Conecte con nosotros

LOCALES

Gibrán Ramírez y Mario Delgado

Publicado

el

Compartir:

Un día de mis juventudes llegué a una casa de la colonia Portales, del antes D. F., hoy Ciudad de México, –era la escuela de cuadros del Psum-. También allí llegaron muchachos de Puebla, Nuevo León y Yucatán.  Recuerdo con fraternal cariño a Yuri Balam y a Rodolfo Ramírez. Yuri era un carismático chico de Mérida y Ramírez era un inteligente miembro de la célula Otilio Montaño de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros, todos ellos estudiosos, entusiastas, solidarios y esforzados. Tenían mística y entrega por la causa. Treinta años después supe que Gibrán era hijo de Rodolfo.

Morena se ha visto pequeño frente al reto de la Presidencia que ganó. Morena está repitiendo los errores de los anteriores partidos; por tanto, debe romper esta inercia y darse una tremenda sacudida, porque si no lo hace, los ciudadanos, junto con Morena, tenemos mucho que perder. Ciudadanos y Morena tenemos mucho que ver. La lucha contra con la corrupción no debe frenarse por errores del partido.

La disputa en Morena va estar entre dos visiones y dos cuadros distintos, con formaciones y orígenes diversos para un solo partido que requiere de ambos. Dos cuadros distintos, pero no excluyentes, sino todo lo contrario. Son complementarios y necesarios para Morena y para el país.

Gibrán es un intelectual que sabe de política y entiende lo que necesita Morena para lograr la mayoría del Congreso y, a nivel nacional, ganar la mayoría de las gubernaturas y hacer de Morena el partido de los consensos.

Mario es un operador político nato que ha negociado muy bien los asuntos en la Cámara de diputados y ha logrado aprobar lo que la 4T necesita prioritariamente. Sabe lo que es fundamental y lo que es secundario.

Morena, hacia su interior, necesita ver cómo se organizan y procesan sus diferencias. Hacia afuera, debe buscar ser un partido diferente a los tradicionales que están transitando por una profunda crisis orgánica y de planteamientos políticos que más parecen mafias organizadas que partidos políticos.

Gibrán es un joven que le puede imprimir a Morena el sentido de lo que debe ser un  partido pos pandemia: sin tribus, sin corrupción, que acote a los oportunistas y vividores.

Hasta ahora, Morena viene repitiendo los vicios del PRD, es decir, alimentar las corrientes políticas y el reparto de posiciones como si se tratara de un reparto del botín. También en Morena se arrastran los vicios que hicieron fracasar al PAN: el oportunismo político y la frivolidad. 

Un partido moderno o actualizado o pospandemia debe redefinir en forma muy explícita en documentos y en su práctica política, a toda velocidad, sus relaciones con los sindicatos, con las organizaciones no gubernamentales y con los ciudadanos. Las actuales relaciones no son claras por la velocidad del gobierno de la Cuarta Transformación. Lo único claro es que Morena debe tener una vida propia, orgánica y considerar a los ciudadanos que simpatizamos con ella ¿Cómo hacerlo? Ese es un problema que ellos deben resolver para tener vida exitosa y le den fuerza a la Presidencia y a todo el gobierno democrático.

Morena tiene también enfrente la difícil tarea de buscar los consensos internos para procesar las candidaturas, sobre todo, si  éstas van a ser candidaturas ganadoras. Prácticamente todas van a ser ganadoras y, en muchos casos, los mecanismos previos a las elecciones constitucionales serán casi, en los hechos, los futuros dirigentes del país. Ahí está su complejidad y su reto.

Mario es un hombre que sabe construir consensos, que bien podría diseñar los mecanismos de operar y de trabajar las candidaturas para que éstas estén más cercanas a disputas de programas, proyectos y esquemas de soluciones para los problemas del país y no la búsqueda vulgar del poder por el poder. Que se colarán algunos, es cierto, pero la criba debe ser fina. Y un excelente operador político es Mario Delgado.

Estamos viviendo la coyuntura más importante en cuanto a las definiciones políticas de nuestro país. No debe haber espacio para la pequeñez política. Ninguna corriente de opinión, grupo de presión o cabilderos de palacio, debe obstaculizar el desarrollo de Morena, porque de hacerlo, estaría frenando el más formidable proyecto de cambio que la sociedad está impulsado actualmente.

Gibrán es un muchacho que encarna una visión del México actual que va mucho más allá de los grupos o tribus y tiene la capacidad para imaginar un partido con las características que la sociedad actual demanda. Sin prejuicios, sin atavismos, se trata de ver para adelante. Eso es lo que le aporta Gibrán a Morena. Él forma parte de esa nueva camada de políticos que se formaron con una visión entregada a la causa. No a la búsqueda del puesto.

Mario es el político que necesita el partido para mantener la unidad, con base en acuerdos políticos éticos, pues Morena, contiene una diversidad, tan amplia, que no es nada fácil lograrlo. Se requiere talento, experiencia y voluntad política para hacerlo. Mario tiene esas cualidades y lo está demostrando en la Cámara de diputados, tiene credenciales que lo acreditan. No muchos tienen sus credenciales y sus habilidades acreditadas.

Gibrán y Mario dos cuados distintos para un  partido complejo. 

Para mí, la solución es sencilla. Gibrán sería un buen presidente de Morena para que defina al partido programática y orgánicamente necesario. Mario sería un formidable secretario general para que haga todo el proceso de acuerdos políticos que se requieran. Si en esta elección-encuesta lo resuelven bien, habrá Morena para rato. Fracasar no es opción. O podría invertirse la formula, Mario presidente y Gibrán secretario, y cada cual dedicarse –con base en un acuerdo político- a lo que mejor sabe hacer, porque lo importante debe ser el partido.

Morena debe recuperarse como partido y dejar de ser rehén del Instituto Nacional Electoral y del Tribunal Electoral  del Poder Judicial de la Federación, independizarse de estos órganos es indispensable y vital, porque estos organismos -en el ajedrez político- están jugando su juego y mientras Morena este llevando sus conflictos a esos terrenos es anularse por voluntad propia. Morena no debe seguir judicializando sus procesos políticos. Estos organismos están apoyando a la derecha y mantener fuera de la jugada a Morena es su apuesta mayor.

Morena no debe burocratizar sus problemas en el INE ni judicializarlos en el Tribunal. Eso es perder un tiempo precioso.

No se trata que le pidan al INE que saque sus manos de su partido, se trata de construir un proyecto programático que pongan en acción; de acompañar al presidente de la República para que, conjuntamente, se amplíe la base social para impulsar el proyecto transformador llamado revolución ciudadana, mejor conocido como Cuarta Transformación; además iniciar una campaña formidable de formación de cuadros para que, con base en su práctica política, expulsen literalmente con la inercia a los inmorales y oportunistas que en todas partes los hay. Estos tres puntos deben ser hilvanados, en forma transversal, por un trabajo político que construya una hegemonía a través de los consensos.

Morena no les pertenece sólo a los militantes, por eso tienen que actuar con mucha responsabilidad, sin miedos, pues los oportunistas y traidores, se apartarán con la actuación ética y moral de la mayoría. Los oportunistas y corruptos solos se estigmatizan y la sociedad abierta los pondrá en su lugar como ya está sucediendo.

Gibrán y Mario son muy distintos, son el anverso y el reverso de una misma moneda, son contrarios mas no enemigos, son competidores mas no excluyentes. Las luchas de tribus y facciones deben quedar en el pasado. Insistir en esas luchas es revivir la experiencia fallida del PRD.

Morena va a ganar, si recupera la mística y el espíritu de entrega, que la convierta en una organización autónoma y bien organizada fuera de las esferas del INE y el TEPJF.

Gibrán y Delgado son la opción política, por tanto, ellos deben llegar a acuerdos políticos y los militantes y simpatizantes ponderar quien va en cada espacio. La derecha está derrotada, pero su derrota no es para siempre. La izquierda debe demostrar que es superior política, humana y moralmente.

Gibrán me recuerda mi época de entrega y sacrificio al partido y sus mejores causas que en algún momento de la construcción del PRD se perdieron. Delgado mueve la necesidad de operar políticamente con eficiencia y con valores una política de izquierda, aunque a muchos no les guste su éxito. 

Yeidckol Polevnsky no es opción porque ya quemó sus tiempos.

Muñoz Ledo está hablando para la historia. Él ya tiene un espacio garantizado en ella.

Compartir:

Universidad de Colima

CONGRESO DEL ESTADO

AYUNTAMIENTO DE MANZANILLO

SAINZ AGENCIA DE PUBLICIDAD

AGREGADOS EL SEIS

RINCON DEL MAR

Anuncios

Más leidas

Copyright © Diario Avanzada.