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A MIS AMIGOS LES ADEUDO MI TRISTEZA
Canción de trova para tomar Vodka…

Ramiro Cisneros García*

Hace ya como cuarenta años o quizá un poco más, dos amigos con unos tragos de “Vodka tonic” embotándoles el cerebro y como consecuencia los sentidos incluyendo el común, se declararon de izquierda pero no ateos. Eso jamás. Nunca. Y es que, su devoción a la Virgen de la Candelaria estaba fuera de toda duda. Pudieron haberse declarado ateos, pero la virgen, dijeron, es otra cosa y a ella no se le puede hacer a un lado; sería tanto como negar la existencia de la maternidad de las mujeres y de María, la Madre de Dios. Al mismo tiempo de su declaración de izquierda, hecha con euforia, derramaban emocionados sobre su camisa pero de manera involuntaria, la bebida, en ese tiempo, ya dijimos, de moda entre los aspirantes a intelectuales. Ser de izquierda, todos lo saben, era una chulada pues no cualquiera podía darse ese lujo pero como moda era pasajera. Una calentura, aunque algunos nacieron y han vivido con ese bello estigma por cierto no tan vergonzante como robar. “Vergüenza es robar y que te hallen,” se decía. Los que andábamos en la bohemia esa noche, éramos, fervientes admiradores de Julio Scherer, Daniel Cosio Villegas, Manuel Buendía y su Red Privada, aquella en la que escribió diciendo: “sí parece pato, camina como pato, tiene patas y pico de pato y hace cua, cua lo más seguro es que se trata de un pato”. También estaban Enrique Maza, Sacerdote Jesuita, Vicente Leñero y muchos más que ya no están con nosotros y la falta que hacen en estos tiempos.

En esos tiempos, redundando, la ciudad de Colima era tranquila, apacible y se podía caminar por sus calles a las más altas horas de la madrugada sin más riesgo que un tropezón o ya con muy mala suerte ser atropellado por la camioneta Chevrolet del Padre Elías de la Mora aquel buen sacerdote que tenía una sotana que volaba, iba a decir, por los aires. Sin embargo era poco probable porque el caminaba más por los rumbos del Trapiche y San Joaquín. Nuestros recorridos eran por la Calzada Galván Sur. Todo cambia para bien o para mal y apreciábamos las noches de viernes o sábado. Tenía en ese tiempo buenos amigos y en ocasiones conversaciones largas y profundas…ya saben, la injusticia y el pecado social; las estructuras de pecado, la estrategia y la táctica; las dictaduras en América Latina; Los veinte poemas de amor y la canción desesperada; La incitación al Nixonicidio de Pablo Neruda; Los poemas d Mario Benedetti; Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano…Salvador Allende, Augusto Pinochet, Jorge Rafael Videla, Anastacio Somoza, Ernesto Cardenal y su Evangelio en Solentiname y el Cristo que nació en Palacagüina de Chepe Pavón y una tal María, esa que iba a planchar muy alegremente la ropa que gozaba la mujer hermosa del terrateniente. Se trataba de la muy querida burguesía agraria, esa que ya no sabemos con qué se come aquí en Colima. Medio sabemos de otras burguesías que siguen gozando de su discreto encanto y no caminan por las mismas banquetas y calles que nosotros. Sigue siendo cierto eso de los niveles.

Mis amigos, en su declaración de amor por la izquierda, nunca dijeron si pertenecían a una izquierda moderada o radical e intransigente aunque la verdad sea dicha, éramos más papistas que el papa. Todavía no sé ni he averiguado si hay una izquierda bohemia como aquella de las “peñas” espacios donde se iba a escuchar música a conversar y a tomar café para lo cual era necesario elegir la ropa para no desentonar. El café se tomaba de preferencia en jarro. Bueno pues, si hay una izquierda bohemia a esa pertenecíamos y por tanto éramos totalmente inofensivos pero eso tenía a su favor que no nos sintiéramos perseguidos ni acosados por la burguesía y su discreto encanto como alguna vez lo señaló don Luís Buñuel en una de sus célebres películas. Se trataba únicamente de vivir repegados y apretados contra una moda. Algunos traían el pelo largo y otros una boina calada al estilo del Che como dice Joaquín Sabina. Así lo marcaba la época y estar fuera era ser un cero a la izquierda. Habrá por supuesto, descripciones más aceptables pero no se trata de ser exhaustivo ni de aludir a nadie.

En esos mismos tiempos, uno de mis mejores amigos, era un cura que ya rallaba fácilmente más de sesenta años y que tenía fama de pedante y prepotente y que por lo mismo, vivía en un mundo irreal y en medio y acosado por la soledad que desquicia. Con base en convencerlo de que era una persona y no un personaje poco fue aceptando que de permanecer en su cerrazón iba a encaminarse con más fuerza a la soledad, a la infelicidad, al autoengaño y a la amargura. En esa amargura obstinada vivió varios años de su vida, sin embargo, comenzó a ser cobijado por la amistad y los ataques cariñosos de quienes vivíamos en la misma casa que él. No era un hueso fácil de roer hasta que el cariño nuestro y de varios jóvenes venció todas las resistencias que tenía a ser feliz. Seguramente les o nos pasa a muchas personas más. No toleraba ni el más leve roce con la piel de otros varones porque lo sentía como una ofensa o un atentado a su virilidad. Le decíamos que era ”el macho puro” y solamente sonreía… Poco a poco su actitud fue cambiando hasta que se convirtió en un ser mortal común y corriente; era muy accesible y sentirse persona le iluminó el rostro, el corazón y el alma. Se puede decir que era otro porque era un hombre generoso, optimista. El vinagre por obra y gracia del amor se había convertido en agua fresca y transparente. Se llamaba, José Moreno Cuevas pero para darle “carrilla”, le decíamos “monseñor”. Descansa en paz, extraordinario amigo que lograste vencer la amargura

Todas y todos buscamos vivir mejor, sentirnos mejor y en ocasiones ofrecerle nuestra mano a alguien. Todos necesitamos reír y que se rían de nosotros; cantar alguna canción aunque desafinemos; apostar a que todo puede ser mejor si le buscamos y encontramos sentido a lo que hacemos y a lo que no hacemos. Todos tenemos el legítimo derecho de un día cualquiera levantarnos tarde porque nos da la gana o a no dormir porque de pronto nos asaltan los recuerdos de viajes que no hicimos, de amores que no tuvimos y de libros que no leímos. Recuerdo con alguna tristeza que siempre tuve el deseo de leer un libro que un compañero estaba leyendo y del cual yo solamente me aprendí el título: Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno. También tenemos recuerdos de una camisa o blusa que nos gustó, de un pantalón verde oscuro que nos quedaba mal por no ser de nuestra talla; de unos zapatos que nos apretaban los pies hasta que doloridos, cansados o ampollados, los regalábamos al mejor postor casi siempre más pobre y jodido que nosotros. Los había y no eran pocos.

Hace algunos años, no muchos, caminaba por el Centro Histórico​ de la ciudad de Colima y llegué al Jardín Libertad y en uno de los corredores o portales, dormía una mujer; de la reja de una ventana colgaban unos cambios de ropa y unas bolsas negras de plástico. También estaba una bata. Unos días después regresé al mismo lugar y allí estaba la misma mujer pero, esa vez se bañaba a jicarazos en una fuente. Traía puesta la bata y se veía que disfrutaba el baño mientras algunos de los pasantes movían la cabeza en señal de desaprobación; otros, de plano volteaban la cara hacia cualquier lado que ella no estuviera, contrariados. Hasta donde hemos llegado. A esa joven mujer, la había conocido en la cárcel en la que purgó al menos dos sentencias. Allí en la cárcel estaba también su pareja quien la esperaba cada que regresara porque la condena de él era muy larga. Presumía de ser un experto en artes marciales y decía ser creador de movimientos imprevisibles e indescifrables para sus oponentes. Llegó incluso a decir que él tenía la clave para vencer a Manny Pacquiao y me insistía en que le consiguiera una pelea con el filipino. Guardó un largo silencio cuando le dije que Juan Manuel Márquez lo había noqueado y luego dijo que era ese el golpe secreto según me mostró allí mismo en mi oficina convertida momentáneamente en un ring para el boxeo.

Con respecto a la mujer a quien me he referido, tengo la certeza de que mientras vivía en libertad nunca tuvo la oportunidad de gustar y paladear una comida caliente y menos, esperar que su madre le cocinara el guisado de sus preferencias. No supo tampoco de una bienvenida cálida cuando le anunciaban que ya era libre. Nunca nadie la espero en la calle a la salida del penal. Salía y ya. Nunca nadie fue a visitarla ni preguntó por ella. Dos hermanos de ella estaban también en la cárcel y cada semana compartían un refresco de cola en un lugar especial. Eran hermanos, no había ninguna duda. Ellos, igual que ella no esperaron nunca la visita semanal, mensual…Entonces, su destino, sin dudarlo era la calle. La calle era también su hogar y el de sus hermanos solo unos días porque siempre vivieron en la cárcel. Cuando la vi la última vez, pensé en mi madre quien a cada uno de sus hijos, cuando sabía que íbamos a ir, nos esperaba con la comida que ella siempre supo que nos gustaba. La preparaba con mucho amor. Lo recuerdo como uno de los mil nobles gestos de mi madre, de nuestras madres.

Tengo recuerdos cálidos de mis amigos a quienes el Vodka Tonic los hizo decir que eran de la izquierda supongo que hegeliana a cuyos integrantes Carlos Marx llamaba: “Mamarrachos Berlineses, preñados de revolución mundial”. A estos amigos míos les daba por reír porque la vida, su vida, no tenía seriedad ni formalidad. Mi gran amigo el viejo que de personaje que era se convirtió en persona, ya murió pero creo que los últimos años fue feliz. La mujer que tuvo por vivienda la cárcel y la calle se acomodó un montoncito de trapos viejos para dormir pero nunca tuvo como almohada la esperanza y quizá, como “Callejero”, aquel perro de una canción que interpreta Alberto Cortez: “se quedó dormida y ya no despertó”

Nota final: Seguramente mi amiga Celina Oseguera Parra la está pasando mal y no porque sea responsable de lo que se le imputa sino porque es inocente lo que hace más dolorosa la terrible y absurda circunstancia que vive. ¿Circunstancia? Sin embargo, a diferencia de la pobre mujer de la que hable en el texto, a Celina la estaremos esperando con los brazos y el corazón abiertos. Ánimo amiga, ya casi se van, ya fueron repudiados por la sociedad.

* Asesor en la Escuela de Trabajo Social “Vasco de Quiroga”

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