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Venta de esclavos en Colima

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Colima, México, Avanzada (15/09/2020).- El 11 de mayo de 1621, un esclavo negro originario de Angola y que estaba preso en la Villa de Colima fue vendido en 350 pesos de oro común, de acuerdo a una carta que se titula: “Venta de un esclavo en la Villa de Colima” y que forma parte de los documentos  que se encuentran en el Archivo Histórico del Municipio de Colima.

Además, en otro texto, Isolda Rendón Garduño documentó que en el siglo XVII, en Colima los menores de edad eran comercializados y cuando cometían un delito, eran juzgados y tratados como si los actos los hubiera cometido un adulto, incluso, eran azotados, torturados o ahorcados.

La historia retoma el caso de José, un menor que fue acusado de incendiar dos casas, azotado y desterrado, pero como regresó al lugar, fue condenado a la horca en el municipio de Coquimatlán.  

La información que de por sí es relevante, cobra especial significado este 15 y 16 de septiembre cuando en México se conmemora el “Grito de Dolores” y la lucha por la independencia de nuestro país, que estaba bajo el dominio de los españoles.

De acuerdo a la carta publicada por el Archivo Histórico de Colima, el 11 de mayo de 1621, Esteban de la Fuente, vecino de Michoacán entregó una carta poder al clérigo presbítero, Gerónimo Dávalos para que vendiera –a su nombre- a un esclavo negro, natural de Angola, llamado Manuel de aproximadamente 30 años de edad.

Según el documento, Manuel se había escapado y estaba preso en la Villa de Colima. El comprador de Manuel fue Diego Pérez de Espinosa, presbítero de la Villa de Colima, quien pagó por el esclavo, “350 pesos de oro común en reales de plata” y la transacción fue avalada por Antonio Saravia, quien era el escribano real.

Por su parte, en el texto “Los menores de Colima en el siglo XVII”, Isolda Rendón Garduño señaló que en esa época, “los menores fueron comerciados al igual que los adultos y casi a los mismos precios”.

En una parte del texto se menciona que se pagaba por un esclavo niño 300 pesos aproximadamente y por un adulto, entre 300 o 350 pesos de oro común, según su juventud y fuerza.

En cambio, “por una niña se pagaba aproximadamente 250 pesos y por una mujer adulta 300 pesos, que a veces venían con pequeños en brazos o embarazadas, lo cual no suponía un costo extra, aunque se estaba adquiriendo realmente doble beneficio, ya que el pequeño crecería e igualmente nacía esclavo, por lo que pasaría al servicio del comprador”.

El misto texto expone que la población indígena gozó de ciertos privilegios en comparación con los esclavos negros y chinos, sin embargo, de todas formas estuvieron al servicio de los españoles y en muchos casos se denunciaron maltratos en los que algunos menores se vieron involucrados. 

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