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Violencia invisible y ciegos que no quieren ver

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117 aspirantes de los 62 mil candidatos han sufrido alguna suerte de agresión –de acuerdo a la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Según Etellekt, consultora profesional, las agresiones  se pueden calcular en 262. La diferencia radica en los criterios metodológicos. 76 candidatos han sufrido amenazas; 65 han sido asesinados; 25 son agresiones a colaboradores o familiares; 18 se refieren a secuestros y; 13 casos son relativos a daño patrimonial. Resulta significativo que el 79 % de las agresiones hayan sido a candidatos a presidencias municipales, entendible porque son la mayoría de los puestos que están en juego.

Es significativo que hasta el 9 de abril del año en curso, al que corresponde esta estadística, sea el número de muertos un 48% inferior al proceso electoral 2017-18; sin embargo, es 2.3 superior al proceso electoral de 2014-15. Lo que significa que existe una mejoría en el clima se seguridad y no podemos dejar de señalarlo.

También es importante que el Estado esté realizando investigaciones a los candidatos por motivos de corrupción que pasa desapercibido por la parcialidad de cómo la prensa maneja la información pues toma partido y en la mayoría de los casos, esconde o minimiza, los casos de investigación relativos a los candidatos afines a la tendencia conservadora. Es importante señalar que 370 aspirantes de los 62 mil están siendo investigados en relación con el crimen organizado. Estamos hablando del .005% de los aspirantes, muy bajo si lo vemos cuantitativamente; sin embargo, si nos atenemos a lo dicho por Agustín Ortiz Pinchetti, donde habla que el Estado puede actuar por lo pronto en los espacios gubernamentales y difícilmente impedir la intromisión del narcotráfico en la elección, se entiende como un esfuerzo por parte del Estado para garantizar la no intromisión del crimen organizado en las elecciones en la medida de las posibilidades –limitadas- que el Estado reconoce que tiene. Que en los anteriores gobiernos no se había intentado, por cierto, sino todo lo contrario.

Ahí están los casos de José Ricardo Gallardo Cardona del PVEM-PT, en San Luis Potosí y Gregorio Gómez Martínez del PRD en Tihuatlán, Veracruz.

Las detenciones de Jorge Luis Lavalle Maury ex legislador de Acción Nacional; de Raúl Candia candidato a presidente municipal de Salinas Victoria, Nuevo León, de Movimiento Ciudadano; la detención de la candidata Adriana Fuentes Téllez a la presidencia municipal de Ciudad Juárez, Chihuahua, por impedir la realización de una obra estatal; así como el sometimiento a proceso a Maru Campos candidata a gobernadora de Chihuahua por la coalición del PRI y PAN, son indicadores de nuevos tiempos y condiciones distintas para tratar el crimen y el delito en tiempos de elecciones.

En otros tiempos estarían alegando persecución política y hoy es distinto son presuntos políticos delincuentes y el Estado debe actuar.

En Colima los candidatos a gobernador parecen no ver la violencia que ocurre en Colima y pasan por alto hacer un diagnóstico de la violencia, porque no vende; porque es un tema delicado y poco atractivo para atraer votos; porque su solución no puede ser rápida ni espectacular y, por lo tanto, no es asunto atractivo para la seducción ni para el lucimiento personal. Todo ello es comprensible racionalmente, pero es imperdonable su frivolidad y, mínimamente, su irresponsabilidad.

Sin embargo, urge debatir públicamente este asunto que cada vez es un elefante más grande en la sala que no nos deja caminar ni hablar ni nada.

Por eso resulta insultante que algunas candidatas tengan escoltas personales y no tengan una propuesta mínima que ofrecer a los potenciales votantes. Su seguridad no está a discusión lo discutible es su asombrosa capacidad para evadir el tema que es, literalmente, de vital importancia.

Mientras tanto la ruta de Los Asmoles, verdadera ruta de tumbas y reliquias, sigue creciendo y dando testimonio de la muerte, el dolor y la impunidad. Las fosas en Tecomán y todo el estado siguen apareciendo. ¿Y los candidatos? Para ellos la violencia es invisible y son los peores ciegos que niegan a ver el dolor y la muerte. La impunidad es su apuesta, bien apareada con el olvido.

El tema de la seguridad reclama un armisticio, entre los contendientes, para debatir una propuesta de Estado y de aplicación universal en el estado, indistintamente, del ganador de la elección.

Pero creo que les pido demasiado. Volteo a ver a los candidatos -y rápido se me pasa el coraje- pues veo sus miserias humanas y es una suerte de sigamos vivos y gozando de cabal salud, eso es ya un triunfo. Y ellos agitando sus banderitas estúpidamente para luego vernos la cara de estúpidos.

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