture el mejor pez se convertirá, ante los ojos de todos, en un célebre y gran pescador. Es una secreta ambición, un sueño, el mismo que tenía Santiago, el protagonista de El viejo y el mar, de Ernest Hemingway. En el libro, Santiago, a quien sus colegas señalan de estar “rematadamente salado”, logra al fin capturar el pez que le dará respetabilidad, pero antes luchará con su presa por tres días. En esa lucha, el escritor estadounidense (quien amaba la pesca tanto las corridas de toros), recrea la pugna del hombre consigo mismo, con la veleidosa suerte y con la naturaleza: “Pez, yo te quiero y te respeto, pero acabaré con tu vida antes de terminar el día”, así, con estas palabras, el personaje de Hemingway se dirige a su pez, el cual tiene enganchado en la línea y no permitirá que se les escape.

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El Teaser sale de la pequeña marina de Las Hadas. Ya en aguas abiertas avanza a una velocidad de 27 nudos. Temo va al timón. Mientras el yate surca el espejo azul, los altavoces de la embarcación dejan escapar, a todo volumen, las canciones de Kenny Chesney. Música para cabalgar en las olas. Mientras tanto, el capitán y el marinero del Teaser van y vienen por la cubierta. Preparan los cebos de pesca y desenredan cuerdas valiéndose de manos, pies y dientes. Nos dirigimos a un bajo conocido como El Corral, a 27 millas de la costa, sitio preferido por Temo para la pesca. Allí, me dice, recientemente tuvieron una buena pesca. También me cuenta que, días atrás, capturó un atún de 120 kilos con el que batalló tres horas antes de subirlo a la embarcación. Mientras escucho hablar a Temo, las canciones de Kenny Chesney compiten con el monótono sonido de los motores. Navegando así, a esa hora del día, uno se da cuenta que la música country y el mar hacen buena junta.

No pasará mucho tiempo antes de conocer los nombres del capitán y del marinero del Teaser. El primero es Miguel Suárez y el segundo Santiago Castillo. Ambos son jóvenes y cuentan con educación universitaria. Miguel supo hacer carrera como profesionista en el ámbito del comercio internacional, pero en algún momento de su vida decidió cambiar el entorno de oficina para convertirse en capitán de yates. Santiago, por su parte, tiene una maestría en derecho fiscal, lo que no le impide ser, ocasionalmente, un marinero en embarcaciones menores. A Temo, Miguel y Santiago los une la pasión por el mar y la pesca. Los tres nacieron en Manzanillo. Los tres provienen de familias modestas y sus sueños giran en torno a la vida marítima. Santiago, por ejemplo, se esfuerza en adquirir habilidades en la pesca y, si por él fuera, pasaría todo el día pescando. Miguel, es seguro, recurrentemente sueña con atrapar los mejores peces. En cuanto a Temo, uno de sus sueños ya se cumplió: ser dueño de su propia embarcación, aunque en ello se le fue casi un tercio de su vida.

Son casi las ocho de la mañana y hemos llegado al bajo donde pasaremos la mayor parte del día troleando. Las seis líneas de 50 libras del Teaser están ya en el agua. Miguel, como buen capitán, se preocupa por la seguridad. Reparte guantes y da instrucciones en el manejo de los enseres de pesca. El tercero de la tripulación, de nombre Marco, sube a la torre y se hace cargo del timón. Todo está dispuesto para que caiga el primer pez. Troleamos a 18 nudos, dando círculos y haciendo ochos. Durante todo este tiempo, Sandra y Sebastián han permanecido en sus lugares, sentados junto al puente de mando. Los pescadores tradicionales dirían que este no es momento ni lugar para una mujer y un niño. Temo cree todo lo contrario. En una embarcación el concepto de familia se refuerza. Quienes van abordo comparten espacios, tareas, sueños, esperanza. Y la familia de Temo está ahí, en el torneo, compartiendo eso mismo.

Temo, Miguel y Santiago se instalan cerca de las cañas de pesca. Pasan largo rato contemplando el surco que dibujan las cuerdas y los señuelos en el agua. Están pensativos, pero al mismo tiempo atentos a cualquier movimiento brusco que se manifieste en las cañas. Santiago es quien se nota un poco ansioso, ya quiere batallar con lo que podría ser su gran presa. A lo largo de esta primer jornada, Santiago será quien demuestre abiertamente el júbilo cuando caiga un pez, pero también la frustración cuando otro se escape casi de las manos. Y Santiago no lo sabe, pero se llama igual al personaje de El viejo y el mar, de Hemingway. Nuestro Santiago tampoco sabe que, en el segundo día de la competencia, habrá de lastimarse un brazo al tratar de subir a la cubierta un pez vela. Y que, debido a esa lesión, habrá de limitarse a la tarea de timonel en la última jornada del torneo.

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Como esposa de un pescador, Sandra también tiene algunas tareas por cumplir abordo del Teaser. Un par de veces la veré recoger y apartar las cuerdas de algunas cañas cuando Temo se enfrasque en la batalla con algún pez que mordió el señuelo. Se diría que casi adivina lo que Temo necesita cuando está en esos menesteres. En algún momento, Sandra habrá de confiarme el esfuerzo mayúsculo de Temo, tanto físico como económico, para hacerse de su propia embarcación. Ausentarse de su hogar, trabajar de marinero en Florida por diez años, ahorrar cada centavo e invertir en la embarcación más de 100 mil dólares en su compra y restauración. Sandra cuenta con orgullo la historia de Temo y el Teaser. Ella sabe, es evidente, lo que pesa en un hombre la necesidad de migrar para cumplir su sueño. Y cumplir un sueño, me da a entender Sandra, requiere sacrificios y un trabajo duro y constante. Aunque la suerte siempre es bienvenida. Y precisamente, en este momento, Santiago hace un par de maniobras para atraer la fortuna: palmotea frente al mar y acaricia, como si fueran cachorros, las cañas de pesca del Teaser. De algún modo el mar responde: un par de defines curiosos se acercan a la embarcación y nos acompañan en el recorrido. Por el receptor de onda corta empiezan a llegar noticias de que un competidor logró pescar un marlín, otro más reporta la captura de un dorado. Pero acá, en el Teaser, la suerte se muestra tímida. Sandra saca entonces un puñado de monedas de su bolso, toma a Sebastián por la mano y ambos se acercan a la borda. Ella y el niño tiran las monedas al mar con una actitud ceremoniosa y grave, como si invocaran antiguos dioses.

Temo, por su parte, saca un billete de cien dólares y lo sujeta entre la cuerda del carrete de una de las cañas. Lo ha puesto de tal manera que, cuando un pez dé el tirón a la línea, el billete saldrá volando por los aires. “De este modo estamos atentos y motivados”, me explica, “cuando el pez pique, el pescador debe ser capaz de tomar la caña y atrapar el billete en el aire al mismo tiempo”.

Quince minutos después la suerte llega. Se ha pegado un vela, precisamente en la caña con el billete de cien dólares. El billete vuela, Temo y Santiago se lanzan a tomar la caña. Los dos la sujetan, pero Temo es quien alcanza a dar el manotazo en el aire para atrapar el billete. Santiago trabaja el pez por varios minutos y, al acercarlo a la borda, todos se dan cuenta que es un ejemplar pequeño, que no cumple con la medida ni el peso que estipula el reglamento del torneo para capturarlo, así que lo liberan. Tiempo después caerá un dorado, pero éste escapará llevándose consigo el señuelo.

Así, a lo largo del día, en el Teaser se vivirán momentos de excitación y otros de desaliento. Y nadie a bordo del Teaser lo sabemos, pero en este prime día del torneo, en otra embarcación, un pescador de nombre Ernesto pescará un marlín de 105 kilos. Ya entrada la tarde, cuando regresemos al muelle y nuestra embarcación apague sus motores, nos daremos cuenta que la suerte, escurridiza como es, andaba en otro lado.

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Ser pescador implica tener destreza y pericia. Un joven Hemingway escribió, en su época de colaborador en el Toronto Star, un artículo sobre la pesca de atún en el que apunta: “La pesca destroza la espalda y los tendones… Pero si uno pesca un atún, después de luchar seis horas con el pez, hasta que los músculos duelen por la tensión ininterrumpida y por fin lo arrastra junto al bote, el pescador se sentirá purificado y podrá entrar con la cabeza alta en presencia de los dioses mayores”. Esto mismo lo saben Temo, Miguel y Santiago. Los tres eligieron en el mar y la pesca un medio para purificarse, para probarse a sí mismo que pueden ser mejores en todos los sentidos. Más todavía, que tienen por privilegio disfrutar su labor cotidiana. Y es que, en el caso de Miguel y Temo, su trabajo habitual consiste en ofrecer en renta el Teaser a turistas y pescadores deportivos foráneos. Así sostienen sus familias. Habrá días con buenos ingresos, otros no. Pero a pesar de la inconstancia monetaria, me dejan saber que no cambiarían su trabajo por ningún otro.

Miguel me cuenta que, desde niño, él sabía que su lugar estaba en el mar. En sus años de estudiante universitario tuvo la oportunidad de cursar un semestres de intercambio en una universidad de Arkansas. Estando allá, mirando los paisajes planos de la región central de Estados Unidos, Miguel debió extrañar, además de su familia, los días de pesca en su mar natal. Más o menos por la misma época Temo también andaba en Estados Unidos, pero él en la Costa Este, en Florida. Allá trabajaba duro en una embarcación y ahorraba para comprar la suya propia. Tiempo después y con dólares en el bolsillo, Temo compraría al Teaser antes de llamarse Teaser. Cuando lo adquirió, el yate se llamaba de otra forma y estaba en un estado muy lamentable. Era el cascaron de un Bertram, fabricado en 1970, que apenas se mantenían a flote. Casi dos años le dedicaría para restaurarlo con sus propias manos, gastando en ello más de lo que ganaba. Después lo embarcaría desde Florida, vía canal de Panamá, hasta la costa del Pacífico Mexicano. Miguel sería el encargado de recibir el yate acá en México y, con el respeto de quien reconoce el esfuerzo ajeno, navegó por vez primera el Teaser en las aguas de Manzanillo. Mientras tanto, allá en Estados Unidos, Temo se preparaba para renunciar a su trabajo y regresar a México. Acá ya lo esperaban su familia, sus amigos y una embarcación que, después me lo revelaría, en las letras de su nombre, Teaser, lleva las iniciales de su propio nombre y el de su hijo.

Fue un largo y costoso proceso para poder ver al Teaser anclado en el puerto donde Temo aprendió a pescar. Ahora Temo parece vivir lo que Kenny Chesney canta: se compró un bote, hace amigos mientras se toma una cerveza y procura navegar lejos.

Es así como alguien concreta un sueño. El mismo sueño que permite a una familia y a un grupo de amigos participar, con orgullo propio, en uno de los torneos de pesca con mayor tradición en el Pacífico. Aunque este año no habrá celebraciones en el Teaser. El premio principal se lo llevará en un equipo que, asegura Temo, tuvo suerte, pero que además supo hacer las cosas bien en sus jornadas de pesca. El 65o. Torneo Internacional de Pesca Deportiva de Manzanillo concluirá como todos los años, con festejos aquí y allá; pero también con reuniones entre camaradas donde haabrán de contarse, una y otra vez, sus historias de pesca.

Pasados lo días, en una mañana excesivamente soleada, me reencuentro con Miguel y con Temo, otra vez en el mismo muelle, frente al Teaser. Después de saludarnos y ponernos al día, conversamos sobre lo que vendrá después. Me dicen que están pensando en participar en un torneo de pesca que, semanas más adelante, se realizará en la Costa Alegre de Jalisco. Y, quién sabe, a lo mejor esta vez haya mejor suerte. Poco antes de despedirme les pregunto si acaso un pescador, cuando duerme, sueña con su propia embarcación. Como respuesta ambos ríen y vuelven la vista al Teaser, que en esos momento refulge bajo la intensa luz del sol.

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