Vislumbres. Más allá del choteo

Escrito por: Abelardo Ahumada

Desde que se anunció la realización de la “consulta ciudadana” para decidir si se continuaría o no la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional en Texcoco, éste fue un tema que comenzó a levantar ampollas en la tersa piel de los inversionistas que tenían previsto hacer jugosos negocios por aquellos rumbos, y una gran polvareda política entre los beneficiarios más favorecidos del gobierno peñanietista. Mismos que, valiéndose de su poder económico y de los medios que tradicionalmente han sido apoyadores de los anteriores gobiernos federales, no han dejado de echarle camionadas de lodo y basura al que, constitucionalmente, iniciará dentro de un mes.

El principal argumento que la mayoría de dichos señores esgrimen, es el de que un tema como ése no debe ser consultado con los ciudadanos que ignoramos todo respecto a la aeronáutica y otros asuntos afines, sino, nada más a los expertos que hay en México y en el extranjero.  Un argumento que, aun cuando parece totalmente válido, no es necesariamente cierto, porque la intención que está detrás de la consulta no tiene nada qué ver sobre las cuestiones técnicas, de las que, en efecto, muy poco sabemos la mayoría de los ciudadanos; sino la de cumplir con uno de los compromisos de campaña de AMLO: el de realizar un gobierno con el pueblo y para el pueblo, aunque a primera vista parezca un acto demagógico.

La repulsa, pues, contra la consulta, también nace de la ignorancia de quienes no han entendido aun el propósito de realizar un gobierno diferente, cuyos planteamientos contrastan con el esquema gubernamental tradicional que se basa en imponer las decisiones sobre las obras que se han de realizar, favoreciendo, de paso, a las cúpulas políticas, empresariales nacionales y extranjeras a las que les encanta hacer negocios a la sombra del poder.

Así que, si todavía hay alguien que se mofe del hecho de que doña Chaña y don Checho hayan asistido el pasado domingo a emitir su opinión respecto a lo consultado, primero que todo deberían de enterarse que esas prácticas se realizan, con relativa frecuencia, en países que ya tienen una  larga tradición democrática, y que la intención del presidente electo va encaminada hacia esos mismos rumbos. Todo ello aparte de que, cuando él mismo gobernó el De Efe, promovió una encuesta similar para que los habitantes de la ciudad decidieran sobre la construcción del “Segundo Piso del Periférico”.

SAN SALVADOR ATENCO. –

Por otra parte, el asunto del aeropuerto en la zona de Texcoco no es nuevo, como seguramente lo recordarán muchos lectores, pues comenzó a cobrar fuerza desde el año 2001, cuando tras de haber asumido la presidencia de la república, Vicente Fox Quezada anunció su construcción en una parte árida “del ex lago de Texcoco” (sic).

En esos días, cabe recordarlo, gobernaba a su vez, Arturo Montiel Rojas (tío y jefe político de Enrique Peña Nieto), en el Estado de México; mientras que Andrés Manuel López Obrador hacía lo mismo en el Distrito Federal.

De lo que nosotros nos pudimos enterar entonces fue que, dada la “saturación del Aeropuerto Internacional Benito Juárez”, Fox, Montiel, sus allegados y algunos grandes empresarios se pusieron de acuerdo para construir uno nuevo, y las únicas dos regiones en donde podría edificarse eran: Tizayuca, Hidalgo, y San Salvador Atenco, Estado de México.

La resolución final fue Atenco, en donde, inmediatamente surgieron personas que se opusieron, pero no tanto porque dicho aeropuerto se fuese a construir allí, donde la mayoría de las tierras son improductivas, sino porque (hay que decirlo con franqueza y no andar publicando cosas que sólo se simularon), a los ejidatarios y a los pequeños propietarios del rumbo se les quiso pagar una cantidad risible por sus pedazos de tierra, aun a sabiendas de la plusvalía que sus desoladas parcelas habrían de adquirir en cuando se diera el banderazo oficial para iniciar la magna obra.

Pero el gobierno no quiso pagar más y al rato surgieron los machetes a relucir, el problema de politizó y Vicente Fox prefirió recular y no seguir adelante con la que iba a ser la obra cumbre de su sexenio. Resolución que no impidió, sin embargo, que los grandes magnates siguieran comprando todas las tierras aledañas, para hacerlas rentables a la primera oportunidad.

Esa oportunidad llegó casi 12 años después, al instalarse en la silla presidencial Enrique Peña Nieto (sobrino y sucesor del mencionado Montiel Rojas). Sólo que modernizaron la idea original y movieron la sede del futuro aeropuerto a unos pocos kilómetros de donde lo habían planeado.

Peña Nieto y sus amigos cometieron, sin embargo, un gravísimo error más: el de atreverse a decir que, una vez que estuviese construido el nuevo aeropuerto internacional, se prescindiría totalmente del Aeropuerto Internacional Benito Juárez.  Idea que, si no le gustó al entonces candidato López Obrador, tampoco me gustó a mí, porque no considero válido deshacerse de una infraestructura tan grande como la que hay ahí, y que tanto ha costado al pueblo durante más de seis décadas.

Siguiendo en este mismo hilo de razonamiento, creo que los organizadores de la consulta cayeron casi en el mismo error que quienes forzaron la construcción del aeropuerto en Texcoco, puesto que plantearon las dos únicas opciones como si fueran totalmente excluyentes y no se pudieran complementar. Siendo que, como bien ocurre en otras grandes ciudades del mundo, la construcción de un nuevo aeropuerto no inhabilita (sino aligera y complementa) el funcionamiento del otro.

Antes de concluir con esto, entiendo también que, al haber sido manejadas las dos propuestas como excluyentes, al elegirse cualquiera de las dos se van a perder varios miles de millones de dólares, pero admito que sería más costoso (como era la pretensión de EPN y su gente) anular al Aeropuerto Benito Juárez.

Y ya por último, viendo las cosas desde la perspectiva que he querido plantear, pienso que aún queda abierta una tercera opción: que sin dar marcha atrás a la decisión tomada, los inversionistas y AMLO lleguen a un acuerdo: que el aeropuerto de Texcoco se siga construyendo, pero sin la participación de los fondos públicos y sólo con capital privado.

LA NUEVA REALIDAD ADMINISTRATIVA. –

Si bien ya hemos tenido antes la posibilidad de ver cómo se han ido integrando diferentes cabildos plurales, era cosa común que los equipos de trabajo con que cada alcalde llegaba a su presidencia fuesen individuos (hombres y mujeres) que simpatizaban con (o habían militado en) el partido político del que provenía cada alcalde. Pero ahora, y muy independientemente del hecho de que los elementos priistas y panistas que hoy se miran en los cabildos actuando en su condición de minorías, nos hemos estado dando cuenta que hay algunas administraciones municipales en que la comentada pluralidad ya dejó de serla sólo en el plano de lo político, y comenzó a manifestarse en los aspectos operativos y administrativos, habiendo, en varios de ellos, trabajadores de confianza que ayer militaron, incluso en partidos políticos antagónicos. Siendo, probablemente, las oficinas de la Presidencia Municipal Manzanillo, en donde este fenómeno más se nota. Ya que, como lo han referido algunos columnistas de muy aguda visión, ahí lo mismo trabajan algunos personajes que “son gente de Nabor”, junto con otros que “son gente de Martha, de Virgilio”, y hasta de la recién estrenada alcaldesa.

Hecho, por otra parte, que no me extraña en lo más mínimo porque, si uno ve bien las cosas, nuestra sociedad es así de plural. Tanto que he conocido familias muy grandes (y otras no tanto) en las que cohabitan sin demasiados problemas militantes (o simpatizantes) de diferentes partidos.

UN PASTEL NADA FESTIVO. –

El viernes o sábado de la semana anterior, recordando la visita que, con motivo de la destrucción provocada por el huracán Patricia, realizó hace tres años el presidente Peña Nieto al balneario de El Paraíso, municipio de Armería,  varios ramaderos y prestadores de servicios del lugar, se comieron un pastel que tal vez les supo muy amargo, para evidenciar con él que, habiendo transcurrido tres años completos de que el mandatario se comprometió con ellos a invertir varios millones para reconstruir el balneario conforme a un buen plan de desarrollo, terminará su periodo sin haberles cumplido su promesa.

Está muy bien que hayan criticado a EPN por incumplido, y estaría muy bien que criticaran a JIPS por no haberle recordado a su amigo lo que tenía que cumplir, pero sería mejor que tanto dichos paisanos, como los de Boca de Pascuales, hicieran una revisión de sus vidas y fueran un poco autocríticos con sí mismos y sus antepasados, para que reconozcan la obstinación con que se mantienen allí, tan cerquita del oleaje, a sabiendas que todos sus haberes, e incluso sus personas, siempre estarán expuestos a ser arrasados por el mar.

En este sentido, lo más recomendable tendría que ser que ellos admitan que sus ramadas y sus restaurantes deben de ser removidos a mayor distancia respecto de donde saben muy bien que todos los años llegan las olas más grandes. O que, si deciden permanecer en donde están, lo hagan por su propio riesgo, con plena conciencia de que si pierden algo será por su tozudez y para que no demanden ayuda de nadie para reconstruir sus espacios, recuperar sus muebles o el dinero gastado.

CHISTOSO. –

En días pasados leí por ahí unas declaraciones de los nuevos líderes locales de la CNTE, comentando que dentro del gremio magisterial se practica una “monarquía estatutaria”, mediante la que al parecer “¿reinan?” los dirigentes de ambas secciones no sólo a su más entero antojo, sino durante más tiempo para el que fueron electos.

Coincido con esos compañeros en cuanto a que los líderes sindicalistas magisteriales siempre se pasen de tueste en cuanto al tiempo que están al frente de las secciones, pero llamar a eso una “monarquía estatutaria”, creo que no fue lo más afortunado, aunque sí algo chistoso.

QUE SÍ, QUE NO. –

La semana pasada también sucedió que don José de Jesús Sánchez Romo, Secretario de Desarrollo Urbano del gobierno estatal, dijo primero (o dio a entender) que, tomando en cuenta las críticas recibidas por los usuarios de la Calzada Galván, se había tomado la decisión de reabrir el tramo que sus mismos peones estrangularon. Pero en cuanto se publicó la nota dijo que eso no fue lo que había querido decir, y que lo malinterpretaron.

No por menos un amigo que tengo, inmediatamente me dijo: “¡Que lo corran, por nango!” Y yo estuve totalmente de acuerdo. Pero Nacho no. Y él es el que decide.

LA CASETA. –

En lo que sí coincido totalmente con JIPS (pero primero con los ciudadanos que se lo hicieron finalmente entender) es que ninguno de nosotros debe aceptar que se nos siga cobrando por el uso de la autopista en la caseta de Cuyutlán, ni que como por pura buena fe de los empresarios se nos haga un descuento, ya que la concesión original de esa caseta venció hace más de veinte años, y se nos sigue cobrando como si en cada lustro la hubieran vuelto a construir.

Así que, si me lo permiten: “¡Fuera la caseta de Cuyutlán!”. Aunque sólo sea ésa, para empezar a quitar otras más.

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