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La leva en Colima en tiempos del crimen organizado

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Conocido popularmente como “leva”, el reclutamiento forzoso de jóvenes para participar en el ejército o en grupos armados revolucionarios tiene sus antecedentes en México desde la época colonial y a lo largo del Siglo XIX.

Según algunos estudiosos del tema, ese fue el mecanismo más rápido y poco costoso para engrosar las filas de soldados durante un conflicto bélico, la cual conllevó un alto índice de deserciones.

“Durante los primeros cincuenta años del México independiente, la vagancia y el desempleo eran motivos suficientes para la filiación de varones en la edad productiva en un ejército todavía poco profesional y poco disciplinado a pesar de las constantes denuncias de ser un procedimiento impopular, nocivo, degradante y dañino en los periódicos, memorias y literatura de la época”, dice Pascale Villegas, integrante del Centro de Investigaciones Históricas y Sociales de la Universidad Autónoma de Campeche.

En la actualidad, cuando ya pasaron las dos primeras décadas del Siglo XXI y del tercer milenio, tanto en México como en Colima continúa la práctica de la leva, pero ahora ya no son los grupos revolucionarios ni el ejército regular quienes la llevan a cabo, sino los cárteles del crimen organizado que cada vez se llevan más jóvenes para engrosar sus filas como sicarios o vendedores de droga.

Precisamente ese es uno de los móviles de las desapariciones de personas en el país, en su gran mayoría jóvenes, que actualmente suman más de 80 mil personas en México y en Colima se tiene registrada una cifra superior a 1,300 personas que permanecen en calidad de desaparecidas.

Naturalmente, no puede afirmarse que todas las personas desaparecidas hayan sido reclutadas por el crimen organizado, porque una parte seguramente fueron privadas de la vida e inhumadas en fosas clandestinas, como se ha localizado a miles de ellas y otras permanecen sin ser ubicadas, pero también es muy probable que una cantidad de los desaparecidos sí hayan sido llevados a campos de concentración de grupos criminales y se encuentran sometidos a trabajos forzados.

Esto ya se ha evidenciado, luego de que se han conocido públicamente testimonios de jóvenes que han logrado escapar de esos lugares y han contado las descarnadas historias que les tocó vivir mientras estuvieron en manos del narcotráfico.

Es posible que algunos de los jóvenes que en un principio fueron reclutados de manera forzada en algún momento se resignan a ese nuevo destino y se adaptan a continuar ese modo de vida, inicialmente por miedo y después por conveniencia propia, pero también debe haber personas que jamás se adaptan a esa realidad y enfrentan una disyuntiva: intentar escapar o, si no tienen suerte, ser ejecutados por sus propios captores.

El fenómeno de la leva por parte del crimen organizado debe ser también otra línea de investigación de las autoridades políticas y policiacas de municipios, estados y la federación, pues se trata de un fenómeno que implica diversos delitos que van contra las libertades y la dignidad humana.

La gran pregunta de ahora es cuántos jóvenes colimenses están viviendo esa situación y se encuentran en espera de una acción de las fuerzas policiacas para ser rescatados.

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