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Estragos económicos de la pandemia: Responsabilidad gubernamental

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EDITORIAL.

A diez meses del inicio del periodo de la contingencia por la pandemia del covid-19, cada vez se aprecian con mayor claridad los errores cometidos por los gobiernos estatal y federal en el manejo de la situación, lo que indiscutiblemente ha derivado en una gran cantidad de víctimas fatales por un lado y una grave recesión económica derivada de malas decisiones, por el otro.

En el ámbito nacional, se contabilizan ya más de 144 mil personas fallecidas a causa de esta pandemia, mientras que en Colima ya nos acercamos al millar de casos, con una tendencia al alza en los últimos días, con el rompimiento de récords en cifras, sobre todo a nivel general en el país.

Sin dejar de aceptar que una parte de la responsabilidad de la situación corresponde a la conducta de la sociedad, también es cierto que buena parte es de las autoridades, empezando por el presidente, Andrés Manuel López Obrador, que no ha querido reconocer que su actitud pública puede tener efectos contundentes en sus seguidores y se ha negado a utilizar el cubrebocas, con lo que neutraliza la campaña de la Secretaría de Salud a favor de su uso por parte de la población.

De igual manera, han resultado significativos los deslices en los que ha sido sorprendido el subsecretario de Salud López Gatell, vocero de la estrategia ante la pandemia, quien ha dejado de usar el cubrebocas y, lo que es peor, no ha respetado la recomendación que +el ha hecho a la sociedad de manera imperativa: “Quédate en casa”.

En el caso de Colima, la debacle económica sólo puede ser atribuible a los desatinos del gobernador, José Ignacio Peralta Sánchez, quien de manera extremadamente prematura, desde marzo pasado canceló las actividades económicas y provocó la quiebra de negocios y el envío de muchos trabajadores al desempleo.

Paradójicamente, meses después, ya con el semáforo naranja y rojo, el mandatario ha hecho poco por incentivar el uso del cubrebocas entre la población, a pesar de la existencia de una ley de la materia, que no deja de ser letra muerta.

El colmo ha sido la pasividad del gobierno estatal y los municipios frente a la realización de festejos tradicionales en algunas comunidades y fiestas particulares en lugares públicos con gran asistencia de invitados, lo que indudablemente se convierte en foco de contagio.

Frente a los graves daños económicos provocados por la equivocada estrategia para enfrentar la pandemia, el gobernador tiene una gran deuda con los sectores de la población que resultaron con mayores afectaciones en su calidad de vida y que actualmente se encuentran en una situación desesperada para sobrevivir.

El gobernador, José Ignacio Peralta Sánchez, no debe irse sin rendir cuentas ni reparar los daños causados por la ineptitud de su administración para hacer frente a la pandemia. La indolencia con la que se ha conducido no puede pasar desapercibida, pues claramente constituye una muestra del incumplimiento de sus responsabilidades como jefe del Poder Ejecutivo.

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