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OPINIÓN

Carambola de tres bandas

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La propuesta de Rosa Icela Rodríguez como futura secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, hecha por el presidente, sorprendió a todos: a los guerreristas porque no puso a un militar; a la corrupta comentocracia porque no les cumplió sus pronósticos, fruto de su obsesiva especulación  y; a las feministas mal portadas porque las dejó sin materia para protestar contra el Estado patriarcal.

Gran parte de la derecha se ubica en el plano guerrerista al demandar, hipócritamente, el nombramiento de un civil, pero en el fondo está promoviendo a un militar, sobre todo, un militar ligado al pasado corrupto. Últimamente, han criticado la presencia de bastantes militares dedicados a la seguridad y han asumido una actitud aparentemente antimilitarización, rogándole a dios que así suceda  para poder continuar con la guerra estúpida que inició el mediocre de Felipe Calderón. Las oenegés se desgarran las vestiduras hoy, cuando en su momento aplaudieron la mano dura, y la guerra contra el narco que resultó una guerra entre cárteles. Deseaban, en el fondo, el nombramiento de un militar para envolverse en la bandera de lo antimilitar para asumirse civilistas. Pero no se les cumplieron sus deseos, además una mujer fue propuesta para el cargo. Mala semana para las oenegés pues dejarán de recibir “apoyos” vía fideicomisos, como la de María Elena Morena Causa en Común, entre otras. “Apoyos” que estimulaban el aplauso hacia los gobiernos de Fox, Peña y Calderón. Las oenegés estaban bien maiceadas.

La comentocracia estuvo presionando para que se nombrara gente metida en el ramo, desde hace muchos años. Su intención  es seguir presionando para  continuar la guerra estúpida e inhumana que a ellos, los comentocratas, les dejaba muy buen chayote. No pierden la esperanza que el gobierno federal suelte el dinero  y ellos parar de ladrar. Para la comentocracia apoyar la guerra es una variable para darle continuidad a la corrupción como una forma de vida.

Las feministas, fieles acólitas de Rita Segato, se quedaron sin palabras porque su fuerte no es pensar ni proponer soluciones, su fuerte es la protesta violenta, a ultranza, contra el Estado patriarcal –según ellas-. Cuando el presidente hizo el anuncio de la propuesta de Rosa Icela Rodríguez como nueva titular de la SSPC y que se informaría, una vez al mes en las Mañaneras, sobre los casos de feminicidios, literalmente quedó muda, la autodenominada Frida Guerrera, presente en Salón  Tesorería de Palacio Nacional.

Las feministas que apoyan la Cuarta Transformación fueron, definitivamente, las ganadoras. Desde Claudia Sheinbaum hasta la más humilde mujer feminista que apoya la 4T, y de toda la sociedad en general, aplaudieron inmediatamente dicha propuesta pues entienden la trascendencia del hecho. Las mujeres son mayoría en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y este último nombramiento es un puesto de primer nivel y orden de importancia, además estratégico para combatir la violencia contra las mujeres y pacificar al país.

Los guerreristas, dígase empresarios, partidos y oenegés, tienen algo en común con la comentocracia y las feministas violentas, los tres coinciden en la necesidad de continuar la guerra absurda contra el narco y combaten la estrategia actual con un único propósito tener materia para criticar, sin importarles discutir de fondo la estrategia contra la violencia, su objetivo, como el de los goberladrones, es el de obstaculizar, frenar, descarrilar para, luego entonces, continuar su guerra administrada y soterrada pero de grandes utilidades para los corruptos del Estado (los García Luna y Salvador Cienfuegos) y de los cárteles arraigados (CJNG, Sinaloa y Santa Rosa de Lima, entre otros).

El mensaje del Gobierno de México es firme y claro la estrategia continúa y la pacificación del país será posible en la medida que los goberladrones, como una de las variables más importantes, abandonen sus puestos en las próximas elecciones y asuman el poder gobernadores más comprometidos con la sociedad, la vida y la paz.

La postulación de Rosa Icela Rodríguez fue una carambola de tres bandas de la Presidencia de la Republica que dejó sin aliento, literalmente, a la oposición. Sus juegos palaciegos quedaron rebasados por una gobierno que visualiza el futuro a mucha distancia, por encima de una oposición, cada vez más enloquecida por su propia mediocridad.

Los promilitaristas, los  partidarios de la guerra, la comentocracia y las feministas violentas quedaron sin materia para construir su discurso contestatario, mendaz y tramposo.

En síntesis, la liga de la corrupción quedó exhibida en su vacuidad total. 

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