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El eslabón más débil

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Escrito por: Mtro. Abel Palomera Meza.

Conforme avanza y llega a su etapa final la pelea por el Gobierno del Estado, la intención de voto de los colimenses tiende a concentrarse en unas cuantas opciones. Así, a pocos días de iniciar mayo, el último mes de campaña, las encuestas parecen predecir que el resultado del 6 de junio de este año favorecerá a uno de los cuatro candidatos con más apoyo, que son, en orden de preferencias, Indira Vizcaíno, Mely Romero, Leoncio Morán y Virgilio Mendoza.

Por esa razón es que las encuestas que se realicen y publiquen durante el mes de mayo podrían dar información más verídica que apunte a decir quién está siendo considerado por la gente como su próximo Gobernador o Gobernadora. En esas encuestas se verá si se confirma lo que hasta ahora han reflejado o si existe un cambio que apunte en una dirección un poco o mucho distinta. Y aunque hay indicios con una tendencia estabilizada, las elecciones no se definen por las encuestas, sino por los votos.

Lo que sí nos puede dar más claridad de la situación en que se encuentran las campañas por la Gubernatura del Estado y el posible resultado conclusivo, es conocer el punto más débil de cada una de las cuatro opciones finalistas. Y es que, tomando un principio básico de competitividad para aplicarlo al argot electoral, “la debilidad de una campaña se mide por la fuerza de su punto más débil”. Es identificando ese punto más débil que se puede saber, más allá de las encuestas, la probabilidad de cada candidato para ganar la elección.

En el caso de Indira Vizcaíno su mayor debilidad se encuentra en las candidatas y los candidatos que seleccionó Morena para las alcaldías y las diputaciones. La idea correcta para una campaña en elección concurrente es que, siendo prioritaria la Gubernatura, el resto de candidatos ayuden a sostenerla y fortalecerla. Ese no es el caso. Manzanillo, además de otros, representa para Indira su mayor debilidad y desafío. Este punto, que es el más débil de su campaña, coincide desafortunadamente con la importancia de ese municipio en una elección estatal.

La candidata a la Alcaldía, Griselda Martínez, además de traer los negativos naturales del desgaste que sucede al gobernar, motivó un proceso interno de división y encono entre morenistas. A eso se le suma que su campaña no ha coincidido en narrativa, estrategia y actividades, con la de Indira Vizcaíno, lo que tendría que suceder como aspecto básico. Y, por si lo anterior fuera poco, Jorge Luis Preciado, candidato también a la Alcaldía, pero por la coalición Va por Colima, fiel a su estilo arrebatado y entrón, ha despertado ánimo positivo y movido emociones en los manzanillenses, lo que mete más presión en la decisión del voto.

Por su parte, en Mely Romero y su campaña lo que más pesa, o más le debilita, son las marcas políticas que le postulan, como son PAN, PRI y PRD, al ser las de mayor rechazo entre el electorado y que han provocado, con la coalición que formaron, su desprendimiento ideológico y la fuga de liderazgos, militantes y simpatizantes que se han sentido traicionados y decepcionados ante ello. A esto hay que agregar que sus dirigencias y cúpulas políticas mal entendieron su coalición, al considerar que trabajar juntos en esta elección significa una fusión de equipos y estructuras, lo que aceleró su fragmentación partidista.

Esa debilidad de la campaña de Mely Romero se amplifica con la posición que han asumido Movimiento Ciudadano y el Partido Verde Ecologista, de partidos catch all, es decir, partidos atrapa todo. Con ello, van sumando para sí mismos, los liderazgos y votantes que pierden PRI y PAN. Asimismo, han diseñado y desplegado estrategias de operación política para minar también las otrora poderosas estructuras priista y panista, quedándose no sólo con quienes dejaron sus partidos por voluntad propia, sino motivando a muchos más a moverse de un partido a otro.

En Movimiento Ciudadano sus debilidades son dos. La primera es la falta de estructura partidista y de una base social sólida y estable en el largo plazo. Al ser un partido de pocos militantes y muchos simpatizantes, que se jacta más de ser un movimiento de ciudadanos que una institución partidista, no logra consolidarse organizacionalmente ni echar raíz a nivel territorial. Cuenta, entonces, con un voto flotante y cambiante, que a la primera podría crecer o asustarse y emprender la huida. La segunda debilidad son sus candidatos cuya selección claramente no privilegia su capacidad electoral para sumar votos al proyecto estatal.

Por otro lado, el Verde Ecologista ha entendido muy bien que sumar es el camino correcto para crecer. Y ha hecho buenas sumas, de personajes y liderazgos que no sólo le darán votos sino seguramente también conquistarán posiciones públicas. El Verde ya lleva la de ganar, porque ha crecido y en política eso es ganar. No obstante, su principal debilidad es que ha crecido gracias al voto que se desprende de otros partidos, sin lograr formar de manera amplia un voto propio, que al mismo tiempo sea estable y se sienta orgulloso de su color e identidad. O, al menos, ese voto no se ha consolidado a un nivel deseable en esta elección.

Es también en esta última etapa que los colimenses cuyo voto no fue definido en los dos meses anteriores, de marzo y abril, toma forma por fin. A esos colimenses es a quienes se les conoce como votantes indecisos. Son también los que al ser encuestados responden no sé o aún no decido. Y son, finalmente, los que determinan su voto a partir de revisar y analizar la información sobre cada uno de los candidatos, sus partidos y las propuestas que ponen a su consideración.

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