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En este país no hay filas

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El taxi llegó puntual, muy puntual, exacto. De allí en adelante me di cuenta de su profesionalismo. Era el día más importante de mi vida después de un año confinado en mi casa por culpa de la maldita pandemia producida por el SARS-CoV-2; sin embargo, mi optimismo se filtraba por mi mirada y lo transpiraba por cada uno de mis poros.

-Don Fede, soy su chofer designado. Estoy a la orden, vengo para llevarlo a la clínica más próxima, como es usted turista en la CDMX, la instrucción es llevarlo a la clínica más cercana. Todo está bien planeado. La campaña de vacunación está perfectamente organizada. El gobierno del Prian siempre piensa en los ciudadanos antes que nadie. –Disculpe, -le dije entre sorprendido e incrédulo- pero en las redes los de Morena hablan de largas colas para poder vacunarse. Son puras patrañas de la oposición. Siempre inventan cosas. Primero inventaron que se estaba haciendo una campaña de vacunación sin vacunas, y ya ve usted, la campaña está en marcha y tan bien planificada como toda contingencia de salud pública. El gobierno del Prian es infalible.

El taxi tomó la avenida Juárez y me llamó fuertemente la atención una larga fila de personajes conspicuos haciendo una extensa fila a la altura del hemiciclo a Juárez de la Alameda Central. Allí estaba el longevo de Luis Echeverría en su silla de ruedas; Salinas de Gortari platicaba animadamente con un avejentado, pero activo Ernesto Zedillo; Vicente Fox serio, sin decir palabra, muy humilde, estaba a continuación de Felipe Calderón de cuya bolsa derecha del abrigo largo y elegante asomaba el cuello de la botella de Bacardí; Aguilar Camín estaba muy concentrado leyendo la cartilla moral publicada por Javier Lozano; Enrique Krauze muy amable cedía su lugar a un anciano muy elegantemente vestido. La escena me provocó un sentimiento profundo de emoción e intensas ganas de llorar, pero también de incredulidad. Algo andaba muy bien o fatalmente mal. –Son las filas de la humildad -dijo el chofer cortando de tajo mis pensamientos, como si adivinara lo que pensaba en ese momento-.

El chofer del taxi continuó hacia el Zócalo. En la explanada de la plaza de la Constitución estaba llena de personas ampliamente conocidas que formaban una larga cola que daba forma a una espiral monumental. El taxi avanzaba despacio, por el tráfico matinal de las ocho de la mañana, esto me dio oportunidad de reconocer a los personajes que integraban la fila. No lo podía creer, mis ojos estaban a punto de salirse de sus cuencas cuando descubrí entre los formados a Carlos Slim cruzado de brazos y con una expresión de serenidad de quien tiene una resignación producto de la humildad y el sacrificio a toda prueba; Ricardo Salinas Pliego le seguía en el orden, vestía ropa casual de mezclilla y zapatos tenis; Claudio X. González, hijo, con su pelo blanco, largo y alborotado platicaba muy tranquilo con Claudio X. González, padre; Gabriel Quadri vestía una chamarra de la Ibero y leía unos viejos ejemplares de La Alarma, para documentar su cultura de los pretéritos tiempos del crimen desorganizado. Mi asombro iba creciendo entre más capitanes del dinero descubría haciendo fila para ser inoculados contra el corona virus.

El chofer del taxi, buscó mi mirada a través del espejo retrovisor y me pregunto, ¿sorprendido?, no le contesté, simplemente moví mi cabeza de abajo hacia arriba repetidas veces pues mi cerebro apenas podría procesar lo que veía.

El conductor –en un tono pedagógico me explicó-. Es fácil de entender lo que usted ve. Nada es espontáneo en este mundo todo tiene un origen. ¿Usted cree que hacer largas filas se aprende de la noche a la mañana?, no, de ninguna manera. Estos hombres se han formado en los terrenos de la vida dura de nuestra patria. Ellos se forjaron en las grandes colas que alguna vez hicieron frente a los restaurantes Champs Elysees y el Profirio’s; fueron a las tediosas filas de los conciertos de Luciano Pavarotti, de Placido Domingo; concurrieron a las bravas filas de los conciertos de Elton John; sufrieron haciendo cola para comprar el último modelo del iPhone 34X; no se diga de las enormes colas que hicieron en Palacio de Hierro y en las tiendas exclusivas de Prada, Louis Vuitton de la calle presidente Masaryk de la Zona Rosa. Y véalos tan humildes haciendo fila para recibir la vacuna. Eso que usted ve es un largo proceso de aprendizaje y de humildad.

No pude más y le pregunte por los goberladrones, ¿qué fue de ellos? –le pregunté con ansiedad y curiosidad mórbida-. 

-Ese, señor,  es un asunto aparte. A ellos no los va encontrar en las filas. Ellos fueron una excepción de la regla. Imagínese usted querían seguir robado  y hacer negocios con el pueblo. Ellos no entendieron que el Prian se tenía que redimir, como así sucedió, y se anclaron en el pasado. Ellos fueron producto de un  experimento que fracasó. Cuenta la leyenda que fueron presa de un virus llamado estúpidus goberladronus los gobernadores de: Colima, Aguascalientes, Nuevo León, Guanajuato, Michoacán, Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua, Jalisco y Querétaro. Se les aplicó una vacuna llamada Federalista para liberarlos de su estupidez pero la vacuna, contrario a lo esperado, les provocó una muerte fulminante, no sufrieron, su muerte fue instantánea. La vacuna fue producida en un laboratorio que estaba a cargo de Lilly Téllez, una viróloga muy prestigiada que, aparentemente, fracasó y no se supo más de ella. Nacieron estúpidos y murieron fieles a su imagen.

Regresamos al hotel donde me hospedaba y al llegar al vestíbulo rompí mi silencio. –Oiga joven, por qué las filas de vacunación siguen todavía intactas, a pesar de tanto tiempo transcurrido. –Bueno, -dijo con toda la autoridad que le daba el conocer- lo que pasa es que las filas se ralentalizan para demostrar que los empresarios y los políticos son mucho más estoicos de lo que el pueblo imagina.

Subí a mi cuarto de hotel y seguía traumatizado, el Prian había ganado las elecciones de 2018, se habían redimido todos los opinólogos, las televisoras, los empresarios y los políticos. O al menos eso parecía. Inopinadamente el chofer del taxi jaló mi mano y me arrastró hasta el punto muerto de una cámara de vigilancia interna y en forma muy queda susurró a mi oído: no güerito, no se deje engañar, eso  que usted vio, fue un gran montaje para los turistas como usted y del resto del mundo mundial. Me soltó el brazo y se retiró apresuradamente.

Me recosté sobre la cama, y casi inmediatamente, oí muy lejos la alarma de mi cel.  Desperté. Estaba en la ciudad de Colima y la pantalla del móvil me indicaba: 17 de febrero de 2021, 8.30 horas, Casa de Día del Issste. Era mi cita para la vacuna del Covid-19. Morena estaba en el gobierno y los miembros de la oposición, los del Prian, echaban espuma por la boca porque tenían que hacer fila como toda la gente sencilla de México para ser inoculados.

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