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Manicure con hachuela

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Columna
El puercoespín

Gran cantidad de candidatos que ganaron en las pasadas elecciones eran tipos y tipas impresentables; sin embargo, muchos de ellos, incluso ganaron su elección a pesar de su mala fama pública y su condición de impresentables.

Todos los partidos, sin ningún pudor, y muy por lo contrario a los valores, buscaron tipos y tipas impresentables porque -según ellos- representaban grandes posibilidades de ganar la elección.  Buscaban a las y los mejores posicionados. Los partidos no tienen como consigna moralizar la vida pública sino todo lo contrario, pretenden continuar con la misma dinámica de la corrupción.

Morena, el partido de los consensos actuales, –desde la elección de 2018- hizo oídos sordos de los simpatizantes de la llamada 4T y postuló en todo el país a: ladrones, bandidos, parientes, amigos, chapulines y toda la fauna propia de la vida política corrupta.

En todo el país, hoy el PRI Y el PAN  estarían muertos políticamente, sin embargo, para ellos fue una verdadera sorpresa haber sobrevivido a una siguiente elección –después de la hecatombe de 2018-, que ciertamente para ellos es un gran triunfo. El PRD está más muerto que vivo, pero aún respira; el PRI todo maltrecho, pero vivo después del tren que le pasó encima; el PAN apenas puedo sostener en los niveles de representación de 2018, pero con la credibilidad por los suelos. 

Morena puedo haber arrasado, pero no fue así porque, en muchos espacios, postuló a corruptos provenientes de PRI, del PAN y de otros partidos. Todos los señalados, en Colima, perdieron, con varias importantes excepciones.

También algunas elecciones en las que pudo postular candidatos o candidatas limpias prefirió postular candidatas y candidatos señalados de corrupción convirtiendo una elección normal en una elección entre inconvenientes. En algunas elecciones la sociedad los mando muy lejos como la de Nuevo León donde la candidata de Morena terminó en cuarto lugar, pero otras, como la de Colima, ganó la elección entre el desánimo y la moral por los suelos que más que triunfo parece haber sido la liberación de un veredicto de pena de muerte por uno de cadena perpetua. Nada que festejar.

A pesar de lo anterior Morena ganó, atípicamente a lo acostumbrado en los últimos años en México en las elecciones intermedias, no arrasó como lo pudo haber hecho y eso sorprendió, sobre todo a la mismísima oposición. Generando con ello una ventana para que la oposición  y sus medios publicitarios intentaran un falso triunfalismo propagandístico que sí tuvo un efecto real pues los triunfos de Morena se vieron opacados y amargados.

Ese fue el precio que tuvo que pagar Morena por haber puesto a un burócrata en la Dirección de su partido. Morena precisa de un líder no de un burócrata palomeador de candidaturas y gerente general de tráfico de influencias.

Desde la presidencia, al parecer, ya se dieron cuenta que Morena hizo muy mal al desmovilizar a sus miembros fundadores, y en los casos extremos, haberlos expulsado de facto del partido. 

Desde Palacio, al parecer, ya se dieron cuenta que algunos candidatos ganadores no son tan decentes ni tan impolutos como los presentaron en las campañas y que, aunque firmen una o mil cartas compromiso, donde se comprometan a respetar los principios de no robar, no mentir y no traicionar, no basta.

En Palacio sabían y saben que muchos candidatos y candidatas a gobernadores o presidentes municipales no son de confiar.

El amenazarlos con aplicarles manicure con hachuela es una medida que el presidente quiere pender de la cabeza de los candidatos electos para que caminen derechitos. Es una ratificación  de la promesa de luchar contra la corrupción. Morena y el presidente se sienten rebasados por la parte de la sociedad que demanda limpieza de corrupción del Estado. A Morena le quedan dos años y medios para probar que puede funcionar como partido de la transformación, de ellos depende continuar liderando el cambio o hacerse a un lado.

El movimiento de la Cuarta Transformación ya les envío el telegrama a los morenistas de que el apoyo no es incondicional, los simpatizantes no votarán más por corruptos, así de claro fue el mensaje.

La presidencia ve signos de rebase y la frase del presidente de hacerles manicure con hachuela a los recientemente electos gobernadores y presidentes municipales que, ellos mismo propusieron, no es otra cosa que el fantasma de la sociedad que más temprano que tarde los puede hacer a un lado. Es el fantasma del rebase de la sociedad por la izquierda.

El PAN ya lo vivió en su momento. Creyó Vicente Fox que la sociedad haría lo que él dispusiera y ya vimos que no fue así. Fox y el PAN terminaron rebasados por una sociedad muy politizada y demandante. Aplicar más de lo mismo ya no procede.

Manicure con hachuela es un mensaje de alarma. Los focos de alarma están encendidos en Morena y en Palacio Nacional.

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