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La corrupción al poder

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Antonio Gramsci sostenía que un partido político debe expresar en su seno lo que quiere para la sociedad; luego entonces, ya como gobierno, reproducir su programa en beneficio de la misma. Gillermo Lora en su teoría marxista del partido sostiene: un partido existe “cuando es programa, y cuando no lo es, es sólo intención, podrá plasmarse o no en partido más tarde, no sabemos, pero cuando existe como programa es ya partido.”

En las campañas no he visto ni lo primero ni lo segundo. Solo frases sueltas, unas afortunadas, otras tantas ingeniosas, la mayoría ocupando lugares comunes y reiterando lo conocido. Pura demagogia, en la mayoría de los casos, y retórica inocua, en el mejor de los eventos.

La mayoría de las frases son huecas están llenas de vacío. En ninguno de los partido ni los tradicionales ni los de mediana edad ni los nuevos articulan ningún proyecto de gobierno ni siquiera un esbozo de programa. No están en  eso: su razón y su empeño está en ser populares –que las mayorías los conozcan-y en promocionar su imagen. Imagen, más imagen y luego la imagen.

No hay programas porque los programas implican los compromisos.

Los partidos se quedaron anclados en el pasado, para ellos el 1 de julio de 2018 no ocurrió. No hay nada que corregir ni plantearse como partidos. Ellos siguen metidos en el márquetin, publicidad y frivolidad como oferta política y su expresión concreta es plantear más de lo mismo con los mismos personajes reciclados y con logos y siglas diferentes pero los contenidos, personajes y prácticas políticas intactas.

Todos los partido políticos plantean lo mismo: si nos das tu voto llegaremos al poder y habrá cambio. Su palabra mágica es cambio.

Y algunos partido lo matizaran como cambio verdadero ante lo desgastado de la semántica del signo lingüístico.

Si nos atenemos a la máxima de Gramsci de que todo partido exprese en su seno lo que desea para la sociedad la propuesta de todos, invariablemente, es: autoritarismo y corrupción, sintetizado en la palabra latrocinio.

Y si recurrimos a Guillermo Loera para definir a los partidos diríamos que ninguna entidad de interés público es un verdadero partido pues ninguno expresa un programa mínimo que, hoy esboza en campaña, pero mañana hará realidad como gobierno, tentativamente, pudiera convertir en un programa y definirse como un partido en el poder y gobernar en el sentido ofrecido. No hay programa. Ningún partido presenta un programa; luego entonces, uno concluye que están vacíos y solo buscan el poder por el poder mismo.

Y volviendo a Antonio Gramsci si observamos sus decisiones al seleccionar los perfiles, los  procesos y las personas encontramos lo siguiente: requisito uno, ser pariente del candidato o la candidata a gobernador es un primer escalón; requisito dos, si usted no cuenta con ese perfil, entonces usted podrá ser candidato si es comadre o compadre; requisito tres, haber sido compañera o compañero de gabinete de Nacho Peralta es otro requisito muy valorado; requisito cuatro, si es usted delincuente, o lo fue en el pasado, también será calificado muy bien, y además, será purificado y convertido en el hombre más honrado de la comarca; requisito cinco, haber dado un cuartelazo lo pone en un nivel muy competitivo;   requisito seis, ser la amiga de un amigo, mejor conocido como amante, usted también está en las grandes posibilidades de calificar; requisito siete, si usted es proclive a traicionar sus principios y aliarse con el enemigo a la menor provocación es usted un individuo con altas probabilidades de ser seleccionado como candidato; requisito  ocho, saltar de un partido a otro es un perfil muy demandado; requisito nueve, tener un antecedente, como funcionario público de haber clonado alguna tarjeta de crédito con cargo al ayuntamiento, usted va de gane; requisito diez, haber dañado el patrimonio público del ayuntamiento que usted presidió es un requisito que no tiene precio.

En síntesis ser: ladrón, traidor, carecer de convicciones políticas, no contar con valores éticos ni morales, ser pariente del candidato machuchón, amigo de quien decide las candidaturas y vocación golpista usted está perdiendo el tiempo trabajando, hace ya rato que pudo ser nominado a cualquier candidatura y ganar el sueldo de su vida muy superior al del presidente de la República.

Los partidos van por el botín del gobierno del estado y esperan la legitimación de la toma del botín en las elecciones. El perfil de los candidatos ya nos anuncia lo que pretenden. Ellos olvidan varios hitos históricos: las elecciones de 1988; los comicios del año 2000 y; las elecciones de 2018, particularmente esta la última, fue una verdadera revolución pacífica. La sociedad al parecer va en un sentido, el de la democracia y los partidos continúan en el mismo camino, el del latrocinio.

Los candidatos y los partidos van por el latrocinio. La sociedad los pondrá en su lugar que, a como van las cosas, será más temprano que tarde.

Estamos hartos del latrocinio eso es lo más cierto.

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