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OPINIÓN

Con los ojos en la cara. Karma

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Escrito por: Ramiro Cisneros García.

Dedicado al personal que ha dedicado una parte importante de la vida a atender a los enfermos de COVID 19, porque su generosidad no tiene precio al tratar de salvar lo más preciado que tenemos: la vida, a costo de arriesgar la suya.

Había llegado sin más fama que llegar a la carcel. No cualquiera llega y menos aguanta esa vida. Llegó en silencio, sin que pareciera alguién especial o que se le etiquetara como “peligroso”. Se podría decir que, el que esto escribe dirá, “inadvertido”. Así llegó y así se fue el día que tenía que irse. Ni un día más ni un día menos. Con estas palabras, parecería que me refiero a la muerte, pero no es así. Solo se habla de una persona que llega y se va, es decir, se traslada a donde el quiere y en otros casos a donde puede. Ni más allá ni más acá. Así somos los que nos hacemos llamar humanos aunque carezcamos de lo que los humanistas llaman humanidad 

El preso en cuestión, cada que iba a solicitar apoyo, se dirigía al personal con “modo” pero sin llegar a ser “modoso” o “modosito”. Cuando digo que “con modo”, me refiero, para que se entienda; con educación, deferencia y respeto a las y los sevidores públicos. Era directo, sin rodeos, a lo que iba, sin adornos, sin manipulación ostentosa…Era quizá, otra forma de manipular. Esa formalidad, hacía que hubiera buena disposición hacia él. Sabía llegar, pero también irse. No hablamos ni de honor ni de gloria.

Llegaba, tocaba la puerta con los nudillos de manera leve, la abría solo un poco, asomaba la cara y preguntaba: ¿puedo pasar?.. Ya una vez adentro, saludaba de mano, hacía una muy ligera caravana y se sentaba después de que se le invitara a hacerlo, no antes…Miraba a los ojos de sus interlocutores mientras hablaba.

“Seré breve, tú estas muy ocupado y después de mi hay muchos que también quieren hablar contigo.” Planteaba su asunto y luego decía: “vuelvo por la respuesta otro día”; se ponía de pie, saludaba de mano de nuevo y decía. Con tu permiso y se iba directo a la puerta. Ya no volteaba, solo se iba.

Al tiempo, regresaba y repetía el protocolo propio de su manera de ser allí, digo esto porque no se si fuera de la cárcel tendría la misma actitud. ¿Qué han pensado de lo que les solicité?  ¿Qué respuesta me tienes?… “Recordarás que cuando me trajeron a este lugar tenía pareja y, por supuesto estuvo viniendo a visitarme y me apoyaba…Apoyo que mucho agradecía y agradezco…Pero, como en ocasiones sucede, con el tiempo se fue cansando; lo cual es comprensible si nos ponemos en su lugar. Así, fue espaciando sus venidas hasta que un día me dijo: Ya no puedo seguir viniendo”. No hice drama, no tenía sentido…Todo eso lo entendí en ese momento y ahora también. Pero eso ya pasó, eso ya es historia.

Comprenderás que ahora y desde ese tiempo, estoy solo, quiero decir, no tengo pareja y así, todo me resulta más difícil y complicado. Además, el calzado que produzco se vende poco…La ganancia también es poca, pero sobre todo, se me dificulta vender, comercializar lo que hacemos…A veces, como muchos le hacen, doy el producto a crédito. Dos o tres veces regresan y pagan puntualmente lo que se llevaron, pero luego ya no regresan y pierdo todo y me destanteo porque es necesario volver a comenzar. Son pérdidas y uno se desanima. Mira, lo último que quiero es quejarme de mis problemas porque yo me los he buscado…El punto es este:  “Hay una señora que me ayuda a vender y, con el trato que hemos tenido, como que nos hemos identificado… Yo estoy solo y ella tambíen está sola y, hemos platicado y tenemos interés en que haya entre nosotros una relación de pareja…”Nosotros ya lo hablamos y solamente falta que ustedes decidan si nos apoyan o no para concretar algo. El Consejo aprobó.

Al correr del tiempo, expresión que todos entendemos, escuché en un programa de radio, de esos en qué “el gentil auditorio” dedica canciones de ida y vuelta, de esas que van directo al corazón. La canción que oí entre otras muchas cosas dice: “Se nos cayó la ropa”. Quienes poco saben de música vernácula probablemente pensarán que la ropa en cuestión se había caido del tendedero lo cual sería de preocupar con mucha razón. Claro que se consolidó la relación…”Se avinieron”, dicen los que saben decir.

En otra ocasión, me platicó que tenía una rara enfermedad. Me expuso su padecer, pero sin angustia y sin demandar ninguna atención especial. Fiel a su estilo, mantenía la cordura. Un poco impresionado le dije que conocía un médico que con solo mirar una fotografía del paciente les daba tratamiento.  No sé cómo, pero me llevó la foto. Fui con el médico, le expuse los pormenores, previa explicación que me dio el doctor de la carcel que conocía mucho del tema…Mientras, yo explicaba con la profundidad que da la ignorancia de un tema; el homeopata observaba con mucho detenimiento la imagen  de la fotografía, pero no preparaba el medicamento como lo hacía en otras ocasiones. Así estuvimos unos minutos; me miró con pena, suspiró y me dijo desde su aparente timidez cuasi mística: “No le puedo preparar medicamento…El señor es inaccesible…Pero, sobre todo, es una persona mala…Su Karma…”  Me quedé pensativo y él encogió los hombros y ya nó dijo más. Me regresó la foto.

Después de algunos años y de haber cumplido casi el total de su sentencia fue a verme. Tocó la puerta…Y con la misma amabilidad y caballerosidad de siempre, me dijo: ” Vengo a despedirme y a agradecerte… Cumplo la sentencia este fin de semana y tú no vas a estar y no quería irme sin darles las gracias a todos ustedes…No tengo con qué pagarte…” Extendió la mano y entonces le pregunté: ¿Qué vas a hacer en libertad? ¿Vas a regresar con tu familia? De inmediato me respondió: “No, no voy a regresar con mi familia…Mi padre me ofreció una buena cantidad de dinero para que iniciara un negocio y para que estuviera cerca de él… para que sentara cabeza…Ya esta viejo, es un anciano…Pero a tí no te voy a engañar, no te puedo mentir…Yo no cambié soy el mismo que llegó y con los mismos pensamientos…Voy a seguir en lo mismo.”  Debo decir que me cimbré. Me miraba fijamente y como tratando de entender mi real confusión. Inquieto y preocupado le dije: ¿Y todo lo que pasaste? Además, en este Estado y de Colima ya te conocen muy bien, ya te tienen en la mira… Entonces, con una frialdad que pocas veces he visto  y escuchado en los delincuentes, me contesto: “Licenciado, yo no cambie nada…El encierro no me hizo nada…Me porté bien, es verdad…Pero solo eso…Yo así soy y asi seré…Gracias por todo”. Asi como llegó se fue.

Desde ese día no he sabido nada de él, pero si recuerdo lo que aquel doctor me dijo de él: “El señor es inaccesible…pero sobre todo es una persona mala… Su Karma…”. Ahora, solo me pregunto:  ¿Cómo no le lleve las fotografías de los más de 2500 presos ? Ese fue el mejor de los diagnósticos y que conste: lo digo en serio.

Comentario: Cómo andará el Karma de quienes agreden al personal de salud que se la esta jugando ahora con el Covid 19. Y como estará el Karma de quienes en los medios de comunicación crean confusión y tanto temor en la población por acatar órdenes insanas de sus patrones, es  decir, del capital.Ahora solo pido a Dios que nos cuide del mal y de hacer el mal a otras personas y, que el año que está comenzando, nos llene de bendiciones.

*Fotografía ilustrativa.

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