Connect with us

LOCALES

(¿) Los dilemas de Indira (?)

Published

on

Compartir:

El nuevo gobierno asumirá la conducción del estado en un escenario con múltiples adversidades. Entre ellas, la entidad padece de un problema grave de inseguridad y violencia, las finanzas públicas están sujetas cada vez a mayores presiones (creciente pago de pensiones, obligaciones por la adquisición de deuda, ingresos y recaudación insuficiente, etc.) y la emergencia por Covid-19, además de evidenciar y exacerbar las desigualdades sociales existentes, producirá nuevas problemáticas (en materia educativa o de reactivación económica, por ejemplo) que tendrán que ser atendidas. El desafío del próximo gobierno consistirá en abordar, atinada y plausiblemente, las crisis y problemas que afectan a la entidad.

La magnitud del desafío supone que, durante el actual periodo de transición, el nuevo gobierno tendría que ir definiendo —al menos idealmente— la manera en que conducirá y atenderá los asuntos públicos. Atrás deben ir quedando ya las generalidades y las propuestas electoreras de la campaña, para ir dando forma a un proyecto serio y factible de gobierno. Y para ello, el nuevo gobierno tendría que ir tomando múltiples decisiones que vayan estableciendo en concreto cuáles serán sus prioridades, qué instrumentos de política pública utilizará y qué premisas guiarán sus decisiones y acciones. Esto le permitiría, además de ganar tiempo desde el primer momento, brindar certezas al conjunto de la administración pública y a la población sobre cómo se conducirá durante el próximo sexenio. 

Definir las prioridades implica seleccionar y definir los problemas públicos que formarán parte de la agenda gubernamental. En un escenario con restricciones y limitaciones fiscales, políticas y temporales, el gobierno no podrá afrontarlo todo, por lo que deberá decidir atinadamente que problemas abordará. Aquí debe evitar el error común de elegir únicamente los temas, sectores, poblaciones objetivo u objetivos que formarán parte de la agenda, ya que definir las prioridades de gobierno requiere de un esfuerzo adicional por conocer racionalmente las causas de los problemas seleccionados y construir alternativas de solución convincentes y posibles. Además, las prioridades del nuevo gobierno tendrían que verse reflejadas, por lo menos, en la asignación de recursos del siguiente presupuesto de egresos, así como en la conformación de la estructura programática.

También, el próximo gobierno deberá decidir sobre los medios (instrumentos) mediante los cuales pretenderá resolver los problemas públicos que aquejan a las y los colimenses. Así, tendrá que decidir si continúa con los mismos instrumentos de política pública hasta ahora utilizados (como las despensas, los uniformes escolares o las transferencias económicas que, como están planteados actualmente, actúan de manera desarticulada y carecen de la pertinencia necesaria para resolver problemas, transformar condiciones de vida o garantizar derechos), o si opta por instrumentos que atiendan las causas de los problemas y que la evidencia y la experiencia sugieren mayor eficacia y pertinencia. Pero la decisión no termina ahí, ya que deberá elegir, además, sobre sus características, como el tamaño de los montos (en caso de ser transferencias económicas), las condicionalidades (o no), la periodicidad y formas de entrega, quiénes serán los beneficiarios, si serán de carácter universal o focalizado, y cómo se llegará a la población objetivo y monitorearán, medirán y evaluarán sus resultados, entre otros. Son múltiples decisiones que no solo darán forma a las políticas públicas del próximo sexenio, sino que determinarán, en gran medida, su alcance y efectividad.

Además, el nuevo gobierno tendría que ir definiendo ya las premisas que guiarán sus decisiones y acciones. No basta con aludir que no se robará, mentirá, traicionará al pueblo, que habrá austeridad o que se operará sin intermediarios, sino que es necesario traducir esos principios en acciones, procesos y mecanismos que aseguren su cumplimiento. El nuevo gobierno deberá decidir, además, si opta por la profesionalización y la construcción y fortalecimiento de las capacidades institucionales del Estado y la administración pública, o si mantiene las mismas inercias y rutinas burocráticas que hasta ahora han obstaculizado y mermado el desempeño del sector público. Tendrá que elegir además sobre el rol que asumirán las políticas públicas frente a lo que ya hacen otros ámbitos de gobierno (si replica o complementa instrumentos y prioridades, si llena vacíos, si extiende la cobertura, etc.) y si asumirá una gestión de decisiones parejas, homogéneas y ambiciosas o si fija objetivos de mediano y largo plazo para ser alcanzados con acciones graduales e incrementales. 

Toda decisión de gobierno —si es de política pública— contiene componentes políticos, técnicos y éticos. El reto consiste en equilibrar estos componentes para evitar producir intervenciones que se queden únicamente en buenas intenciones, que se alejen de las realidades y demandas sociales o que privilegien irreflexivamente unos valores sobre otros. La responsabilidad que no podrá eludir es en promover un sector público más transparente, con mayor apertura, más incluyente y que rinda cuentas a la ciudadanía. Ojalá que este periodo de transición rinda frutos, más allá de lo simbólico, para que en Colima exista un proyecto serio y factible de gobierno.

Compartir:

AYUNTAMIENTO DE MANZANILLO

UNIVERSIDAD DE COLIMA

CONGRESO DEL ESTADO DE COLIMA

SAINZ AGENCIA DE PUBLICIDAD

AGREGADOS EL SEIS

RINCON DEL MAR

Más leidas

Copyright © Diario Avanzada.