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Fin del periodismo aldeano

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A las cinco en punto de la tarde los empleados del Diario de Colima fueron informados que dicho periódico deja ser propiedad de los Sánchez de la Madrid y dicho rotativo pasaba a inaugurar una nueva época.

Se dice que la empresa fue comprada por empresarios del ramo de la Ciudad de México y como parte de los acuerdos fue recontratando casi todo el personal, quienes contarán con todas las prestaciones de ley, como Seguro Social, vacaciones, estímulos por años de servicio, canasta básica e Infonavit entre otras prestaciones. Se dice que tan solo tres directivos dejan el periódico.

También se comentó que los trabajadores confían en que serán liquidados conforme a la ley y de acuerdo a los años de servicio. También se quedan como colaboradores todos los columnistas, a quienes se les informará de este cambio y la nueva línea editorial.

El periodista Hans Salazar definió a Colima como un estado-pueblito –bonita forma de definirlo- porque así es Colima. Un pueblito con todos los servicios de una sociedad urbana, de un buen nivel de vida, pero sin las molestias del tráfico, la contaminación, las prisas y la deshumanización de las grandes ciudades, aunque sí, presa de los crímenes intestinos del narco y la inseguridad propiciada y permitida por los gobernantes mediocres y la incuria propia de su irresponsabilidad.

El Diario de Colima hace mucho que dejó de ser el medio por excelencia que otorgaba vida y existencia, o la negaba, según sus muy estrictos intereses que sonaban mucho a metálico. Hace muchos años que no existe como tejedor de la narrativa social y política de Colima pues el Facebook, y en conjunto, todas las redes sociales lo sepultaron en el armario de lo inútil. El problema es que nadie se los había informado.

Todos y cada uno de los políticos de los gobiernos los más remotos del PRI y los más cercanos del Prian, e inclusive los de oposición, de ayer y hoy,  tenían que rendirle la corte a Héctor Sánchez y visitarlo en su búnker para ser congraciados con el don de la existencia. Como político si no eras entrevistado por el director del Diario de Colima no existías políticamente. Pero también era cierto que, a la gran mayoría, sobre todo de la oposición, así como fueron recibidos fueron humillados y ofendidos –días después- con las noticias falsas, los torcimientos de las declaraciones, con las medias verdades y las medias mentiras que liquidaban la honorabilidad y las carreras de los políticos. Muchos priistas que se oponían a procedimientos autoritarios del grupo en turno en el poder perdieron su honorabilidad en las páginas del Diario de Colima. También fue deporte favorito del Diario de Colima destrozar a la oposición de izquierda. El mejor aliado de dicho periódico fue el dinero y el poder, fuera de estos dos ámbitos, no existía nada para dicho rotativo.

En la vida cotidiana de Colima, todos sabíamos de la vida de todos, porque en Colima todos nos conocemos y la política era el chisme del pueblo. Y si estaba escrito ésta era su condición de legitimidad que convertía en verdad o mentira el solo hecho de estar escrito en tinta y papel y haber circulado por todo el pueblo.

Era el periódico del pueblo chico y su infierno grande.

Afortunadamente, hace algunos años que esto se acabó porque la gente de Colima entró en las redes sociales que son gratis y tienen la honorabilidad que el Diario nunca tuvo.

Es un misterio el futuro del Diario de Colima, lo único cierto es que si sigue como ahora, sería la continuidad de una momia en reposo. Si cambia, algún futuro tendrá en su reinvención.

Ojalá y su reinvención no retome su vida parásita que vivió al lado de todos y cada uno de los gobiernos priistas que apoyó, consintió, defenestró y chantajeó.

El Diario de Colima es uno de esos periódicos que nadie extrañará porque sencillamente ya estaba muerto y no les habían avisado de su deceso.

Lo interesante es su declaratoria de transición en tiempos de elecciones modernas, limpias y democráticas como promesa. Su desaparición en tiempos de elecciones parece presagiar el fin de la casta de los popis en Colima.

Los únicos nubarrones son los arcanos actuares del narcotráfico que llegan puntualmente por la aduana de Manzanillo como el bienestar del comercio pero con inconveniente de los cadáveres que nos deja el crimen organizado que tanto dejaron hacer y pasar los gobernadores de los últimos tiempos de Fernando Moreno, Silverio Cavazos, Mario Anguiano e Ignacio Peralta Sánchez, por cierto, todos bien unidos a la narrativa del Diario de Colima. 

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