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La derecha está entre la política y la violencia

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En estas instituciones se encuentran los hombres y mujeres que más ganan en México. Personajes que ganan casi medio millón de pesos al mes, es decir, que podría comprarse una casa de interés social cada mes contra los 20 años que se tarda un ciudadano promedio en nuestro país. Sí, son los consejeros del INE y los jueces de la Suprema Corte de la Nación, que incluso están amparados por ellos mismo para seguir ganando estas cantidades obscenas.

Ante la incapacidad de la derecha de presentar un proyecto creíble y capaz de aglutinar a una oposición el Instituto Nacional Electoral ha optado por combatir al Gobierno de México. Ese es un frente en el que está la batalla en todo su esplendor. 

El último reducto de los corruptos neoliberales es el Poder Judicial que han aprovechado para promover amparos que los proteja de las reformas a las leyes para hacer más justo a nuestro país. Ellos han aprovechado a los corruptos del  Poder Judicial para sostener sus privilegios y sus esquemas de robo a la nación, altamente inmoral, y seguir obtenido estratosféricas ganancias en forma antiética.

La gota que derramó el vaso fueron los escandalosos amparos contra la reforma energética de la Cuarta Transformación. 

Estos señores que nadie les dio un solo voto y fueron puestos en sus cargos por los mismos beneficiaros de sus corruptelas pretenden continuar robando bajo argucias leguleyas que ponen en riesgo la viabilidad económica del país.

El Ejecutivo Federal pretende, con base en la reforma al Poder Judicial aprobada el 11 de marzo de 2021, darle más poder al Consejo de la Judicatura y a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y ampliar por dos años más la presidencia del ministro Arturo Zaldívar,  para  que éste pueda llevar a cabo las reformas estructurales necesarias de un Poder Judicial lleno de vicios como el nepotismo, el tráfico de influencias, e incluso, nexos con el crimen organizado.

Urge la reforma del Poder Judicial para tener un país menos corrupto y más justo. Cabe precisar que las reformas las está haciendo el Congreso de la Unión. Y no está de más señalar que tanto los diputados que integran ese poder y el Ejecutivo fueron electos con el 53% de los votos. Esa es su representatividad real y su legitimidad políticas. La más alta de los últimos 40 años. 

No está de sobra recordar que Peña Nieto con apenas el 38% de los votos obtenidos en las urnas privatizó y modificó las leyes de la materia sin legitimidad y sin siquiera mayoría simple. Lo hicieron autoritariamente y con sobornos de por medio que tienen bajo investigación y proceso, por lo pronto, a Emilio Lozoya y al ex senador Jorge Luis Lavalle. Ricardo Anaya y el actual gobernador de Querétaro están en veremos; además,  firmaron contrato leoninos con la iniciativa privada nacional y extranjera con francas pérdidas para el erario.

Los defensores del abuso y la corrupción vuelven a evocar sus argumentos de siempre –ya ni imaginación tienen-: Pascal Beltrán del Río dice “Vamos directos al fascismo” y Fernando Belenzuarán dice “Vamos a la dictadura”. Es su misma estrategia de jugar con los miedos de los ciudadanos. Que, por cierto, ya no les cree porque ellos mismo se han encargado de desgastar sus argumentos al aplicarlos para cualquier cosa. Cuando se definió el presupuesto a favor de los pobres y de las pensiones y becas lo dijeron; cuando se eliminaron los intermediarios en los programas sociales lo repitieron; cuando se desaparecieron los fideicomisos que usaban como cajas chicas los volvieron a usar; cuando se canceló el aeropuerto de Texcoco y se les quitó el cobro de la Tarifa de Uso Aeroportuario lo sacaron de nuevo; al parecer carecen de más argumentos.

Ellos siempre fueron una primera minoría y se arrogaban el derecho de las mayorías, pero entonces, no se asumían como dictadura, eran unos demócratas. Son unos abusivos y corruptos y hoy manifiestan carencia de argumentos.

Ojalá que, cuando pierdan esta nueva batalla, no les vaya a dar por iniciar un discurso violento que nos conduzca a la violencia física. La política es la vía, no la violencia. 

Por cierto, es preciso recordarle a Pascal Beltrán del Río que quienes alentaron a los fascistas en Italia fueron los gringos a través de su embajador; en Alemania para impedir el ascenso de los socialistas y comunistas al poder alentaron el triunfo de los nazis; y España apoyaron a Francisco Franco porque veían en los Republicanos una amenaza. La historia la conocemos.

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