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OPINIÓN

Con los Ojos en la cara. Golpes sin respuesta.

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Escrito por Ramiro Cisneros García.

El texto de hoy es un ejemplo claro de que la ficción por absurdo que parezca deja de serlo cuando la realidad la supera. De esta narración que comparto ahora, creo en la fuente que me lo platicó  y me enoja ahora todavía como me molestó cuando lo escuché. Preferiría que fuera mentira pero ya sabemos que el abuso de autoridad, la prepotencia y la irracionalidad han estado  presentes y nos han acompañado desde que tenemos memoria, es decir:” Per saecula saeculorum. No asi sea…Así es.

Dedicada a los que sí aprendieron de la experiencia y del dolor, pero no a aquellos que de la estupidez y la impunidad hacen su modo de vivir.

Lo encontré por casualidad como ya lo había encontrado otras veces, pero  en los anteriores encuentros no  tuvimos tiempo  ni la oportunidad de platicar. Creo que ,hay ocasiones en que tenemos ganas de platicar con alguien y que nos escuche, aunque lo que deseamos compartir no sea del interés del otro.  Lo conocí cuando estuvo compurgando una sentencia, conversé en varias ocasiones con él y me pareció que siempre lo hizo sin dolo y sin buscar ventaja. Después de que nos saludamos esto fue lo que me dijo:

“Mira vale, te voy a platicar algo que no sabes ni sabrías si no te lo platico hoy…Cada que me acuerdo de lo que me pasó ese día, siento mucho coraje pero me lo aguanto… Es más, hasta me han dado ganas de buscarlo y no sería dificil encontrarlo porque conozco sus recorridos  y los rumbos por los que anda y lo único que haría, seria  preguntarle si se acuerda de mí…Me detengo, porque fueron muchos años de cárcel y yo sé bien lo que es malvivir alli, lo que es pasar la juventud lejos de la familia, lejos de todo y de todos; sin visita…Nomás mirando hacia la entrada, pero sn esperanza. Supe de sufrimientos que ni me imaginaba que existieran. Lo único bueno es que eso ya pasó.”

No se si te acuerdas, pero hubo un tiempo que se hacía mucho pan allí en la carcel y yo aprendí a hacerlo. Alli estuve trabajando, pero para ganarme unos pesos más, acepté ir a vender a los dormitorios. De uno por uno los recorría todos ofreciendo pan.

Me contaban las piezas y me las acomodaban en una caja y yo me iba a venderlas porque tenía permiso. Aparte, me servía de distracción. Estaba bien cabrón ir al Salón “A”…Alli, pura resoca, puros “erizos” y “tecatos”, pero yo decía para consolarme, “también son personas”…Además, la neta, yo no les tenía miedo y tanteaba que ellos tambien se la pensaban para hacerme algo porque sabían que era de arranque “Dame una para cenar, te la pago mañana”. Les decía, “Órale, ya está, mañana. ” Gracias carnal, me hiciste grande”. Me sentía bien. Además yo también he sido cabrón y a veces se me antojaba algo y muchas veces me quedé con las ganas.

De allí, me pasaba al Salon “B”. A esa hora, en tiempo de calor casi todos andaban sin camisa…Los cuerpos llenos de tatuajes y por dondequiera olía a fritangas porque era la hora en que todos preparaban la cena  en estufillas elécticas. Otros corrían a la tienda a comprar huevos, jamón, salchichas, longaniza, queso y aceite para darle una arregladita a los frijoles. Por supuesto que no faltaban las coca -colas bien heladas para completar el refine. Alli tampoco faltaba uno más jodido que yo y era la misma historia: ” mañana te pago carnal pero no me dejes abajo”. De allí me pasaba al “C”, alli había muchos viejos y unos que se la daban de “cacaitones” ( es el equivalente a riquillos) y  también había algunos enfermos de tantos años de encierro. Muchos, para acabarla de chingar , de muy lejos y sin visita. Y allá te va otra vez el panecito. Habría tenido que dejar el corazón para no sentir y los ojos para no ver. Pero, había un problema: las cuentas nunca me salían y el encargado de la panaderia me esperaba porque entendía la situación. “Está bien carnal, mañana me traes lo que te hizo falta”.

Llegaba al “E”, alli los puros viejillos: reumáticos, diábéticos, embordonados, cuarracos. “Esos del pájaro muerto”, gritaba un viejo de antiparras y ensombrerado. Los hacía enojar y le gritaban de todo pero más les decia.

Otra cosa era llegar con los loquitos: madreados a mas no poder. Neta, se me partía el corazón… Sí, si soy malo, soy un cabrón de marca si tu quieres pero malo y todo; tengo mi lado bueno. En todos los salones era lo mismo. Por último llegaba al ” L”: callejones, todo oscuro, cobijas colgando de la varillas con las que se armaron las celdas ,pero alli no había candados. Alli se podían juntar toda la tristeza y desolación… Qué te platico que no sepas.

Luego se ve que andas carrereado por eso voy a terminar la plática que comencé.

Ya cuando regresé a la panadería con la caja vacía, ya sin pan, saqué el dinero de la bolsa derecha…Pura morralla, puro sueltito… Empecé a contar haciendo alteros de monedas. Yo me sentía contento porque  en ese momento, allí estaba el mero jefe de las cárceles del estado y pensé que era una oportunidad de quedar bien y que me echara la mano ayudándome a salir. Algo bueno podría quedar de eso. Después de contar y volver a contar me faltaron diecinueve pesos y sonreí nervioso buscando su comprensión. El encargado no dijo nada, pero en ese momento escuché una palabra  que dijo el señor ese, con el que quería quedar bien y que todavía resuena en mis oidos: ¡ Cínico! y me soltó un golpe en la boca del estómago y me doblé…Me quedé sin aire. Cuando me iba enderezando me dio otro. Se me salieron las lágrimas…Tú no sabes como me sentí y hasta me dieron ganas de hundirlo en el piso, pero e´era importante y yo solamente un preso, se puede decir que nada. 

Mira vale, después de muchos años me pongo a pensar y digo: ” Yo si aprendí, yo si me readapté. Ese señor, con todo respeto y mis palabras no te ofendan, nunca entendió ni entenderá lo que es una cárcel “. Además quiero que sepas que  con la muchacha que era mi pareja allí en la carcel, tuve una hija a la que no conocía porque ella salió libre y ya no supe nada de ella, mucho menos que estuviera embarazada. Ella, mi expareja es buena persona y le dijo que me buscara y me dijera que era mi hija. Y me buscó y me encontró…No lo vas a creer, parecida a mí…con decirte que lloré de gusto y le ofrecí apoyo por si quería estudiar.  Ese día le compré unos tenis y le di un poco de dinero porque gano poco, pero es dinero que gano con trabajo honesto.

Dos o tres veces que he andado en la calle, me ha tocado verlo solo y sin que haya gente cerca y siento que el diablo me tienta, como que me dan ganas de cobrarme los golpes y la humillación…Pero pienso que no ganaría  nada con ajustar cuentas y también creo que si nos llegáramos a encontrar, me reconocería de inmediato y también pienso que lloraría  de miedo y puede que hasta se miara. Pero como te digo vale, yo si me readapté. Allá él..pobre bato.

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