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Un sicario y Vetiver de Guerlain

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Con los ojos en la cara

Escrito por: Mtro. Ramiro Cisneros García*

Un día hace ya algún tiempo, tuve frente a mí un sicario que había sido contratado para lo que son contratados estos profesionales de la muerte. Nada que ver con Rambo. Se sentó frente a mí, del otro lado del escritorio. Serio, relajado, la mirada infantil y quizá, por lo mismo, nadie pensaría en su capacidad para transportar la muerte en sus venas, su cerebro, su alma y el dedo que hala el gatillo de la nueve milímetros. No hay ponzoña en la mirada ni en el gesto. Sus ojos son amables pero no tristes. Mira, escudriña, trata de averiguar que terrenos pisa. Parece algo instintivo porque necesita sobrevivir. Hay un aire de melancolía, suficiencia y desesperanza. Extraña combinación, rarísimo coctel. Hay desenfado. Niega casi todo sin el mínimo pudor y tengo que echar mano de algunos recursos extras para conocer la verdad terrible de su terrible vida, de su miserable vida que transpira muerte. Por supuesto que hay muchas situaciones que no entiendo pero que siempre he tratado de entender y comprender: ¿cómo es que un niño se convierte en sicario? ¿Qué es lo que ha vivido para aceptar tal profesión y calificativo? Sicario: el que mata por encargo. Así es, contratado para matar, simple, llana y sencillamente. – Es ese que está en la esquina, el de la camisa roja y pantalón de mezclilla. – Es él o tú. El también conoce los caminos de la muerte, tiene experiencia pero se puede morir, tú lo vas a matar. Cuidado, la sangre fría, sin miramientos. Cualquier error, cualquier titubeo y no habrá más luz, hasta allí habrás llegado. – sí, exacto, es él o yo y por mucho, prefiero que sea él para cobrar mis cuatro mil pesos esta semana….Lejos están su pareja y sus dos hijas de tres y cinco años y el otro que ya va a nacer el mes que entra y, “se llamará como yo porque va a ser niño, ya está acordado”…lejos está de pensar en sus padres, sus hermanos. Hace años fue deportado del país más poderoso del mundo y ahora navega en barcos de oropel y camina sobre arenas movedizas, sin más rumbo que la muerte, sin más brújula que cumplir con los encargos que le da el patrón. No tiene, aparentemente, más opciones. Ha visto más la muerte que la vida y no conoce otro camino que el de las armas, las ráfagas y el olor a humo y, sin embargo, es un niño buscando a su padre; primero lo buscó en el ejército del que desertó porque era mucha la carrilla y poca la paga; luego lo buscó en las calles y ahora en su patrón, en su jefe, en el que le paga y en ocasiones le da un golpecito cariñoso en la mejilla izquierda. Así se hace. “Ya me ha felicitado dos veces” En ocasiones se acuerda de su tierra y de sus gentes. Ya saben, los amigos, el barrio, la novia y la abuelita que lo esperaba hasta que llegaba para poderse dormir. Todo eso cala pero allá no hay chamba y ya está uno muy quemado. Ya anduve por otras partes pero a donde vayas está igual y pues de algo hay que vivir…hasta de la muerte. Pero, aguas, no se equivoquen, la de los otros no la mía, ¿Qué pasó, ya nos llevamos así? Ahora, está a punto de ser procesado pero no se le nota atemorizado, intimidado…Sabía que esto podría pasar pero, “al vale ese nos lo habían encargado”. Yo ni lo conocía, nunca lo había mirado pero órdenes son órdenes y uno está para cumplirlas. No sabe uno qué va a pasar pero es lo mismo saber que no saber. Sabe que no lo dejarán abajo, sabe que no está solo y que el patrón es chido, es cumplidor…”por algo está donde está”. Perdone jefe, esa loción que trae es Vetiver, no es pregunta, yo la conozco bien porque de esa le gustaba a mi novia y pues uno tiene que darse sus gustos. Disculpe, pero no pude evitar el comentario…usted sabe, no es solo el aroma del perfume, son también los recuerdos… ella era mi novia pero ahora es mi mujer y sabrá Dios como le ande yendo ahora que yo ando por acá y mire hasta donde vine a parar. Son suertes señor licenciado, son suertes y ora me tocó la de perder. Así es esto. Hay unos que dicen, “yo no sabía” pero bien clarito que le dicen a uno a que viene y que es lo que hay que hacer y como le tiene uno que hacer. Sale sobrando quejarse. Ahora, que si la libro, mañana voy a estar con el patrón porque yo soy de allí. ¿De dónde más? Mi mujer y mi jefita pueden esperar. Los niños no saben ni que…solo saben que su papá salió a trabajar… Digo, las niñas porque el otro que se va a llamar como yo todavía no ha nacido pero ya mero. No se crea, los extraño y en ratos me pongo a pensar en ella y en los niños. Ora que si me dan unos veinte años yo pienso que con diez les pago porque me dijeron que también cuentan las noches como si fueran días. Yo no sé qué hay de cierto pero eso es lo que dicen. Fíjese, allá en el “gabacho” anduve trabajando en la construcción y en ese jale se gana buena lana pero un día andaba manejando y me había echado unas cervezas y con eso tuve para que me agarraran y me mandaran de regreso. Deportación le dicen. Hice como tres intentos de pasar de nuevo pero no se pudo y pues ya deportado me hice el ánimo. Anduve trabajando en Jalisco, allá por los Altos y la cosa estaba igual o peor que aquí. Luego anduve allá por el rumbo de Nayarit pero de acá del lado de Jalisco y era la misma cosa o tantito peor. Es trabajo, todo es trabajo y los patrones se fijan quien da las medidas y quienes nomás son puro pico. No crea, con el primer encargo me puse nervioso…”no te vayas a apendejar” me dijo uno que ya tenía más experiencia que yo. “No pasa nada”. Neta jefe, su loción es Vetiver, desde que llegué aquí con Usted con el puro olor se me agolparon los recuerdos. A lo mejor ni me cree pero lo que le digo es verdad…no tendría motivo para echarle mentiras…además, ustedes se las saben todas pero lo dejan a uno que se enrede solo…Yo pienso que la voy a librar porque está no la debo, yo nomás manejé el carrito Bora y al otro, al que iba conmigo, el que mató al muertito… ni lo agarraron ya sabe usted, son suertes… De seguro que anda muy como si nada allá afuera y yo aquí sin deberla…” ¿se imagina jefe como me siento?.. Pero sabe a mí no me gusta llorar antes de que me peguen. El abogado dice que aguante vara, que la voy a librar y que el asunto es cosa de días. Dice el “Lic.” que el muertito tiene parientes aquí en el bote y que por eso le va a echar más ganas y que el patrón le dijo que por dinero no se detenga.
A veces, su sonrisa era una mueca y no siempre miraba de frente y a los ojos…hablaba y hablaba como si hablando descansara o se le reviviera la esperanza de volver a las calles. “Fíjese jefe, yo aquí ni conozco, estaba recién llegado y por eso me agarraron…yo solito me hice de delito y por eso estoy aquí. Usted no fuma… con un cigarro me haría grande pero ya vi los letreros y ni modo”. Sonríe y gira un poco la cabeza cuando oye una voz de mujer. “Le habla el licenciado y dice que si puede ir en este momento”. Vuelve a sonreír y veo de nuevo su mirada sin maldad, sus ojos de niño travieso y pienso que no se necesita una mirada especial para disparar una pistola…lo que se necesita es una orden y una paga, por supuesto. El joven se ve templado, sereno y no pierde la compostura. Oiga, dice, ¿”Su “secre” tiene novio”? Abre más los ojos y sonriendo y sacudiendo los dedos como si hubiera cometido una imprudencia, dice: “perdón yo nomás decía”.
Seguimos esperando a Celina Oseguera Parra y me parece que se están tardando.

Ramiro Cisneros García. Asesor de la Escuela “Vasco de Quiroga”

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