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OPINIÓN

Con los ojos en la cara. Primicias.

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Escrito por: Mtro. Ramiro Cisneros García

El primer amor.

Solamente quien no ha tenido un primer amor, no podrá volver a él, ni siquiera en el recuerdo ni en la imaginación porque  ésta, nace del acercamiento y el contacto con las cosas, con la vida, con lo que pasa y con lo que nos pasa. No hay nada que hacer, porque quien no tuvo un primero, no tendrá un segundo y esto, además de lógico es cierto. Y si alguien, no ha  amado, entonces su vida será considerada un desperdicio, un desastre, un sin sentido. No sentir la prisa, la excitación, la desazón, el sudor de manos, la inquietud interior, el anhelo por un encuentro, la nostalgia por una separación, por alguien que se fue; la melancolía de algo que ya no estará más en nuestras vidas… Sí en la evocación, sí en la memoria del tiempo que se fue, como se va un barco que deja estelas; sí como un tren que se pierde en el horizonte o como el camión de viajeros que arroja humo negro  por el escape y que se traga las distancias y los paisajes que nos separan del ser, de los seres queridos pero solo en el espacio. Un corazón de guitarra quisiera para decir lo que siento, dice una canción. El primer amor evoca timideces, miradas fugaces como un parpadeo, sonrisas simuladas, querer decir y solo temblar, tartamudear, trastabillar, cascabelear decimos …aferrarse al silencio como a una tabla en el mar violento, agitado y tempestuoso del amor primero…a veces,  hablar solo, musitar, imaginar y armar diálogos que no existen y alegar valentías que no se tienen como aquel hermoso poema de Ernesto Cardenal cuya texto dice así: “Yo he repartido papeletas clandestinas gritando  ¡Viva la libertad! en plena calle desafiando a los guardias armados. Yo participé en la rebelión de abril pero palidezco cuando paso por tu casa y tu sola mirada me hace temblar…”  Así es. Exacto. Temer a que los demás sepan que el corazón, mi corazón se siente estrujado y que en momentos late con una fuerza que no podemos controlar; temer y con razón a que el rostro se nos ilumine y nos delate por  una sola presencia o con nombrar a la mujer o al hombre amado y que mi rostro; todo yo, irradie dulzura en la mirada, en la sonrisa y que noten mi piel encendida, mucho más allá de la tibieza habitual. Me vean estremecido y vulnerable, idiotizado y con una carga casi frenética de suspiros y soliloquios. Yéndoseme el santo al cielo y con cara de dolorosa. Recordar también ese otro poema del mencionado  Ernesto Cardenal: “Ayer te vi en la calle Myriam, y te vi tan bella Myriam que, (¡Como te explico que bella te vi!) Ni tú Myriam te puedes ver  tan bella ni imaginar que puedas ser tú tan bella para mí y tan bella te vi que me parece que ninguna mujer es más bella que tú… ni ningún enamorado ve ninguna mujer tan bella Myriam como yo te veo a ti y ni tú Myriam, eres quizá tan bella ¡. Porque no puede ser real tanta belleza!… Así se ven, se sienten y se perciben los amorosos. ¿Engaño? ¿Realidad?

El primer amor, es eso y mucho más, es algo que no se puede expresar con palabras pero es humilde y altanero; es silencio pero genera un ruido y un movimiento interior desconocidos. El primer amor, es dormir con los ojos abiertos y suspirar, suspirar, suspirar y expiar todas las culpas; es arrobamiento, fascinación, agonía y éxtasis; es caminar sin rumbo, es andar en un limbo con pena y con gloria; es sentirse terrenal, vulnerable, inmortal, a veces ridículo y, descubrir de qué lado está el corazón; experimentar por primera vez la soledad y la compañía… las ausencias y las presencias y no poder explicar nada porque nada tiene explicación. Ese tipo de desconocimientos no tiene explicación. La tranquilidad y la calma pero también la revolución, el desasosiego, el desequilibrio de los sentidos y tener otros ojos, otro aliento. Con el primer amor, construyes sueños y escribes palabras en el agua y en el aire. Sonríes como estúpido, como bendito… como si algo dentro de ti te moviera los músculos de la boca, los labios y lo peor es, que no lo puedes controlar;  está más allá de tus fuerzas, fuera de tu control y no puedes articular  palabras sensatas ni insensatas… Simplemente no puedes y, entonces te callas y solo dejas salir impunemente una sonrisa negligente pero beatífica.  Por todos los poros de tu piel hay emanaciones de gozo y de fiesta pero también de temor y dudas… estás parado sobre un hilo que se puede romper con un adiós…que se va a romper para convertirse en lo que será recordado como el primer amor  y que luego será la gran pérdida, la irremediable tristeza y un olvido que no llegará nunca…aunque se asegure que sí. “Te voy a olvidar, te voy a olvidar aunque me cueste la vida y aunque me cueste el llanto yo te juro que te tengo que olvidar…No te vuelvas a cruzar por mi camino me da pena y lástima de verte…” Esto son solo palabras, canciones, la realidad de la vida es otra cosa. A eso se le llama despecho y el primer amor no es amigo de este sentimiento porque no es aferrado y no puede respirar amargura ni dolor. Respira inocencia y candor y a veces lágrimas.

A veces, el amor, busca refugio en los poetas y en los cantores, en los que saben decir cosas bonitas y en ocasiones dolorosas, tristes…si le buscas, encuentras por ejemplo, que Mario Benedetti dice hablando del tema:  “Quizá fue una hecatombre de esperanzas, un derrumbe de algún modo previsto; ah,  pero mi tristeza solo tiene un sentido;  todas mis intuiciones se asomaron para verme sufrir y por cierto, me vieron…Hasta aquí había hecho y rehecho  mi proyecto contigo; hasta aquí había apostado a inventar la verdad, pero vos encontraste una manera tierna y a la vez implacable de desahuciar mi amor. Con un solo pronóstico lo quitaste de los suburbios de tu vida…lo envolviste en nostalgias, lo cargaste por cuadras y cuadras y despacito, sin que el aire nocturno lo advirtiera, lo dejaste a solas con su suerte que  no es mucha…Creo que tienes razón, la culpa es de uno cuando no enamora y no de los pretextos ni del tiempo…Ahora estoy solo, completamente solo…hace mucho, muchísimo que yo no me enfrentaba como anoche al espejo y fue implacable como vos pero no fue tierno…Siempre cuesta un poquito empezar a sentirse despreciado. Antes de regresar a mis lúgubres cuarteles con los ojos bien secos, por si acaso miro como te vas adentrando en la niebla y empiezo a recordarte…” Qué auténtica maravilla. Impresionante. Tiemblas, tiritas, te engarruñas, te desplomas, te sumerges en la vida y un poco en la muerte.

Es verdad, los recuerdos a veces son tenues, están como perdidos en la bruma, “en la penumbra vaga” como dice una canción que también dice: “cuando tú te hayas ido me envolverán las sombras”. La neblina es densa casi como el olvido que no llega del todo porque siempre hay una chispa, una luz, acaso una ráfaga, como un relámpago, casi como una estrella fugaz, como la vía láctea, como un amanecer o un atardecer difuso, impreciso, como nube derramada en el horizonte y sobre los árboles. Derramada en forma de rocío como una bendición.

Y como no recordar ese tango que canta Gardel y que se llama “volver” y que dice así: “Y aunque el olvido que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida, una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón…y aunque no quise el regreso…siempre se vuelve al primer amor…La vieja calle donde me cobijo …Tengo miedo del encuentro en el pasado que vuelve a enfrentarme con mi vida…Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez…sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada en la sombra, te busca y te nombra…

Es por eso  que digo que los poetas y los cantores son tan necesarios y a veces cómplices: “Se fue al clarear el alba, por el camino, bañada en llanto y yo que la quiero tanto, lleno de orgullo la vi partir… Así, con mis propias manos, cave la tumba del alma mía, nomás por ser tan cobarde, por no decirle que la quería”. Y es que, el silencio en ocasiones dice mucho y en otras no dice nada o por lo menos no siempre entendemos su mensaje. O aquella otra canción  que dice, “Llenaste de recuerdos a la ciudad entera para que de tristeza poco a poco yo muera”. O esa otra: dolorosa, doliente y llegadora “Que no somos iguales dice que la gente que tu vida y mi vida se van a perder que yo soy un canalla y que tú eres decente, que dos seres distintos no se pueden querer…yo no entiendo esas cosas de las sociales, solo sé que me quieres y que te quiero yo”. Siempre me ha gustado una canción que se llama, “desesperanza” y que dice así: “Te llegué a querer mucho, insospechadamente…ni yo mismo me explico, tal modo de adorar y queriéndote tanto, te me vas de repente…te me vas sin que pueda tus besos alcanzar…Cuanta desesperanza, que dolor tan profundo, repicar de campanas en mi tarde mortal y,  todo el desconsuelo, regado por el mundo, parece que a mi alma se ha venido a congelar”. “Dices que el amor, igual que llega pasa y el tuyo se marchó por la ventana”.  “Hoy, después de tantos años te encontré; hoy sentí un escalofrío recorrer toda mi piel…hoy, al verte entre la gente, sin que tú te dieras cuenta supe que vives en mí”.  “Me alegro mucho de volver a verte, sabes que no he sido rencoroso; perdóname si ves que estoy nervioso; no te esperaba así, tan de repente”. O una ya casi clásica; “que sorpresas da la vida, encontrarte en plena calle, fue una chispa en mi equilibrio, dinamita que estalló… Como te va mi amor, como te va mi amor”. El primer amor en las expectativas de los nuevos, de los jóvenes  amantes, de los que apenas descubrieron esa veta, es eterno, duradero y nadie ni nada podrá destruirlo y eso, lo hace frágil; el primer amor está construido con sueños, con ilusiones y fantasías. Nada ni nadie, nunca… y entonces, nacen las promesas, los juramentos, los imposibles, la inmortalidad del amor; luchar contra todo y contra todos sin importar. De esto, nacen historias hermosas, como la historia de “Los amantes de Verona”; poemas, leyendas, canciones. El primer amor no se olvida y no se trata del primer novio o la primera novia sino de la persona que te hizo sentir diferente, importante y que te dijo con razón y sin ella que eras la persona más extraordinaria y maravillosa que había sobre la tierra; fue además el candor, la inocencia, la espontaneidad y la dulzura de su expresión total,  franca, incomparable,  irrepetible. El primer amor,  regala otros ojos, transforma, hace madurar, ver  en el futuro otros colores; despierta la imaginación, los sentidos, hace cosquillas y más tarde, años después, nos hace evocar días de sol, noches llenas de estrellas, lunas llenas, campos en flor, vientos portadores de aromas a miel virgen. Todo esto, nos hace entender que el amor nos da, nos trae la felicidad como el regalo más hermoso pero también debe hacernos entender que el odio sigue siendo el gran promotor de la destrucción y la devastación. El gran gestor de la discriminación, la intolerancia  y el fanatismo intransigente, depredador y criminal. Amemos todo con la inocencia, la ternura  y la fuerza tímida del primer amor y no habrá barreras que no se puedan romper.

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