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LOCALES

“Luto sin féretro”

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(Los restos humanos de la colonia Fátima).

“A la memoria y grandeza de mi querido Estado de Colima.”
Osvaldo Mendoza López.

Yo tengo entendido que por las calles de Colima deberían amanecer sutiles cacas de perro, grupos de palomas comiendo maíz y esos charcos que dejan las barras de hielo en las banquetas, cuando las dejan temprano afuera de las tiendas. Debería un ciudadano de Colima ver el sol del amanecer rastrillar su empedrado, para así descubrir una sonrisa en su vecindario. Pero me dice la gente de Colima que soy un escritor de violencia; entonces sucede que le pregunto a la gente: ¿Qué es lo que más escucha en las noticias de esta, su ciudad de mil palmeras?
¡Riiiiiing!
Sonó mi teléfono temprano, así que respondí un poco adormecido. Me incorporé aturdido por ese ringtone antiguo que le guardé al dispositivo, que me recuerda todos los días la imperante necedad de modernizarme.
—¿Ya supiste, mi Osvaldo?
—¿Ahora qué pasó?

Solté un suspiro hondo y largo. Colgué el teléfono para avisar, vía mensajes instantáneos, a los amigos que viven cerca de ese vecindario. Sobre mi buró tenía una novela de crimen que guardé en un cajón de un golpe, ya estaba bastante superada por los hechos de esa mañana. Pensé en la chica que me gusta, pensaba en sus labios, en su cabello, pensaba en saludarla y darle los buenos días, pero mejor me paré a tomarme algo para leer los noticieros locales y ponerme a escribir.
Así que anoche, el perro de Doña Aurora estuvo ladrando por horas. Por ahí como a las cuatro de la mañana le metieron un chancletazo para azorrillarlo. Se quedó callado el animalito, pero gruñendo quedito y constante. Ya cuando la vieja señora salió a barrer su calle, fue encontrando pedazos de carne que devoraban los pichones. Cuando su escoba de palitos de palma topó con una mano mutilada, se asentó al piso su gordura y del susto se le bajó la presión. Quedó toda ella blanca y recostada en la banqueta. Así atrajo la atención de los vecinos, que fueron a auxiliaría y a darse cuenta de lo que estaba pasando.
De allá del fondo de la calle Jesús Ponce, en la Colonia Fátima, viene corriendo Manuel. Manuel es un muchacho de veinte y siete años que grita cosas que se entienden mejor a medida que se acerca a con la doña desmayada.
—¡Mira!, ¡María José!, ¡María José!, ¡Mira!, allá abajo del tamarindo está la pinche cabeza.
Todos lo escuchan y quedan conmocionados, entonces comienzan a meterse a sus casas habiendo dejado a la señora medio estable dentro de su domicilio. Aquí vendrían miles de incertidumbres, cientos de quejas y consignas al gobierno estatal: por su ineptitud, ineficacia, impopularidad y sobre todo por su orgullo desfigurado y mediocre. Vendría bien escribir un sin fin de palabrerías que chocan y vuelven a chocar, como pedazos de carnaza atorados en el remolino del desagüe de sangre, en el patio lodoso de una carnicería. Pero es inútil, esta administración ya fracasó el día que mataron a un jovencito en una fiesta, el mismo día que defendieron al secretario de turismo por su muerte.
Y bueno, regresando a los hechos, es bien sabido por los tecolines de los barrios, que la maña usa esas máquinas de carnicería automáticas, con la que sierran los huesos de vacas y cerdos, literal las usan para desmembrar a sus enemigos. Por eso, el descuartizado de Fátima lo aventaron en cortes finos como los filetes que se come el gober en sus viajes, mientras con sus amigos llama al pueblo de Colima “gente mugrosa y mal agradecida”.
¿Qué le vamos a dar esta semana, rodillona, valedor? Tenemos las mejores ofertas pagadas con sus impuestos en su carnicería favorita, estimados colimotes.
OFERTA DE LA SEMANA
-Patrullas costosas con nóminas de policías que no defienden otra cosa más que a sí mismos, y que no es porque los oficiales sean malos, es que ellos van por una chamba y entre los acuerdos de maña y gobierno llevan todas las de perder.
OFERTA DEL DÍA
-Un ser humano desmembrado, descuartizado y arrojado a lo largo de la calle de una colonia vulnerable sumergida en la violencia. Bien fileteado, para que los niños lo vean y guarden esos recuerdos en sus cabecitas de 11 u 8 años. Me pregunto si ¿los niños guardarán la mirada hipnótica de ese cráneo desollado y sin ojos que dejó la maña bajo el tamarindo? ¿Así crecerán esos chiquillos fuertes y sanos con la violencia latente y el desinterés de crear sociedad en el futuro?. ¡Una ganga!
BOTANAS
-La gente pendeja que dice “Seguro andaba metido en eso” y normaliza la violencia. Esa gente que justifica las acciones mediocres del gobierno para detener esta ola de muerte a nivel estatal.
-Las promesas de vivir feliz y seguro, que saben a chicharrón pero en realidad es basura procesada de campaña y del partido de siempre.

Ahí en la colonia Fátima están velando un muerto, pero no hay cajón ni señales del cuerpo. Me dijeron que es por el luto de Colima, porque Colima se está muriendo. Se está convirtiendo en una ciudad culera, molida a palos por la violencia, como las hay en otras partes de México. Que no sea Colima una pinche ciudad llena de gente mugrosa, grosera, pendeja, que tira basura y maltrata a los animales, una pinche ciudad con sus valores rotos, con sus principios destruidos y su cultura por los suelos. Pinches ciudades culeras llenas de manchas de población valiendo madre y matándose como animales por las guerras de la droga. Luto sin féretro por Colima, es lo que provoca una manada de perros vividores que cada seis años se apepenan del billetón de sus arcas. Qué desgracia.
¿Qué le diré a la morrita que me gusta con todo esto que pasa?, porque la verdad si deseo casarme con ella y decirle que vamos a construir un mejor Colima. Que nuestras acciones por nuestro pueblo serán en memoria de todos los que ya se han ido y con mucho valor para nuestros hijos. Eso le diré a la morrita que me gusta, si es que ella me hace caso y me llegara a querer. Yo quiero barrer la calle junto a ella, que lo único que miremos sea el sol pegando en el empedrado, a nuestros hijos jugar y los tuberos bajando temprano de las palmeras. Hoy no le dije buenos días por escribir esto, entonces me sentí que con ella ya llevo las de perder.
La violencia destruye todo lo que somos. Hay muchos que cerrarán sus ojos para no verla, pero al abrirlos, ya no tendrán nada qué sentir, qué pensar, qué soñar.

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