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OPINIÓN

Morena, entre anacronismos y futuro

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En la elección de la dirigencia de Morena han convergido dos anacronismos. El autoritario de la vieja escuela priista y el radical de izquierda (feminista) que le apuesta a la violencia para imponer su visión política: ambos métodos son golpistas y hacen a un lado la ley. El primero lo representa Muñoz Ledo y el segundo Camila Martínez. El primero queriendo dar un golpe de Estado en Morena para hacerse de la Presidencia del partido y el segundo, por medio de la fuerza, evitarlo. Ambos ignoran la fuerza de la ley. Muñoz Ledo confirma que no sabe honrar su palabra y Camila, y sus amigas, les importa muy poco la normatividad de Morena. Morena parece estar dispuesta a continuar secularmente sus disputas entre tribus y ante tribunales.

Morena tiene dos años sin saber cómo acompañar al presidente y sus políticas de transformación. Este valioso organismo no le ha impreso su fuerza a la 4T y se han sumergido en una pelea interna desgastante y estéril que, para nada sirve al presidente, ni al proyecto de cambio. Es una lucha interna que pretende, en forma inmediata, la disputa por las candidaturas de Morena para la próxima elección intermedia. Es de todos sabido que sus candidatos son los más probables ganadores: el candidato de Morena será el próximo diputado, el siguiente presidente municipal o el inmediato gobernador.

En este cambio de régimen, que no sólo de gobierno, el panorama es complejo y por tanto precisa de soluciones a la altura. Morena no puede seguir dando respuestas mediocres ni basadas en cánones tradicionales de un partido tradicional. Los moldes de los partidos tradicionales están rotos, ya no es posible pretender dar respuesta de un partido tradicional a una situación distinta, transformadora, que está reinventando la nación. Morena debe ser audaz y pensar más allá de las candidaturas. 

El ariete del cambio está concentrado en el gobierno federal en la 4T. Morena sólo es parte de la nación y esto lo deben de tener bien presente. El gran motor impulsor es la sociedad en su conjunto. Es la gran base social de apoyo. Por tanto, Morena debe asumir su papel, en todo este andamiaje, con el etilo y modelo que decidan. Debe acompañar el impulso del presidente y de todas las medidas que se están tomando que hoy en día se concentran en la separación del poder económico del poder político y la lucha frontal contra la corrupción. Los regidores, los diputados locales, presidentes municipales, los diputados federales, senadores y gobernadores que no quieran continuar con la 4T pueden bajarse del proyecto -están en su derecho-, las reglas del juego están trazadas y, nadie puede decir, hoy en día, que tenía una visión distinta de lo que pretendía el presidente. 

De hecho a nivel nacional y local ya se han ido los que se tienen que ir -y muchos más se irán o la sociedad los marginará-. Lilly Téllez, a nivel nacional, es una ejemplo de lo que no debe haber en Morena y a nivel local debe haber montón de políticos que se subieron en forma oportunista al carro de la 4T y ya no quieren estar y, ahora, están haciendo política asociados al PRI y PAN de sus localidades; la sociedad lo va a poner en su lugar en el momento preciso. Esa forma de hacer política está pasando a la historia. Nuevos protagonistas se están sumando y, sobre todo, la base social de apoyo social al proyecto crece cada día más. Por eso la derecha cada vez está más vacía de apoyo y más desespera en las ideas.

¿Por qué Muñoz Ledo, a sus 87 años, se ve como un párvulo? Porque él está ensimismado en su pasado, su alcoholismo y su salud precaria. El país es grande y precisa de la movilidad de sus cuadros al encuentro de los ciudadanos en sus lugares de origen. Muñoz Ledo ya no puede moverse. 

Morena es de los jóvenes. Es de Citlalli Hernández y de Gibrán Ramírez. Ellos son los que deben de tomar las riendas del partido. 

Cuando hablo de Citlalli lo hago pensando en su posición ganada legítimamente. Debe olvidarse de tatar de justificar las posturas anacrónicas de Porfirio y debe de condenar las posturas violentas de las jóvenes obradoristas. Su misión es construir, a partir de su legitimidad, los consensos para repensar la organización y tejer consensos sólidos para sacar las candidaturas para el 2021 que es lo urgente y prioritario. Debe construir una alianza política con Mario Delgado, aunque le caiga gordo, porque lo fundamental es la 4T. El proyecto de nación debe ser su articulación orgánica y política. Debe dar el salto cualitativo y plantearse un relevo generacional. Las tribus y los grupos deben ser cosa del pasado. Los arribistas, oportunistas y corruptos deben ser hechos a un lado con base en la práctica política ética y moral. La 4T demanda sacrificios.

Cuando hablo de Gibrán Ramírez (y donde hay muchos más, él sólo es un ejemplo) estoy pensando en esa generación de muchachos pensantes que no tienen militancia en otros partidos de origen que son la veta de un pensamiento nuevo para una sociedad que quiere renovarse y se está renovado. La transformación de México va mucho más allá de Morena.

La propaganda golpista que Muñoz Ledo propaló, en sí misma, le va abrir el paso a Mario Delgado en la próxima encuesta y no será  casual ni azaroso que en la dirigencia quede conformada por un político como Mario Delgado del grupo de los Moderados, identificados con Marcelo Ebrard, y una política del grupo de los Puros. Al final de cuentas la sociedad puso en posiciones de poder a dos personas que representan la composición básica de la organización política.

Para hacer política primero hay que honrar la palabra, Muñoz Ledo no lo hizo. Firmó las condiciones de la contienda y luego las desconoció. Al hacerlo se desconoce a sí mismo. Morena necesita hombres que sostengan su palabra. El ejemplo lo tienen en la Presidencia de la República.

Si Citlalli Hernández, no hace política, estará desperdiciando una oportunidad de oro. Morena ya tiene la llave para sacar de los tribunales sus procesos políticos. Morena no debe más judicializar sus procesos internos. Ese debe ser un punto de partida. Deben de hacer política mucha política. No más grillas facciosas y de tribus. Su castigo puede ser la exclusión del proceso de transformación. La sociedad sigue adelante, Morena puede quedarse a un lado o rezagarse. Ellos tienen la decisión. O se pierden  en los anacronismos golpistas y violentos o enfrenta el futuro sin miedo.

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