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“Lo incierto del virus es que cada día piensas que se te puede ir la vida”

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Colima, México, Avanzada (11/02/2021).- Monserrat pasó los últimos días del 2020 encerrada en su casa, sin ganas de levantarse de la cama y con un ardor tan intenso en una de las fosas nasales, que optó por colocarse un papel enrollado para no respirar por una de las dos cavidades de la nariz.

El 28 de diciembre, la joven estudiante de bachillerato sospechó que tenía Covid-19, aunque una semana después confirmó que era portadora del virus que en Colima ha causado la muerte de mil 49 personas en los últimos 11 meses.

“El contagio fue en la cena del 24 de diciembre. Aunque estuvimos mi mamá y yo, una pareja de tíos y dos de sus hijos fue suficiente para contagiarnos. Dos días después de la cena, uno de mis primos empezó con los síntomas y como trabaja en un hospital rápido se supo que estaba contagiado. Así empezó la incertidumbre”.

– ¿Cómo iniciaron tus síntomas?

– “Se piensa que los jóvenes no la pasamos mal, pero no sé si es sugestión o no, sin embargo yo todos los días pensaba que se me podría ir la vida. Este virus te afecta porque no sabes cómo vas a estar al siguiente día, y estás con temor todo el tiempo. Yo empecé con una tos, y después con una gripa muy fuerte. Sabía que era Covid-19 porque mi primo ya estaba confirmado y yo había convivido con él”.

Monse expuso que después de la tos, la gripe y un poco de fiebre, comenzó a experimentar un ardor  intenso al momento de respirar por la nariz, “me costaba muchísimo porque me dolía, pero era una fosa la que ardía tanto, tanto cuando pasaba el aire, que fui por papel higiénico, lo hice bolita y me tapé esa fosa. Así estuve”.

Después empecé con una fatiga que había días donde me obligaba a estar la mayor parte del tiempo en la cama, “sí perdí el olor y sabor, pero por poco tiempo, aunque cuando los recuperé olía pero de forma distorsionada. Creo que se inflaman tanto las vías respiratorias, que cuando mi mamá preparaba la comida, a mí no se me antojaba porque sólo olía como a cosas echadas a perder. Platiqué con un amigo, y me dijo que a él le pasó algo parecido, pero en su caso olía a metal todo el tiempo”.

Monse refiere que otro de los miedos que experimentó fue el saber que su mamá se contagiaría, “y así fue. Yo empecé primero y ella como a los cinco días de que yo estaba con el virus. Puedo decir que a cada persona le causa estragos de forma diferente. En el caso de mi mamá no hubo fiebre, pero sí una fatiga terrible y un malestar estomacal que se prolongó. En el caso de mi primo, a él le subieron tanto las plaquetas que se desmayaba o mareaba y los médicos dijeron que era una consecuencia del virus”, dijo.

La joven estudiante y su mamá, trabajadora de una empresa privada en la ciudad de Colima estuvieron un mes aisladas, hasta que desecharon el virus de su cuerpo.

– ¿Tienes secuelas? Se le preguntó.

– “Sí, primero te quedas con miedo de contagiar a los demás. Yo todavía no quiero acercarme a mi abuela o a mi abuelo, aunque ya sé que no contagio, pero también, cuando camino tres o cuatro cuadras o cuando hablo durante un tiempo, me canso y he descubierto que me da una tos, como si todavía estuviera enferma. Creo que este virus te enfrenta a tus miedos porque no sabes cómo vas a estar en unas horas o mañana”. 

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