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“Corona de canteras”

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Escrito por Osvaldo Mendoza López.

Ayer por la mañana murió El Ranas en la noria. Lo mató el ego de Protección Civil. Lo mató ese sentimiento cuando la gente le da por sentirse vergas y creerse que las puede. Dejó familia el Ranas. Croando lloró su dolor y pena. Bajo la luz de la luna cantó su gran miedo a morir, en medio de la oscuridad dejó sus oraciones para sus niños pequeños. Meditó El Ranas, pensó bien sus momentos finales. Remojando sus labios con su lengua, atoró el tiempo y la situación. La tierra se metía en su boca sedienta y lloró por cinco días con sus noches.

“—Tranquilo, carnal. ¿Cómo te llamas?
—Ayúdame por favor, soy El Ranas. Soy El Ranas.”

Sus párpados se llenaron de súplicas que rebotaban en las paredes del pozo, que llegaban hasta la corona de las canteras donde permanecían en guardia los más preocupados. Jalisco llegó tarde y se fue El Ranas, más bien, no los quisieron dejar entrar. Que PC Colima no querían verse pendejos y no los dejaron llegar. Los que si llegaron fueron los reporteros, los candidatos y los lamehuevos de los políticos. Ellos si llegaron, bien vestidos, de botones y bolitas, perfumados y mamones. Llegaron un domingo de dolores, un día de penas llegaron, bien en su papel con Marcia Castellanos para sacarle circo al asunto y parar la imagen de un político. Al Ranas lo mató la política y el chayote.

Dios bendiga a los muchachos de Cruz Roja que se quedaron hasta el final. A los rescatistas de PC que sabían que se ocupaba más ayuda y nunca dijeron nada por miedo a perder su jale. Dicen que cuando hay vidas de por medio, los recursos no se escatiman, pero de niños nos enseñan que unas vidas valen más que otras. A los que tuvieron su corazón en la oscuridad del pozo, les dedico estas palabras. Murió el Ranas.
Juega en el patio, mi amor. Juega con tu pelota, pequeña niña que no sabe que su papá ha muerto. Las flores de Cuauhtémoc son tristes cuando crecen al pie de la carretera. Son melancólicas cuando los autobuses que van lejos se las llevan arrastrando entre sus ruedas. Es duro cuando una tragedia arrastra una vida por los caminos de nuestra memoria. Son tristes las huellas descalzas de esa niña en la arena, material que su papá el Ranas llevó a su cochera para terminar de construir su casa. Unos piecitos de niña se dibujan en medio de una tragedia estatal. Te derrumbas a pedazos, Colima, y ya no se sienten si quiera lejanos los buenos tiempos. Que se acerquen los buenos días, que lleguen y que digan algo como El Ranas lo hacía clavado de pies dentro del pozo.
Se oye croar una rana plateada que le llora a la luna, que cayó en un pozo donde sus deseos no pudieron trascender sobre la muerte. Se oyen los chapaleos desesperados en el nivel húmedo de sus propias lágrimas. Rebotan los croados en las salas de los potentados, esos que no quisieron pagar su indemnización.
Cuando sientas que tu jale es pesado, acuérdate de los 5 días del Ranas. Acuérdate y calla. Piensa en la luz de sus noches, en la esperanza que lo mantuvo sin saber que arriba ganaba el ego de unos viejos.

“—Dime que me escuchas, Ranas.
—Dile a mi esposa que la amo, y a mis morros. Sáquenme carnal, por favor.”

Que canten los jilgueros y zenzontles por la memoria del abrazo que le diste a la muerte, lo único que había para desahogar tu sufrimiento. Falló el rescate y los tiempos pasarán, se irán de largo por los callejones de Cuauhtémoc y darán vueltas entre las veredas de Montitlán para perderse en la nada, entre nosotros, en el abrigo de las oraciones que dimos por ti. Fallaron las cadenas de oración, las cuerdas, los maderos, los vehículos y el corazón de algunos hombres. Nunca fallaron nuestros buenos deseos por ti ni de aquellos que dieron todo y se quedaron contigo hasta el final. Dios limpie tus ojos llenos de tierra, tu boca con arena que susurra un adiós lejano a este Colima desbaratado. Dios lave tus pulmones llenos de polvo y piedras. Dejo estas líneas en la memoria de tus uñas moradas aferrándose a la vida, en el momento de tu sudor helado por la última lágrima de tus párpados que derramaron tu cansancio y abrieron como hoja de afeitar el corazón de todos nosotros. Descansa en paz.

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