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OPINIÓN

Yo quiero una plurinominal

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España y Reino Unido son monarquías y tienen sistemas políticos  parlamentarios. Italia es una República. De los anteriores países los dos primeros son reinos y el tercero una república federal que tienen en común ser democracias parlamentarias y privilegiar la representación proporcional, es decir, que los partidos tengan tantos diputados como votos hayan obtenido en las urnas. Los partidos hacen campaña con base en un programa y los diputados van en una lista presentada por los partidos. El sistema es equitativo y justo. Todos los diputados son plurinominales. En los reinos los reyes son los jefes del Estado y garantizan el equilibro político y en la república el presidente es el jefe del Estado y es el fiel de los equilibrios políticos.

En esos tres países la representación tiene una base representativa prioritariamente poblacional.

En México de acuerdo con la reforma política de 1977 se optó por un régimen de representación parlamentaria mixta. Lo que significa que la elección de los diputados se da con base en una representación tanto poblacional  como geográfica. Esto significa que los mexicanos elegimos dos tipos de diputados: 300 de mayoría relativa –representación regional o geográfica- y 200 con base en un criterio proporcional –de representación población y con base en la votación obtenida—.

En 1977 eran tan difícil ganarle al PRI  porque el PRI organizaba la elección a través de Gobernación, tenía a su disposición sindicatos y organizaciones civiles, controlaba todas las universidades públicas,  controlaba y disponía, a través de la RTC (Dirección de Radio Televisión y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación), todas las televisoras y empresas radiodifusoras, contaba con partidos paleros como PARM, PPS, PFCRN, entre otros, y si no eras del PRI eras perseguido. Era una misión casi imposible ganarle al PRI en elecciones pacíficas. 

Por eso se optó dar espacios de representación en la Cámara de Diputados a miembros de la oposición, de entonces, a través de los diputados plurinominales o de representación proporcional. La idea, en esos tiempos pretéritos, era buena porque permitía acceder a las Cámaras por la vía electoral y este acceso de miembros de la oposición por la vía de listados presuponía que los partidos debían enviar sus mejores cuadros para defender un programa que los ciudadanos habían votado, por tanto, la persona no importaba porque se estaba votando una plataforma política determinada.

Recuerdo con especial cariño al grupo parlamentario del PCM (Partido Comunista Mexicano) denominado Coalición de Izquierda  de 1979 que, siendo unos pocos elementos (18 en total), les dio unas arrastradas políticas al PRI cuyos mejores argumentos, desde entonces, fueron los gritos y el mayoriteo. La historia condenó a los priistas.

Con el devenir del tiempo la oposición fue creciendo y el PRI junto con sus aliados de ocasión fue modificando las reglas del juego para que con cada vez con menos votos obtener más diputados y así no perder la mayoría en las Cámaras. Esto fue así hasta 1988 cuando el equilibrio se rompió y el PRI no pudo sostener su farsa y devino su alianza con el PAN  y el resto es historia.

Una idea original y noble se convirtió, desde 1988, en la perversión de la oposición de todos colores y el sistema de reparto de cuotas de todos los partidos para garantizarse espacios (eufemismo para designar una chamba sin trabajar y cobrar) desde una regiduría, una diputación local  hasta una diputación federal y una senaduría plurinominal se fue convirtiendo en el sueño de todos los políticos. Descubrieron que no solo ganando ganaban sino que también perdiendo se podía ganar y entonces lo importante ya no era la representación sino el reparto de cuotas entre los partidos y entre las tribus de los partidos. Cuando los papás les heredaban las plurinominales a sus hijas, en el PRD en descomposición, hasta se sentían orgullosos de sus corruptas prácticas nepóticas. Así suponga que sucedía en los demás partidos en su frenética carrera decadente.

Un candidato a presidente municipal –por ejemplo- puede saber que va a perder pero no le importa porque si su partido saca el 3 por ciento, mínimo, de votación ya sabe que ya chingo con una regiduría. 

Los partidos, y sus mafias, fueron perfeccionando la corrupción. Al principio el reparto de las plurinominales era entre facciones distintas dentro del partido. Poco a poco fueron descubriendo, los más gandallas de cada partido, que las plurinominales en lugar de repartirlas entre facciones distintas era mejor repartirlas entre sus hijas, sus esposas, su madre, su amante, sus amigas, sus amigos, sus compadres y hoy tenemos lo peor de los mundo políticos.

En la elección 2021 en Colima nos encontramos con el extremo del descaro de estos depravados políticos colimenses. Si uno revisa las listas de candidatos a diputados locales y planillas registradas para contender por las presidencias municipales nos encontramos que: en primer lugar están registrados los presidentes de los partidos políticos que se autoasignaron una posición; luego, incluyeron a sus aliados políticos; inmediatamente registraron a sus hijos, a sus esposas, a sus amantes, a sus amiguis, a sus comadres y a sus compadres. No dejaron espacio sin colonizar. Hubo hasta quien en la regiduría puso a su amiga y en la diputación a su esposa, ese se pasó. A estos tipos no los sacamos del presupuesto ni a mentadas de madre porque carecen de ascendencia materna.

El sistema de elección proporcional debe de reconsiderarse y plantearse una nueva reforma política que acabe con estas prácticas corruptas de los partidos políticos decadentes, que en su momento planteó una representación poblacional y el voto por un programa, pero estos políticos todo lo destruyen.

Yo quiero una plurinominal. ¡Dios mío hazme plurinominal! Ya no haré más travesuras.

Tener una plurinominal no tiene precio.

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